ANÁLISIS

Trump busca poner firmes a los europeos y negociar después con Putin

Ofrecerá a Moscú un en­ten­di­miento que le per­mita en­fren­tarse a China

Vladimir Putin y Donald Trump
Vladimir Putin y Donald Trump

En el ac­tual viaje del pre­si­dente Trump a la Europa de la OTAN (Bruselas) y a la neu­tral Helsinki para en­con­trarse con el pre­si­dente Putin, hay que ob­servar la di­fe­rente na­tu­ra­leza de los ob­je­tivos que en cada ‘parada’ se pro­pone cu­brir. En Europa trata de ‘apretar’ en lo es­tra­té­gico para ob­tener de los eu­ro­peos una com­pen­sa­ción co­mer­cial, y en Helsinki tra­tará de ofrecer a Rusia in­cen­tivos es­tra­té­gicos como si fuesen un bien puesto en el mer­cado.

Con sus aliados europeos, el objetivo de Trump es que se alineen con su política comercial y reduzcan sus superávits respecto de Estados Unidos, y para ello el presidente echará mano a una u otra de estas dos demandas europeas: concesiones que reduzcan el proteccionismo mercantil que él atribuye a la UE, o bien que las economías de sus aliados europeos pierdan parte de su competitividad al verse forzadas a aumentar los gastos de defensa, que aún si llegasen al objetivo ‘oficial’ del 2% del PIB del conjunto europeo de la OTAN, seguirían estando muy por debajo del cerca de 4% de los Estados Unidos. Lo cual es natural, porque los intereses estratégicos de Estados Unidos son mundiales; los de los países de la OTAN regionales. La superpotencia son los Estados Unidos, no Europa.

Alemania es el ‘chivo propiciatorio’ en los dos aspectos de la estrategia atlántica de Trump, porque es, entre las grandes potencias económicas del bloque, la que contribuye menos a la Alianza en proporción a su tamaño, algo no muy ejemplar para los aliados más débiles y más expuestos a las miras estratégicas de Rusia. También es la potencia que disfruta del más alto superávit comercial con los Estados Unidos. Trump se toma la competitividad de que goza la industria automovilística alemana, con una balanza favorable de $16,700 millones en 2017, como un insulto que le quita el sueño. También le indigna que Alemania salga de la economía del carbón y de la energía nuclear, para caer en dependencia del petróleo ruso por culpa del gasoducto que cruza el Báltico.

Con Rusia es todo lo contrario: ofrecerá a Putin garantías de seguridad y un acomodo estratégico que permita a Washington dedicar lo principal de sus energías a prepararse a la gran competición mundial del siglo XXI, que no es otra que la de salvar o perder la primacía comercial, económica y tecnológica de que gozan aún los Estados Unidos ante el desafío de China, en todos y cada uno de esos frentes. Una alianza estratégica entre Moscú y Pekín sería fatal para los Estados Unidos, aunque ello entrañara para Rusia tener que jugar el papel de socio menor de China en todas las áreas menos en la de disuasión nuclear, terreno en que tanta sobrecapacidad de Rusia resulta superflua.

Trump puede sugerir a Rusia un pacto para reducir y modernizar su defensa estratégica nuclear, flexibilizar los tratados de control de armamentos, acuerdos ventajosos que aseguren la posición de Rusia en Siria, alivio de las sanciones por la anexión de Crimea y mirar sin inquietud cualquier acercamiento entre Ankara, un aliado de Washington, y Moscú.

Los aliados europeos, por otra parte, podrían decirle a Trump, en los dos días que durará el Consejo Atlántico, que ellos ponen su defensa a la justa medida de los intereses estratégicos que comparten con los Estados Unidos, que si en su día fue la contención de un bloque soviético agresivo, actualmente es la oposición a un designio de Putin, como es restaurar por medios no siempre pacíficos la grandeza de Rusia que le garantizaba el Pacto de Varsovia.

No fue menor la contribución europea a la estabilidad y paz del continente cuando los países del bloque soviético entraron años después en la Unión. Ningún otro factor ha contribuido tanto a la seguridad del continente como éste.

Por otra parte, Trump ha dado muestras de no querer poner en el haber de la defensa europea la contribución que varios países de la OTAN hacen al mantenimiento de la paz en Afganistán frente a los talibanes, con varios millares de soldados, para impedir que el país sea de nuevo plataforma de ataque a los Estados Unidos, ni tiene en cuenta que hoy esos países están en riesgo de entrar en conflicto con los intereses de Pakistán (un aliado histórico de los Estados Unidos), que tiene puestas sus miras en un pronto retorno de los talibanes al poder en Kabul. Por no hablar de las misiones de paz de los soldados europeos en varias áreas geopolíticas de África y Asia occidental. Seguro que de todo eso se hablará en Bruselas y se analizará al alimón entre Trump y Putin en Helsinki.

Artículos relacionados