Monitor del Seguro

El su­per­visor des­carta ali­gerar las cargas de ca­pital de estas in­ver­siones

Bonos verdes para dar color a la cartera

La ex­po­si­ción del se­guro eu­ropeo a estos ac­tivos es de en torno al 0,2% del total

Energías renovables
Energías renovables

La so­ciedad está in­mersa en un pro­ceso de transición hacia una eco­nomía baja en car­bón. Este giro gra­dual re­quiere in­ver­siones a gran es­cala ali­neadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Para ha­cernos una idea, New Climate Economy cal­cula que se re­quiere una in­ver­sión acu­mu­lada de 93 bi­llones de dó­lares para 2030. Y estas in­gentes in­ver­siones re­quieren nuevos ins­tru­men­tos.

Uno de ellos son los bonos verdes. Según los últimos datos revisados al alza recientemente por Initiative Climate Bonds, en 2017 el volumen de estas emisiones alcanzó la cifra record de 160.800 millones de dólares. En el primer trimestre de este año ya se han emitido 25.800 millones, y Moody’s cree que el crecimiento se acelerará hasta alcanzar a final del ejercicio unos 250.000 millones.

La diferencia clave frente a otros bonos es que se destinan a financiar proyectos ambientales o relacionados con el cambio climático, y para obtener la etiqueta de verde que así lo acredita los fondos se tienen que destinar a energías renovables, eficiencia energética, prevención de la contaminación, gestión sostenible de los recursos naturales, conservación de la biodiversidad terrestre y acuática, transporte limpio, gestión sostenible del agua…

Como se aprecia el universo es amplio. Estos bonos cubren un significativo rango de sectores: construcción e industria, transporte, agua, residuos, agricultura, tecnología… La dispersión geográfica también es muy grande, siendo Europa Occidental la región más importante en términos de bonos verdes etiquetados con el 40% del total de las emisiones. Estos títulos los colocan empresas, gobiernos, municipios, bancos de desarrollo multilaterales, instituciones financieras…, y la mayoría tiene grado de inversión. El plazo promedio de estos bonos es de entre 5 y 10 años. Conclusión: hay un gran y atractivo muestrario de opciones, ideal para diversificar una cartera y para alimentarla en un contexto de bajos tipos de interés.

Y aquí es donde entra en juega el sector asegurador, uno de los inversores institucionales más relevantes del mercado, y también una de las industrias clave en el entramado de un sistema financiero sostenible, ya que, además de su papel en la adaptación y mitigación del cambio climático, está expuesta a sus efectos por su impacto sobre los riesgos asegurados. No hay más que ver la evolución de las pérdidas por catástrofes naturales.

Según reconoce Eiopa en su último Informe de Estabilidad Financiera correspondiente a junio, las aseguradoras están cambiando de forma gradual su cartera de inversiones hacia los activos verdes. Un ejemplo reciente. Grupo Zurich anunció en junio que ha invertido 150 millones de euros en bonos verdes emitidos por Iberdrola. La compañía tiene previsto aumentar estas inversiones hasta los 5.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo, varias aseguradoras han optado por dejar de financiar a empresas que obtienen una parte importante de sus ingresos de energías no limpias. Esto es lo que ha hecho, por ejemplo, Generali, que en su estrategia de lucha contra el cambio climático incluye aumentar su exposición a negocios ecológicos y desprenderse de las empresas relacionadas con el carbón. Lo mismo hace AXA, que se ha comprometido a alcanzar los 12.000 millones de euros en inversiones verdes en 2020 al tiempo que se ha deshecho de 500 millones de la industria del carbón. Pero, además, la compañía ha restringido su política de suscripción: no asegura ya ninguna planta de energía a base de carbón, ni de extracción de sales bituminosas, ni de oleoductos asociados. Allianz ha anunciado que en el futuro adaptará el modelo de negocio al objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los 2 grados centígrados, lo que se convertirá en un criterio decisivo para la selección de las inversiones de la cartera.

De que estos activos verdes son una prometedora alternativa de inversión da fe el propio supervisor español. El director general de Seguros y Fondos de Pensiones, Sergio Álvarez, comentaba en la presentación de un manual sobre el seguro como inversor institucional que en el futuro los activos que tienen una responsabilidad medioambiental valdrán más y los de las entidades basadas en la economía del carbón menos. No obstante, tampoco hay que tener prisa por llegar el primero a este mercado. Hay todavía muchas incertidumbres que despejar.

Eiopa advierte que el rápido aumento de estos activos conlleva un riesgo de burbuja, ya que en la medida en que los inversores trasladan sus fondos a activos verdes estos pueden sobrevalorarse. Y, además, alerta de que la falta de claros estándares y definiciones para las finanzas verdes (aunque se han hecho progresos) hace que ciertas inversiones puedan presentarse como verdes, cuando no lo son, es lo que se conoce como ‘greenwashing’, lo que conlleva potenciales riesgos reputacionales para los inversores en estos activos.

Hay un mensaje más claro para las compañías: “Es importante que las aseguradoras gestionen estos riesgos de forma apropiada y que los requerimientos de capital los reflejen de forma adecuada con el objetivo de cubrir pérdidas inesperadas en todo momento. Por tanto es imperativo que los principios basados en riesgo de los estándares de capital se mantengan intactos, también para las inversiones con impacto positivo en el medioambiente y la sociedad”. Es decir, que si alguna aseguradora está esperando para tomar posiciones en activos verdes un tratamiento más amable de los requisitos de capital, el asunto va para largo. El supervisor no ve viable una reducción de los requerimientos para estas inversiones. No, al menos, hasta que las calibraciones de los datos muestren que implican de forma consistente menores riesgos. Por ahora esos potenciales peligros están controlados. Eiopa estima que solo en torno al 0,2% de la cartera de las aseguradoras está expuesta a estos instrumentos.

De momento, la actividad del sector asegurador en este mercado se limita a su papel de inversor. Pocas se animan a emitir. La primera colocación de bonos verdes realizada en el mundo por una aseguradora de Vida se anunció en noviembre de 2017, no hace ni un año. La protagonista fue la canadiense Manulife Financial. No obstante, se han hecho otras cosas interesantes. En febrero, Mapfre anunció la transformación de su línea de crédito sindicado de 1.000 millones en un préstamo sostenible, convirtiéndose en la primera aseguradora del mundo que realiza una operación de este tipo.

Tampoco está de más destacar que todas las compañías europeas mencionadas forman parte del Dow Jones Sustainability World, algunas como Generali y Mapfre se acaban de incorporar en la última revisión del índice anunciada hace unos días.

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