ANÁLISIS

El ‘procés’ se divide en beneficio de Puigdemont

Apoyado por la CUP, el ‘expresident’ siembra la di­vi­sión por donde pasa

Carles Puigdelmont
Carles Puigdelmont

La in­de­ter­mi­na­ción del es­tatus ju­di­cial en que fi­nal­mente que­dará el ex­pre­si­dente de la Generalidad, Carles Puigdemont, re­fu­giado ac­tual­mente en Hamburgo, y su vo­luntad de se­guir siendo el centro de las de­ci­siones es­tra­té­gicas del in­de­pen­den­tismo, están de­mos­trando ser un factor des­es­ta­bi­li­zador del mo­vi­miento.

El miércoles día 18 se produjo un choque parlamentario entre las dos fuerzas soberanistas que sostienen el gobierno, JxC y Esquerra Republicana (ERC), en la primera fractura seria del frente común contra las resoluciones judiciales que mantienen a los principales líderes de las dos formaciones en prisión, acusados de rebelión.

El choque, que obligó a suspender la sesión plenaria de la cámara, del día 18, se debió a la negativa de Puigdemont a plegarse a un supuesto acuerdo entre Junts per Catalunya (JxC) y ERC, para mantener la operatividad parlamentaria de los diputados de las dos formaciones que se hallan en prisión, más el propio Puigdemont. Los servicios jurídicos de la cámara habían recomendado que todos los diputados detenidos o fugados fueran reemplazados en sus funciones por diputados de sus propios partidos para el solo fin de votar y suscribir mociones parlamentarias. De esta forma Puigdemont conservaba su escaño pero debía delegar su voto, o en su lugar regresar a España para ser detenido.

Cuando la Mesa del parlamento se reunió en la mañana del miércoles para aprobar o rechazar la recomendación, el resultado fue de tres votos contra tres. JxC se oponía a que Puigdemont delegase su voto, ya que esperaba que pronto podría ejercerlo personalmente, y alega que así lo acordó con ERC. Sergi Sabriá, portavoz de ERC, denunció lo ocurrido, al decir que “se ha salido a mentir de manera descarada. JxC sabe perfectamente que no había ningún acuerdo”.

El diputado de JxC, Eduard Pujol, en su réplica a Sabriá, acusó a ERC de haberse alineado con el partido socialista catalán (PSC) y su líder Miquel Iceta, que apoyó la aplicación del art. 155 y coopera con el gobierno de Pedro Sánchez.

Esquerra Republicana mira con desconfianza las tentativas de Puigdemont de seguir manteniéndose como la clave del movimiento independentista en base a su alegada legitimidad, que considera requisito inexcusable para mantenerse como titular de las instituciones catalanas, a pesar de haber sido suspendido por el 155 CE.

El voluntarismo de Puigdemont ya ha causado el fraccionamiento del partido que le aupó al poder, el Democrático de Catalunya (PDCat), que a su vez fue una reencarnación de la histórica Convergencia Democrática de Catalunya. Su liderazgo del PDCat fue su principal aportación al movimiento pro-independencia, junto al histórico ERC y el izquierdista radical CUP. Esas tres fuerzas prepararon el golpe secesionista de septiembre y octubre de 2017.

Mientras Marta Pascal, secretaria general del PDCat, el partido original de Puigdemont, se ve relegada en los comités independentistas a los últimos bancos, su partido acaba de sufrir una escisión (Junts per la República), formada por tres diputados del PxC. No es la última: el pasado mayo varias personalidades públicas del partido registraron el ‘Moviment 1 d’Octubre’, dando a entender que mantienen su fidelidad a Puigdemont al margen de cualquier alineación partidaria.

La CUP, un partido de la extrema izquierda independentista, salió tras la frustrada sesión parlamentaria en defensa de los derechos de los diputados en prisión, lo que indirectamente refuerza la posición de Puigdemont. Su representante María Sirvent denunció a ERC y PSA, diciendo que con su voto a favor del ejercicio del voto efectivo por los detenidos, “han decidido dar curso a una resolución que vulnera de forma flagrante los derechos de los diputados de este parlamento que han sido represaliados”.

La frecuente coincidencia estratégica entre Puigdemont y la CUP indica una voluntad compartida de anular cualquier posibilidad de que ERC se alce durante el ‘procés’ de independencia con la hegemonía político-social. El problema es cómo ejercerían esa nueva hegemonía, dados sus diferentes intereses de clase y su sola coincidencia en la utilización de métodos de agitación típicamente populistas.

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