ANÁLISIS

Europa y EE.UU. se enfrentan a cara de perro por sus intercambios comerciales

La ba­lanza co­mer­cial es fa­vo­rable a los eu­ro­peos, y la de ne­go­cios y ser­vi­cios a los nor­te­ame­ri­canos

Economía en EEUU
Economía en EEUU

Robert Lighthizer, re­pre­sen­tante para Asuntos de Comercio del pre­si­dente Trump, se re­unirá el pró­ximo día 10 en Bruselas, con la co­mi­saria de Comercio de la Unión, Cecilia Malmström, en mo­mentos en que las ci­fras de los in­ter­cam­bios nor­te­ame­ri­canos con el resto del mundo in­dican un cre­ci­miento de sus dé­fi­cits co­mer­ciales

,Esta creciente situación no hace más que espolear las pretensiones de Trump, de eliminar los más voluminosos, como son los de su comercio con China y con la Unión Europea. El déficit con la UE alcanzó los $17.600 millones en los cinco primeros meses del año, con un incremento del 50% durante periodo, según las últimas estadísticas del departamento de Comercio. El incremento de la sed de compras por parte del público americano, en una situación de expansión económica, es la explicación.

La postura de Trump con Europa no será probablemente tan dura como la que prepara frente a China. Actualmente se está examinando las posibilidades de poner o modificar tarifas a bienes de ese país, sobre productos que actualmente suman $200.000 millones.

El principio de acuerdo alcanzado en la visita del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker a Washington, el pasado 25 de julio, no incluyó la agricultura y se concentró en bienes manufacturados, por lo que solo se puede estimar como un borrador debido al énfasis que Trump ha puesto en las últimas semanas en la necesidad de que Europa compense de alguna forma sus superávits comerciales, señalando a las exportaciones agrícolas de los Estados Unidos, que él considera limitadas por la política proteccionista de la UE en ese sector, debido a los fuertes intereses de Francia, España, Italia y en general la mayoría de países de la Unión. El presidente Macron advirtió el 26 de julio pasado que la agricultura debía mantenerse al margen de un posible acuerdo.

Como punto de presión sobre Europa, Trmp ha venido usando el ejemplo del gran superávit europeo en sus exportaciones de automóviles. Pero dado el hecho de que esas exportaciones son principalmente alemanas y en menor medida británicas, cualquier cesión de Trump en ese sector sólo será posible si Berlín presiona a los países ‘más agrícolas’ de la Unión para que aflojen ese proteccionismo sectorial, lo cual no le será fácil conseguir. En todo caso, Juncker hizo en Washington una vaga promesa de comprar más soja norteamericana, que en principio en nade obliga a Europa.

Lighthizer ya dijo inmediatamente después de la visita de Juncker que hubo un entendimiento para introducir el tema de la agricultura en las próximas negociaciones, cosa que, por otra parte, no corresponde decidir a Juncker sino a la Comisión. Otra pretensión europea es la eliminación o restricción a la resolución ‘Buy American’, que afecta a los concursos públicos para servicios y suministros en los Estados Unidos.

Las quejas de Europa contra EE.UU. se encuadran en un marco mucho más amplio que el de la balanza comercial, que es lo único que ve Trump, al menos en estos momentos de su gran campaña contra los bloques y acuerdos comerciales. Cuando Trump señala que los Estados Unidos tienen un déficit con Europa de $153.000 millones, pasa por alto el superávit que las empresas de su país obtienen con sus servicios en Europa y los beneficios empresariales, lo que en total asciende a $157.000 millones.

La perspectiva alemana es importante no solo por el capítulo comercial. El 21 de agosto pasado, el ministro de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, llamó a una revisión a fondo de las relaciones de Europa con los Estados Unidos cuando propuso la creación de un Fondo Monetario Europeo y el traslado de su sistema de pagos internacionales al sistema europeo de SWIFT. Esta pretensión, que ha encontrado un moderado respaldo por parte de la canciller Merkel, tiene su origen en el régimen de sanciones que Trump aplica a los fabricantes y servicios europeos por no unirse a las sanciones que va a imponer en pocos días a quienes comercien con, e inviertan en, Irán a raíz de su denuncia del tratado para la limitación del desarrollo nuclear iraní.

Poco después del anuncio de la reimposición de sanciones, el ministro francés de Economía llamó a que Europa reclamase su soberanía”. Parte de esa soberanía puede ‘leerse’ en la decisión europea de imponer multas a las compañías que rompan con Irán por temor a las sanciones norteamericanas.

La negociación ‘al estilo menudeo’ que se ha impuesto entre Washington y Bruselas llena a muchos de nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue: la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones, puesta en el congelador poco antes de que Trump asumiese la presidencia, aunque éste tampoco ha dicho que las negociaciones para alcanzarlo nunca se van a celebrar.

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