OPINIÓN

Manuel Valls, candidato y ciudadano en Barcelona

El ex primer mi­nistro francés irrumpe en la pre­cam­paña en la que, po­lí­ti­ca­mente, ar­derá Barcelona

Manuel Valls
Manuel Valls

La ciudad de Barcelona es el hogar per­ma­nente de unos 200.000 ciu­da­danos que la han ele­gido para vi­vir, tra­bajar o dis­fru­tar. El úl­timo en llegar es el ex primer mi­nistro de Francia, Manuel Valls, con la par­ti­cu­la­ridad de que, según dijo, “quiero ser el pró­ximo al­calde de Barcelona”. Así, sin más. Y, avanza que, lo logre o no, “me que­daré a vivir en Barcelona”, la ciudad donde na­ció, antes de que su pa­dre, ar­tista pin­tor, se tras­la­dase a vivir a París, donde el joven Valls se na­cio­na­lizó y bregó en la po­lí­tica, desde al­calde en Évry, en la pe­ri­feria pa­ri­sina, hasta primer mi­nis­tro.

La candidatura de Valls a la alcaldía de la capital catalana rompe esquemas en muchos sentidos. Primero porque da una dimensión europea a gran escala en la batalla por gobernar la ciudad –no hay que olvidar que los ciudadanos comunitarios empadronados ya tienen derecho a voto– al tratarse de un ex primer ministro y diputado francés, cargo del que dimitirá. Pero, sobre todo, irrumpe en un escenario electoral municipal, que además coincidirá con elecciones al Parlamento Europeo, el 25 de mayo de 2019.

Manual Valls promete “una candidatura transversal”, cara a los electores no soberanistas –aunque no asistió ningún líder de Ciudadanos a la presentación de su candidatura– mientras todos los partidos políticos lo miran de reojo. Desde sus aliados ideológicos de Ciudadanos, con quienes participó en varios actos públicos en el pasado, hasta sus ex compañeros de filas socialistas del PSC. Ninguna de estas dos formaciones ha expresado entusiasmo por una candidatura que les puede restar votos, pero que adherirse a ella tampoco es garantía de éxito.

Ni que decir que entre los partidos pro independistas tampoco cae bien la opción de Manuel Valls, porque no deja de ser una incógnita. ¿Con que apoyos contará? ¿Quién financiará su campaña, sin un partido detrás? ¿Será bien recibido un líder con pasado brillante, en Francia, pero que vive ahora sus horas más bajas en el país galo?

“Le doy la bienvenida, pero le deseo que pierda”, expresó el president de la Generalitat, Quim Torra, enfrascado en la presentación de su programa de gobierno destinado, según él, a crear una República Catalana, eso sí, vía referéndum acordado, cuya gran prueba de fuego electoral serán, precisamente, las municipales en Barcelona. Siempre y cuando no haya adelanto en autonómicas, aunque Torra se mostró convencido que sacará adelante los presupuestos, buscando apoyo en la CUP y en los Comunes.

Manuel Valls no deja de ser, en cualquier caso, una piedra en el zapato para el resto de candidatos. Algunos de ellos con buena tradición en gestión y apellido, como es el caso de Ernest Maragall, actual Conseller d´Exteriors, que dejará el gobierno catalán para ser candidato de ERC. Lo cual indica que, en las filas proindependitas, no habrá candidatura conjunta. Al contrario, en muchos municipios, y Barcelona no será una excepción, hay división entre candidatos del PDECat –con Neus Munté para Barcelona – y otros más afines a las líneas marcadas por el ex president Carles Puigdemont – que saca libro – desde Waterloo.

Es el caso, en Barcelona, de Jordi Graupera, un filósofo formado en EE.UU. que promueve primarias, y por tanto es candidato, entre las filas del PDCat y, digamos, el Puigdemontismo.

Barcelona en las municipales será la gran pugna entre soberanistas, federalistas y unionistas, sin que, hoy por hoy, quede muy claro que puede aportar Manuel Valls. Como buen político pragmático, Valls, cuya hermana y familia viven en Barcelona, ya ha anunciado que se quedará a vivir aquí porque dijo, en un catalán perfecto a lo largo de todo su discurso, que “estimo Barcelona”. No en vano nació en la ciudad, en el barrio de Horta, y es un forofo del Barça. En definitiva, un ciudadano comunitario más que elige la ciudad mediterránea para vivir y que, además, aspira a gobernar. Benvigut!

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