ANÁLISIS

Duque comienza su mandato en Colombia desmarcándose de Santos

Será más ‘pro em­presa pri­vada’ y duro con Nicaragua y Venezuela

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La toma de po­se­sión de Iván Duque como nuevo pre­si­dente de Colombia, el pa­sado martes 7 de agosto, fue oca­sión para es­ce­ni­ficar la rup­tura con la he­rencia po­lí­tica de­jada por el pre­si­dente sa­liente, Juan Manuel Santos. La rup­tura fue puesta en es­cena en dos ac­tos.

Primero. El presidente del Senado Ernesto Macías mencionó en su discurso que bajo la presidencia de Santos se produjo un aumento de la inseguridad, lo que golpea particularmente a los líderes sociales, así como un incremento en el número de bandas criminales. Creció la deuda pública, y la economía se ralentizó, debido entre otros factores a la baja actividad de exploración de los hidrocarburos y al aumento ‘desmesurado’ de la burocracia. También crecieron los cultivos ilícitos, en alusión a la producción de drogas por bandas criminales y elementos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), desmovilizados por la firma de la paz en 2016.

Segundo. El nuevo presidente, Duque, aseguró en su discurso que bajo el gobierno de Santos “se han cometido errores en materia económica que debemos enmendar. Una política tributaria motivada por la expansión del gasto ha llevado a que tengamos cargas asfixiantes y que se afecten el ahorro, la inversión, la formación y la productividad”. Y remachando lo dicho por Macías, el nuevo presidente recordó a los “más de trescientos líderes sociales (que) han sido asesinados en los dos últimos años”.

Bajo la presidencia de Duque, los acuerdos de paz se verán sometidos a una revisión a fondo. Para ello necesita una mayoría en el Congreso, que debe ser negociada con otras fuerzas políticas, entre otras las de los partidos que apoyaron la presidencia de Santos. También opondrán resistencia a esa revisión los miembros de las FARC más beneficiados por el acuerdo de paz, si Duque trata de reducir los derechos ya adquiridos.

El problema se complica por dos factores: algunos de los exguerrilleros han reemprendido los cultivos ilícitos que constituyeron en su día, junto con los secuestros, la principal fuente de financiación de sus actividades; en segundo lugar, los acuerdos cuentan como posible modelo para conducir las negociaciones de desarme con el Ejército de Liberación Nacional. Cualquier tropiezo en esa vía tendría como consecuencia la vuelta del ELN a sus métodos de guerrilla, uno los cuales es el sabotaje a la infraestructura energética del país.

Otro obstáculo, éste de tipo legal, es que cualquier modificación del acuerdo de paz exige una enmienda constitucional, para lo que hace falta una mayoría parlamentaria. Las fuerzas políticas tienen hasta el 7 de septiembre para formalizar su participación en la coalición de gobierno, lo que condicionará, aún más, la política económica y social del ejecutivo Aunque el expresidente Álvaro Uribe, antecesor de Santos, respalda plenamente al nuevo presidente, él mismo se halla inmerso en un caso de corrupción como líder del partido del Centro Democrático, el partido de Duque.

Una de las prioridades previsibles del nuevo presidente será seguramente la reducción de la carga tributaria, así como incentivar la empresa privada, para lo que pedirá al Congreso que dé prioridad a este tipo de medidas.

El país está saliendo del bache creado hace unos años por la caída del precio del petróleo, que solo desde hace uno está repuntando. La economía se está comportando razonablemente bien, y se espera en el próximo año un crecimiento del 4%, según opinión del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, quien acaba de decir en Bogotá que “el presidente Duque ha señalado con razón que el nivel de tributación de las empresas está muy por encima del promedio regional”. También señaló que la inflación está contenida y sube la confianza de empresarios e inversores. Moreno señaló como característica de la economía el hecho de que “en Colombia la tributación a la renta descansa sobre las personas jurídicas, y no sobre las naturales, cuando en el mundo desarrollado es al revés”.

Duque se prepara para un tratamiento ‘duro’ con los regímenes autoritarios de izquierda en la vecindad geopolítica de Colombia. Uno de ellos es el gobierno de Nicaragua, sumido en un movimiento popular dirigido contra el presidente sandinista Daniel Ortega. Duque ha optado por un perfil nacionalista frente a Nicaragua. Su primera visita ha sido a Islas Margarita y Providencia, que junto a unos cuantos cayos son territorios del Caribe cuya soberanía se disputan en La Haya los dos países. Con Venezuela es previsible el mantenimiento de una actitud hostil hacia el régimen bolivariano del presidente Maduro.

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