OPINIÓN

'Llet nostra, la millor qualitat': hasta la leche catalana es soberanista

Leche de marca blanca
Leche de marca catalana.

La coope­ra­tiva le­chera ca­ta­lana, APROP, lo afirma sin ningún pudor en su en­vase de car­tón: “LLET NOSTRA… Amb la mi­llor qua­li­tat… l’au­téntic sa­bor… Donen con­ti­nuitat al sec­tor… Junt cuidem la nostra Terra”. Una vaca blanca y ne­gra, de esas que en tie­rras de pan llevar lla­mamos sui­zas, ilustra el car­tón. Sobre el blanco lomo de la vaca y su ter­nero una mancha negra re­pre­senta el mapa de Cataluña.

La leche catalana es la de mejor calidad; calidad tan excelente queda archidemostrada con la demostración llevaba a cabo por la Consejera de Ganadería, Pesca Y Alimentación de la Generalitat bebiéndose un vaso de leche recién ordeñada. La vaca catalana, allí donde las haya, reúne esas cualidades específicas que la confirman como la de mejor calidad y de mejor sabor, siendo más saludable beberla directamente de la ubre.

Desde las Islas Baleares se nos anuncia que Jesucristo nació en el Mediterráneo, pero en el occidental, negándole así a Josep Pla (“Madrid. El Advenimiento de la República”) su entusiasmo por aquella castiza copla matritense: “Jesús de Nazaret nació en un pesebre… nunca se sabe dónde salta la liebre”.

Louis-Ferdinand Céline en su “Voyage au bout de la nuit”, se detiene ante las excelencias del nacionalismo identitario predicado por el periódico Le Temps: “No hay otro como este periódico para defender la raza francesa”; así se expresa un buen nacionalista galo. Su interlocutor escéptico contrataca: “Si que se necesita una raza francesa visto que carece de existencia”. -Réplica chauvinista: “Naturalmente que existe una. Una bella raza, la más bella del mundo”.

-Contrarréplica: “Eso no es verdad. La raza, lo que tu llamas así, no es más que un revoltijo de gentes llegadas desde cuatro esquinas que no siguieron adelante porque se tropezaron con el mar. Eso es Francia y eso son los franceses”.

Acaso los recientes campeones mundiales de fútbol no responden a lo que Céline afirmaba después de su paso como soldado y brigadier en la Primera Guerra Mundial. Céline: “… dos puntos negros en el horizonte, dos alemanes ocupados en disparar contra nosotros. Lui notre colonel, quizá sabía por qué esas gentes disparaban contra nosotros; yo no lo sabía.

En mi memoria no hay ningún recuerdo de que nos hayamos peleado de esa manera… de pequeño asistí a una escuela cerca de Hannover en la que enseñaban conjuntamente alemán y francés, en la que corríamos detrás de las chicas y de ahí a dispararnos ahora… esto no puede continuar”.

Dominique Aubier y Tuñon de Lara (“Espagne”, Petite Planète): “Jamás el amor ciego de Unamuno empañó su españolidad como oposición al españolismo”. Un reclamo con el que redescubrir en lo universal lo auténticamente nacional. España incluye a todos. “Nadie es mejor que nadie” diría Cervantes y remacharía Machado refiriéndose a su España: “Nada menos que todo un hombre”. Blas de Otero “se dirige a la inmensa mayoría”, reclamando “la paz y la palabra”.

Beban leche, a quién le guste, preferentemente leche catalana. Los reclamos convencerán a los más dóciles, a los extorsionados fieles. Adiós al mensaje anarco de Céline. En efecto, el amigo catalán que me ha traído el cartón de leche de la cooperativa #APROP me lo advierte: aumenta el número de adictos a esa excelente leche catalana.

Artículos relacionados