MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Las grandes com­pañías es­pañolas man­tienen el pulso en un mer­cado clave

La incertidumbre electoral ralentiza las inversiones en Brasil

Las em­presas ex­tran­jeras optan por es­perar a la for­ma­ción de nuevo Gobierno

Hotel Meliá en Brasil
Hotel Meliá en Brasil

El in­cierto pa­no­rama po­lí­tico en Brasil, donde en oc­tubre se ele­girá pre­si­dente y Congreso marca un cierto ‘impasse’ no sólo en las re­for­mas, sino en las de­ci­siones de in­ver­sión de las firmas in­ter­na­cio­na­les, que pre­fieren aguardar hasta des­pués de los co­mi­cios y dis­poner de un pa­no­rama más claro. No obs­tante, en el caso de las com­pañías es­paño­las, que ma­yo­ri­ta­ria­mente han ve­nido apos­tando por el país a largo plazo, la con­fianza en Brasil se man­tiene.

Y, de hecho, este ‘impasse’ no significa parón para Iberdrola, Santander o Mapfre, que mantienen su pulso allí.

La situación política es complicada. El ex presidente Lula da Silva, pese a estar en prisión desde el 7 de abril acusado de corrupción y enfrentar una condena de 12 años, lidera las encuestas presidenciales (30-33% del voto) mientras aguarda que la viabilidad de su candidatura sea juzgada en agosto por el Tribunal Supremo Electoral. A elevar la incertidumbre se suma, además, el hecho de que el segundo favorito sea el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro del PSL (15%) y el tercero, la ecologista Marina Silva (7-8%). El laborista Ciro Gomes y al socialdemócrata Geraldo Alckmin sólo llegan al 4%.

Se trata de unos sondeos en los que los aspirantes de derecha y centro-derecha de los viejos y nuevos partidos tradicionales pro-mercado (PMDM, PMDB…) no figuran en cabeza; en los que se muestra que el 32% de los brasileños ve a Lula como la persona más capacitada para liderar la recuperación económica y en los que se señala que el 80% de los votantes está en desacuerdo con la gestión del actual presidente, Michel Temer, quien reemplazó en 2016 a Dilma Rousseff (PT como Lula) tras su destitución.

Este ‘impasse’, motivado por las presidenciales más imprevisibles en dos décadas y la inquietud ante la lenta recuperación del crecimiento tras la profunda recesión 2015-16 (dos años de caía del 3,5% en el PIB) ha generado cautela en los inversores internacionales, como ha reconocido el embajador de España en Brasil, Fernando Villalonga. En entrevista con ‘Efe’, apuntó que las firmas españolas están esperando a la formación de nuevo Gobierno y a analizar su capacidad de impulsar las reformas precisas para relanzar la economía antes de retomar inversiones de calado en el gran mercado regional.

“La situación es muy confusa. La inversión extranjera ha parado. Pero cuando haya nuevo presidente, si logra impulsar las reformas necesarias, los inversores tendrán más seguridad. Hay mucha incertidumbre sobre las coaliciones ante las próximas elecciones”, señaló. Eso sí, descartó que los empresarios españoles, que llevan más de 25 años en Brasil con inversiones productivas y no especulativas, vayan a dejar de apostar por Brasil pese a su inquietud por el momento de falta de previsibilidad, estabilidad y confianza.

Es algo que las firmas españolas están corroborando: la espera hasta las elecciones no se ha traducido en parón para algunas compañías, que han ganado contratos, se han adjudicado proyectos o han anunciado inversiones este año. Iberdrola acaba de notificar que, a través de Neoenergia, construirá en Brasil el mayor complejo eólico de Latam, con una inversión de 1.000 millones y en el que Siemens-Gamesa instalará aerogeneradores. Por su parte, Mapfre ha anunciado la compra por 546 millones del 50% que no controlaba de una sociedad conjunta con Banco do Brasil dedicada al seguro de vida.

Es también el caso de Ezentis, que ha logrado un contrato con TIM Brasil por 54,9 millones. Y de la germana Nordex, participada por Acciona, que se acaba de adjudicar un contrato para construir un parque eólico. Y de compañías como AENA, que mantiene su estrategia de expansión en el país, con la vista puesta en la privatización de la gestión de 13 aeropuertos en 2018. Y grandes como Telefónica, Santander, Naturgy o Repsol han dejado claro que la estrategia es crecer en Brasil. Las empresas, que hacen posible que España sea segundo inversor tras EEUU, con 65.000 millones comprometidos piden, eso sí, menos costes administrativos y de producción, menos burocracia y más seguridad.

Aunque la economía ha mejorado y el FMI prevé un avance del 2,3% en 2018 y del 2,5% en 2019 tras el 0,9% de 2017, el país crece por debajo de lo que cabría esperar y parte de las reformas y proyectos de inversión anunciados también parecen sufrir el compás de espera creado por la situación electoral. El nuevo presidente tendrá que impulsar la reforma fiscal y de las pensiones y propulsar la inversión en unas infraestructuras insuficientes, algo que generará oportunidades para las firmas españolas presentes allí como ACS, OHL, FCC, Ferrovial o Abengoa. Además, debe decidir la continuidad del plan de privatizaciones y concesiones por 40.000 millones lanzado por Michel Temer

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