OPINIÓN

Sánchez y Torra: fijación de principios, cortesía y diálogo

Comisión bi­la­te­ral, tras ocho años de inac­ti­vi­dad, y nuevo en­cuen­tro, ba­lance del en­cuentro en la Moncloa

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Pedro Sánchez, cada vez más en lo suyo.

Pedro Sánchez y Quim Torra han pa­sado de los in­sultos de hace un par de meses a la cor­dia­lidad que les im­pone sus car­gos. La cor­tesía y el am­biente re­la­jado, al menos ante las cá­ma­ras, mar­caron el en­cuentro del lunes día 9 de ju­lio, en el pa­lacio de La Moncloa, en el que cada uno re­afirmó po­si­cio­nes. Torra re­cordó su pro­yecto po­lí­tico de au­to­de­ter­mi­na­ción para Cataluña y Sánchez –vía la vi­ce­pre­si­denta Carmen Calvo- re­pitió que tal cues­tión no existe en la Constitución es­pañola.

Pero, conscientes que hay que convivir, del encuentro salieron acuerdos importantes, como el de la reanudación de la Comisión bilateral Estado-Generalitat –que no se reunía desde 2010– junto a la revisión de recursos que el anterior gobierno de Mariano Rajoy había interpuesto ante el Constitucional, anulando leyes aprobadas en el Parlament de Catalunya, sobre todo de sentido social. Y, además, promesa de un nuevo encuentro en Barcelona, aunque no se concretó la fecha.

El presidente de la Generalitat celebró que el presidente del Gobierno se mostrase dispuesto a afrontar la cuestión catalana desde la “negociación política”. Torra, por su parte, indicó que apoyará al Gobierno central en su propuesta de derogar la ley mordaza y en las iniciativas que plantee sobre la memoria histórica.

La ministra Maritxell Batet y la vicepresidente catalana, Marta Pascal, que no parecen tenerse gran simpatía, serán las encargadas de reactivar el día a día de las relaciones Estado-Generalitat. Políticas, sociales, empleo, dependencia, corredor Mediterráneo, cambio climático, sanidad universal o pobreza energética, formaran el núcleo de asuntos a activar en sectores concretos.

En lo político cada bando seguirá en sus posturas, sin olvidar la existencias de los políticos encarcelados y pendientes de juicio, o la actividad de Carles Puigdemont y los consellers en el autoexilio. Además del resurgir de las estructuras de las representaciones del Govern de la Generalitat en el exterior, desde Bruselas a Nueva York, pasando por Paris, Londres, Copenhague, Estocolmo o Washington, que continuarán activos en el panorama internacional para recordar el objetivo de la autodeterminación –ya no se habla de independencia– para Cataluña.

Todos los partidos políticos catalanes, a excepción del PP y Ciudadanos, reaccionaron positivamente al relajamento de la relaciones entre Madrid y Barcelona, aunque para la CUP quedan cortas en su objetivo de luchar políticamente por el establecimiento de una república en Catalunya.

Al clima de distención en la Moncloa seguirán una concentración multitudinarias para el 11 de septiembre, fiesta nacional catalana, que se proponen llenar la larga avenida Diagonal. Seguirá el juicio contra los políticos implicados en el 1-O, la fecha mítica para los pro independentistas catalanes. Y, sobre todo, la próxima batalla en las urnas para las municipales en Cataluña de mayo del 2019, donde la clave estará en quién ganará en la alcaldía de Barcelona, el “Cap i Casal”, es decir, la capital, de Cataluña, donde hasta el ex primer ministro francés, Manuel Valls, nacido en Barcelona, espera cual Ave Fénix el renacer de sus cenizas, naturalmente en términos políticos, después de ser prácticamente desalojado del escenario político galo.

Una muestra más de la presunta voluntad de un sector catalán de internacionalizar el tema catalán al que el presidente Pedro Sánchez quiere dar una respuesta política. De momento ha logrado, que no es poco, rebajar la tensión.

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