la ren­ta­bi­lidad de los bonos a corto plazo está a punto de su­perar a los de a largo

Señales preocupantes en Wall Street alertan de una profunda corrección a corto plazo

Los mer­cados nor­te­ame­ri­canos llevan nueve años su­biendo sin bajas apre­cia­bles

Nasdaq
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Los mer­cados de va­lores de Estados Unidos se mueven en estos días en má­ximos his­tó­ricos o muy cerca de ellos en una es­pec­ta­cular racha de ga­nan­cias. Los ín­dices nor­te­ame­ri­canos llevan cerca de nueve años y seis me­ses, desde marzo de 2009, ga­nando al­tura sin apenas co­rrec­ciones sig­ni­fi­ca­tivas en lo que ya es su ciclo al­cista más largo de la his­to­ria. Algunos repu­tados gurús an­ti­cipan un nuevo crash y vuelta a em­pe­zar, como en 2008.

El dinero barato y la creciente fortaleza de las empresas estadounidenses, que en el último semestre han registrado récords de ingresos y beneficios, justifican este espectacular empuje. No podía ser de otra manera.

Pero muchos operadores llevan tiempo advirtiendo que esta situación es insostenible y que tarde o temprano tiene que pinchar la actual burbuja de la renta variable. El problema son los términos del ajuste. Algunos hablan de entre un 5% y un 10% como mucho, mientras que otros consideran que la depuración debe suponer al menos un recorte del 25% desde sus niveles actuales.

A vuelta con los bonos

Para ello, no dejan de observar todo tipo de señales. Una de las más significativas es la curva de rentabilidad de los activos de deuda pública. Lo lógico y normal es que los inversores vayan recibiendo más intereses con forme aumenta el período de inversión para compensar el riesgo temporal.

Las letras, por tanto, suelen recibir menos intereses que los bonos a diez años para compensar la mayor incertidumbre derivada de una inversión a largo plazo.

Un informe de la Reserva Federal de San Francisco ha observado, tras analizar los rendimientos según los vencimientos de los valores, que a lo largo de este año la diferencia de rentabilidad entre activos a corto y largo plazo se ha ido reduciendo significativamente.

De continuar así, se podría dar el caso de que los activos a corto acaben ofreciendo más interés que los de largo plazo. Es decir, lo que se denomina la inversión de la curva de bonos. En lo que va de año, la diferencia entre las letras del Tesoro a dos años y la deuda a 10 años se ha acercado peligrosamente. A principios de año el diferencial era de 50 puntos básicos y recientemente se situaba en apenas unos 20 puntos básicos.

Inversión anómala

Al respecto, los operadores recuerdan que este tipo de inversión anómala de rendimientos suelen preceder de forma casi sistemática a períodos de recesión económica, lo que explica la creciente atención de los operadores a esta variable para buscar indicios sobre la futura evolución de la economía y sobre todo de los mercados de renta variable.

Los expertos achacan el incremento de la rentabilidad que viene experimentando la deuda a más corto plazo en Estados Unidos a las recientes subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal y a las perspectivas de que siga endureciendo aún más su política monetaria en los próximos meses, mientras que la rentabilidad de la deuda a largo plazo se ha movido paulatinamente a la baja.

Por este motivo, es posible que si la Reserva Federal continúa con sus intenciones de seguir subiendo sus tipos de interés, como ha indicado Jerome Powell, es posible que acabe produciéndose esta temida inversión de la curva de bonos.

Aunque el informe de la Reserva Federal deja claro que esa posibilidad aún no está cercana, si es cierto que empieza a dar señales claras que explican el temor a que se esté anticipando una recesión en Estados Unidos que pueda abrir un intenso correctivo en Wall Street, con el posible contagio al resto de los mercados ya de por sí muy tocados.

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