ANÁLISIS

Teka quiere resucitar Fagor

La em­presa cán­tabra arrastra una deuda de 190 mi­llones

Sede de Fagor
Sede de Fagor

El hombre es el único animal que tro­pieza dos veces en la misma pie­dra, pero puede que tres, no. El fa­bri­cante de elec­tro­do­més­ticos Teka se ha reunido con re­pre­sen­tantes de la atri­bu­lada y casi ex­tinta Fagor para ha­cerse con la marca, an­tigua líder del sector de línea blanca en España. Sería el tercer in­tento de re­flo­ta­miento de una en­seña que ha que­brado es­tre­pi­to­sa­mente dos veces en sólo cuatro años.

Hace unas semanas una delegación de Teka encabezada por su actual CEO, Stefan Hotzel, acudió al País Vasco a interesarse por la marca Fagor, tras la ruinosa experiencia vivida por el grupo catalán CNA entre 2014 y 2017. Fuentes representativas de TeKa confirmaron los contactos y señalaron que forman parte del proceso general que vive el sector.

Los representantes de Teka incluso habrían barajado una cifra en torno a los tres millones euros por hacerse con el uso de la marca FAGOR, aunque, de momento, no se ha concretado operación alguna.

En la feria tecnológica y de electrodomésticos IFA, recientemente celebrada en Berlín, el rumor de la posible adquisición fue uno de los temas de conversación de más de un fabricante algo extrañado por la dificultad para encajar la rentabilidad de la operación

Resulta económicamente paradójico el interés de TEKA cuando la empresa con sede en Santander arrastra una deuda de aproximadamente 190 millones de euros cuyos vencimientos financieros está afrontando, en gran medida, gracias a la venta de activos inmobiliarios, entre ellos su almacén central en Alcalá de Henares o la venta de las delegaciones que ha ido cerrando en España desde 2017.

De hecho, en 2019 se verá obligada a renegociar, por tercera vez, su deuda con el consorcio de bancos liderado por BBVA y Santander ante la enorme dificultad que tendrá para hacer frente al pago de más de 50 millones de euros el próximo año.

Cualquier compra que haga Teka tendría que contar con el visto bueno de los bancos más proclives a recuperar sus préstamos que a autorizar nuevas aventuras de incierto futuro.

Aunque las ventas en España han mejorado algo en este ejercicio, Teka vive en un permanente equilibrio en la cuerda. Su cuenta de resultados depende en exceso de los electrodomésticos que comercializa, frío y lavado esencialmente, mientras que sus productos fabricados, campanas, hornos y vitrocerámicas, apenas son capaces, por si solos, de aguantar la tensión del mercado.

Además, sus numerosas filiales, excepto contadas excepciones, registran mayoritariamente facturaciones inferiores a los diez millones de euros que apenas dejan margen para muchas alegrías. Para colmo, la insistencia del CEO de TEKA Stefan Hoetzl y del Consejo de Administración por mantener la marca de gama alta Küpperbusch en el mercado europeo se traduce en pérdidas anuales, hasta el punto de no haber registrado beneficio todos los ejercicios desde su adquisición hace más de 15 años.

Fagor vivió su primer hundimiento en octubre de 2013 al no poder soportar una deuda de mil millones de euros. Dejó a miles de comerciantes desamparados con productos y deudas, muchas de las cuales nunca se han logrado enjuagar.

Tras un largo proceso que acabó en subasta judicial, la catalana CNA, presidida por Jorge Parladé, se hizo con Fagor por algo más de cuarenta millones de euros. La empresa propietaria de las enseñas Cata, Nodor, Apelson o Edesa adquirió la marca por 30 años y al poco tiempo comprobó que los gastos de explotación podrían llevarse por delante todos los esfuerzos del pequeño grupo.

Tras cantos de sirena que anunciaban facturaciones anuales del entorno de 400 millones de euros al año, en junio de 2017 EDESA Industrial, propietaria de la marca Fagor entraba de nuevo en concurso de acreedores. El propio administrador concursal, Alfonso Gómez, afirmó, en otoño de ese año, que se llegó a esa situación como consecuencia del fracaso total del plan de negocio. La historia se repetía.

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