ANÁLISIS

Desconfianza absoluta entre Trump y los servicios de seguridad

El di­rector na­cional de Inteligencia ig­no­raba la in­vi­ta­ción a Putin para vi­sitar la Casa Blanca

Vladimir Putin y Donald Trump
Vladimir Putin y Donald Trump

Cuando todo el mundo se muestra preo­cu­pado por las pruebas de que el ci­be­res­pacio está siendo ma­ni­pu­lado por al­guna po­tencia para sem­brar el caos entre los enemi­gos, el pre­si­dente Trump no ne­ce­sita ir tan lejos para hacer lo mismo. Le basta la te­le­vi­sión di­gital te­rrestre o un sis­tema di­gital abierto como twee­ter. El pa­sa­do16 de ju­lio, el pre­si­dente nor­te­ame­ri­cano puso en duda, ante los me­dios, las con­clu­siones de la in­ves­ti­ga­ción que sus ser­vi­cios de in­te­li­gencia con­du­jeron sobre la in­ter­fe­rencia rusa en las elec­ciones pre­si­den­ciales de 2016, que apun­taban a Rusia como res­pon­sa­ble.

Las conclusiones habían sido avaladas desde el primer momento por el director de Inteligencia Nacional (IN), Dan Coats, quien ya en enero había señalado, junto con el director del FBI, la responsabilidad de Rusia. En su declaración de la pasada semana, Coats fue terminante: “nuestras conclusiones” son que “Rusia interfirió en las elecciones de 2016…, y continúa socavando nuestra democracia”.

A raíz de su entrevista con el presidente ruso en Helsinki, Trump se había mostrado equívoco en asignar responsabilidad alguna a Putin. El malestar creado entre los servicios secretos por esa aparente absolución movió a Trump a señalar a Putin como responsable, pero sólo en tanto que “él está al frente de su país, lo mismo que yo soy responsable de lo que pasa aquí”. Seguía, pues, sin admitir las acusaciones contra Putin.

La crisis entre los servicios de inteligencia y Trump se hizo evidente el pasado miércoles, en una conferencia en el Aspen Security Forum. Christopher Wry, director del FBI, dijo que consideraba a los servicios secretos rusos autores de intromisiones en la campaña electoral que dio el triunfo a Trump, y aseguró que Rusia continúa intentando sembrar la discordia en los EE.UU. “al lanzar noticias falsas y propaganda para engatusarnos”.

Pero lo más sorprendente vino en el debate. Alguien preguntó a Coats qué le parecía la invitación que Trump acababa de hacer al presidente Putin a visitar Washington. Coats, sorprendido, preguntó al que preguntaba: “Repítalo. ¿Le he escuchado bien?”, poniendo así en evidencia que el director de Inteligencia Nacional no había sido informado de una decisión tan trascedente como la visita de Putin a Washington.

Coats había presentado el pasado día 13 su idea sobre la aparición y evolución de la conocida como “amenazas en el ciberespacio”, en una conferencia ante el Hudson Institute de Washington. Dijo Coats que la primera percepción de que algo amenazante volaba en el ciberespacio se tuvo en 2001, “cuando las luces rojas indicaban… un posible ataque contra los Estados Unidos”. Y efectivamente, el ataque llegó ese 9 de septiembre.

El director de IN añadió: “Y así seguimos, casi dos decenios después, y aquí estoy yo para decir que las luces rojas parpadean otra vez. Hoy día, es la infraestructura que sirve a este país lo que está bajo ataque”. Y señaló a los principales culpables: Rusia, China, Irán y Corea del Norte, los cuales “penetran nuestra infraestructura digital y llevan a cabo intrusiones y ataques contra blancos de los estados Unidos”.

Coats precisó los objetivos: el mundo de los negocios, el gobierno federal, los militares y los gobiernos de los estados y locales, la energía, la industria nuclear y la de manufacturas, así como el mundo académico y el de las finanzas, “y otros elementos críticos de nuestras infraestructuras”. Ello obliga a todos esos sectores a ser ‘consumidores de inteligencia’, lo que les exige que se organicen complementariamente.

Coats señaló a Rusia como “el actor exterior más agresivo, no hay duda de ello”, y mencionó una Agencia de Investigaciones de Internet, radicada en San Petersburgo, que crea perfiles de falsos ciudadanos norteamericanos que siembran ‘fake news”.

El director de IN cree que China, que posee unas capacidades aún mayores que las de Rusia, no tiene las mismas intenciones: Rusia intenta minar “nuestros valores básicos”.

Sin embargo, fue Rusia el primer país que propuso (1998) que la asamblea general de las Naciones Unidas aprobase una resolución manifestando preocupación por el hecho de que las tecnologías de la información y comunicaciones podrían ser utilizadas para fines que “pueden afectar negativamente la seguridad de los estados”.

Las posiciones de Rusia y Estados Unidos sobre esa propuesta difirieron desde entonces radicalmente. Mientras Rusia apuntaba al control de las tecnologías que consideraba perjudiciales para la seguridad de los estados, los Estados Unidos no veían su necesidad, puesto que la actividad ciberespacial, cuya tecnología es de tan rápido desarrollo, no puede sujetarse a controles, y que lo pertinente es colocar los avances del ciberespacio al amparo de las normas de los derechos internacional y de guerra.

La prueba de que el diagnóstico de los Estados Unidos era el más realista no es otro que Trump. Resulta ‘explosivo’ cuando usa la tecnología digital, y sus consecuencias repercuten con fuerzas sobre la diplomacia. Esperemos que bajo su mandato no sea necesario apelar al derecho de guerra… ciberespacial.

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