OPINIÓN

Quim Torra: objetivos utópicos sin fechas

Insiste en el re­fe­réndum de au­to­de­ter­mi­na­ción y el Gobierno ofrece re­frendar un nuevo Estatut

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

Ante las mo­vi­li­za­ciones po­pu­lares pre­vistas para la Diada del 11 de sep­tiembre y el aniver­sario del 1-O, Quim Torra, pre­si­dent de la Generalitat de Cataluña, no se ha mo­vido ni un mi­lí­metro de su ob­je­tivo de pro­poner un re­fe­réndum de au­to­der­mi­na­ción en Cataluña. Pero si ha dado un im­por­tante giro. Lo pide pac­tado, vin­cu­lante y con re­co­no­ci­miento in­ter­na­cio­nal; es de­cir, bas­tante utó­pico y, sobre todo, sin fijar una fecha lí­mite. Pretensiones a las que el go­bierno del pre­si­dente Pedro Sánchez re­cuerda, por vía de su por­ta­voz, que sólo puede haber con­sulta sobre un fu­turo Estatut. Y, ade­más, re­cuerda, cara al juicio de los po­lí­ticos en­car­ce­la­dos, habrá que acatar la sen­tencia quer los Tribunales de­ci­dan.

Torra parece dispuesto a jugarlo todo a las movilizaciones ciudadanas –en plena batalla por la colocación, o retirada, de lazos amarillos– que vivirá Cataluña en ese político “otoño caliente”.

Sin embargo, se alude contínuamente a la necesidad de un diálogo que, al margen de las grandilocuencias, ya se está realizando discretamente a nivel de comisiones bilaterales. Todo con vista a revocar algunas de las sentencias del Tribunal Constitucional contra leyes aprobadas en su día por el Parlament de Catalunya y, sobre todo, mejorar en planos concretos como inversiones en infraestructuras, mejoras sanitarias o, incluso, el secreto mejor guardado que podría encaminarse a un sistema de financiación al estilo del aplicado en el País Vasco y Navarra.

En el discurso de Torra, en la gran sala del Teatre Nacional, estaban presentes todos los partidos políticos pro indenpendistas y, además, representantes del PSC. Una prueba más que algo se está moviendo entre bambalinas para encarar el problema. No acudieron, como es lógico, ni Ciudadanos, ni el PP.

Pero si se notó la ausencia de los Comunes –que siempre se han declarados partidarios de un referéndum– en un día en que uno de sus líderes más carismáticos, el historiador Xavier Domènech, presentó la dimisión de todos sus cargos, aludiendo a compromisos familiares. A nadie escapa que es una considerable pérdida para Podemos en Cataluña, en momentos electorales, donde la gran lucha será por la alcaldía de Barcelona, ahora dirigida por Ada Colau.

De la retórica de Quim Torra se desprende la larga mano del ex president Carles Puigdemont que, cuando menos, intenta marcar la agenda desde su residencia en Bélgica. Resulta curioso que la nueva generación de la antigua Convergència son ahora quienes lideran la corriente pro independentista y republicana. Incluso en contraposición a quienes siempre lo habían defendido, como Esquerra Republicana, que, a través de cartas de Oriol Junqueras en la prensa, se muestran más partidarios del pragmatismo político –aquí nadie olvida la aplicación del artículo 155 – e inclinados a llegar a acuerdos.

Acuerdos que pueden empezar a vislumbrarse cuando, una vez calmadas las manifestaciones populares del 11-S y 1-O, se reúnan en el Palau de la Generalitat el presidente del gobierno Pedro Sánchez y el president Quim Torra. Ambos con ánimo de hallar soluciones políticas, sin olvidar las elecciones venideras.

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