La di­fi­cultad de con­servar la obra pú­blica com­plica la si­tua­ción de la com­pañía

OHL se pierde en el camino de la rentabilidad mientras tritura tres CEO en dos años

José Antonio Fernández, nuevo CEO, duda del desafío de ge­nerar be­ne­fi­cios

Juan Miguel Villar Mir, OHL
Juan Miguel Villar Mir, ex OHL

La cons­truc­tora OHL se mueve en un ca­mino pan­ta­noso desde hace mu­cho, mucho tiempo. Tanto que la si­tua­ción que atra­viesa es ex­trema y fruto de las po­lí­ticas ba­sadas en planes de ne­gocio in­via­bles. De he­cho, el nom­bra­miento de José Antonio Fernández como nuevo con­se­jero de­le­gado, con­firma la de­riva en la que sigue in­mersa el pro­yecto, que no cesa en con­se­guir la re­duc­ción de la deuda, am­plia­ción de los már­genes y con­so­li­da­ción de ga­nan­cias año a año, to­davía sin éxito.

El nombramiento del nuevo CEO de la constructora no ha pillado de sorpresa a casi nadie. De hecho, la asiduidad con la que este cambio de caras de los máximos responsables se ha hecho por parte del grupo en los últimos tiempos lo ha convertido en una práctica habitual. Y es que se trata del cuarto primer ejecutivo al que nombra la empresa de la familia Villar Mir en los últimos dos años. El segundo en menos de un año. Síntoma de que las dificultades que le atormentan aún son de grandes dimensiones.

En esta nueva responsabilidad que ocupa, intentando abrir una nueva etapa en el grupo con la reconversión en constructora, tiene por delante dos años más de ajustes y recuperar los beneficios con las miras puestas en 2020. Tarea bien complicada teniendo en cuenta el punto de partida en el que se halla.

La meta que se ha planteado, después del sangrado de consejeros delegados en este periodo que no lograron hacer rentable a la empresa, es reflotar un negocio que no despega, sino más bien lo contrario, dado que la marcha de Juan Osuna, CEO al que remplaza Fernández, no ha dado un halo más luminoso de luz, sino que ha mantenido una línea similar a sus antecesores.

De hecho, la compañía reflejó en su última cita con los inversores pérdidas de 189 millones de euros, con una caída de los ingresos del 7,9% con respecto al mismo periodo del año anterior, además de una reducción del patrimonio neto de 300,7 millones de euros. Y, para más inri, con un incremento de su apalancamiento un 26,2%.

Los esquemas en los que se maneja OHL son claros, pero hay que entender los pasos anteriores. El reemplazamiento de Osuna llega después de que consejeros delegados anteriores como Josep Piqué y Tomás García Madrid, dejaran un agujero importante y se embolsaran compensaciones millonarias por comprometerse a no trabajar para otras empresas del sector constructor.

A todo ello hay que sumarle el expediente de regulación de empleo (ERE) que dejará en la calle 140 empleados con 36 recolocaciones en sus servicios centrales, junto con la venta por parte de la familia Villar-Mir del 12,2% de la compañía hace escasas semanas quedándose con una participación inferior al 50%.

No levantará cabeza

Con este cóctel cabe preguntarse desde un punto de vista analítico si OHL puede comenzar a recuperarse del pozo en el que lleva metido durante los últimos años. A este respecto fuentes diferentes del mercado consultada sostienen que lo último movimientos señalan que la empresa aún no está preparada “para generar resultados netos en su balance creciente”. Lo más probable, explican, es que desciendan “sus márgenes y se incrementen sus costes”, lo cual les metería en un esquema “aún más complejo” que en el que se encuentra en la actualidad.

En los mercados los títulos de la compañía llevan arrastrándose por los suelos mucho tiempo y todo a consecuencia de la incapacidad de generar retornos constantes y reducir su amplio volumen de deuda. Sin embargo, parece que de cara al futuro no va a ser muy distinto, según apuntan las mismas fuentes.

Tanto es así que al no conseguir contratos de obra pública “no están consiguiendo sacar réditos al sector constructor al que ahora se dedica en plenitud”, cuando paralelamente otras empresas del ladrillo sí han conseguido penetrar de manera sólida “en ese nicho de mercado”. Por eso, el futuro que le espera aún es bastante neblinoso.

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