OPINIÓN

Sánchez corre el mismo riesgo que Rajoy: la complacencia económica

Augurios ca­tas­tro­fistas en el epi­centro eco­nó­mico de la re­vista Fortune

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Donald Trump is the end.

The End is Near, ad­vierte la re­vista Fortune en su úl­timo nú­mero. ¿Por qué esta alarma desde el epi­centro del ca­pi­ta­lismo de­mo­crá­tico? Existe la mala cos­tumbre entre los po­lí­ticos de re­la­cionar la evo­lu­ción de la eco­no­mía, sobre todo si es fa­vo­ra­ble, a su mera pre­sen­cia, caso Trump, o a un buen desem­peño. Rajoy fue un ejemplo que Pedro Sánchez corre el riesgo de imi­tar.

Este abrazo fraternal es fruto de la experiencia repetida de que cuando la economía va bien las posibilidades electorales mejoran. Rajoy no consiguió aprovechar el momento sencillamente porque en ocasiones la política sigue su propio curso e impone sus leyes, sobretodo en democracia. El presidente Sánchez habrá tomado nota y entenderá que buscar un aliado en la evolución de las magnitudes macroeconómicas es temerario además de patético.

La economía como la vida tiene su propio proceso que, sin embargo, a veces queda aniquilado por decisiones políticas como está ocurriendo en Venezuela y ocurrió en Cuba y en los países comunistas. Las estructuras de mercado y el marco jurídico que lo sustenta así como la propia democracia fueron prácticamente abolidas. El resultado está ahí.

En el caso de las economías de mercado con grandes dosis de social democracia, crecimiento económico e igualdad, así como libertad de expresión y prensa, han proporcionado largos períodos de prosperidad, quebrantados en ocasiones y de manera trágica como ocurrió a comienzos de este siglo.

La revista Fortune en plena apoteosis del presidente Trump anuncia en su portada: The End is Near. Las bolsas y las cotizaciones de los bonos señalan una inquietante inestabilidad financiera, mientras los efectos de la guerra comercial todavía no se han desatado. ¿Cumplirá Trump su amenaza de imponer altos aranceles a los 500.000 millones de dólares que representan las importaciones anuales de mercancías chinas?

Lawrence Summers se permite una serie de observaciones sobre el momento de la economía estadounidense y la euforia de Trump: el crecimiento económico es el que ya se había anticipado durante la presidencia de Obama; un crecimientos inducido más por efectos externos que internos gracias a la buena marcha de las economías de China, Europa y Japón que avanzan a un ritmo igual o superior al de los EEUU. Goldman Sachs confirma que las compañías americanas con proyección exterior están consiguiendo mejores resultados que aquellas concentradas en el mercado doméstico.

La sorpresa de una baja tasa de inflación en una economía como la de EEUU con pleno empleo y crecimiento económico, dice Summers, no es una habilidad del gobierno si no un fenómeno relacionado con la debilidad de los sindicatos, la propia globalización de la economía y las excelencias de la tecnología.

Sin ninguna duda no hay que descartar los estímulos recibidos por una política monetaria y fiscal expansiva pero sus efectos no están siendo descontados. El déficit presupuestario así como la deuda de las administraciones públicas y de las empresas no financieras crece sin freno.

En efecto, la deuda federal ha pasado de representar el 40% del PIB en 2012 al 77% en 2018; el endeudamientos de las empresas no financieras se sitúa ya en 14.3 billones de dólares, el 75% del PIB con la particularidad de que las compañías más endeudadas son aquellas con menores reservas de tesorería.

¿Estamos preparados, se pregunta la revista Fortune, para una nueva recesión si el déficit presupuestario provoca una subida de tipos para financiar la deuda pública de los EEUU y la guerra comercial frena los intercambios de mercancías y servicios? La advertencia de Fortune es también válida para España

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