Monitor de Latinoamérica

La ad­he­sión aporta mayor se­gu­ridad ju­rí­dica y for­ta­lece la con­fianza en el país

El ingreso de Colombia en la OCDE, un plus para invertir

Madrid en­fa­tiza que me­jora las con­di­ciones de atrac­ción de in­ver­sión es­pañola

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia
Juan Manuel Santos, presidente de Colombia

El in­greso de Colombia en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), días atrás, su­pone para el país un aval adi­cional a la hora de atraer in­ver­sión ex­tran­jera y, para las firmas es­pañolas ins­ta­ladas allí o con in­ten­ción de ha­cerlo, un plus de se­gu­ridad y con­fianza. Colombia se con­virtió el 26 de mayo en el socio 37 de la OCDE y en el tercer país ‘latino’ en en­trar en el ‘club’ tras México (1994) y Chile (2010), un in­greso que España ha apo­yado con ahínco, como res­palda la fu­tura en­trada de Perú.

Y justamente, las primeras felicitaciones a Bogotá llegaron de España, cuya inversión en Colombia se ha incrementado en los últimos años y donde hay instaladas 470 empresas españolas. Para Madrid “la entrada de Colombia supone el reconocimiento a los esfuerzos para modernizar el país y hacer de la seguridad jurídica y de las mejores prácticas económicas uno de los ejes de las políticas de Gobierno”, además de un factor que contribuirá a profundizar los vínculos económicos bilaterales y a mejorar las condiciones para la llegada de inversión. España es el tercer inversor en el país tras EEUU y el Reino Unido.

Los expertos destacan como ventajas de la adhesión una mayor proyección internacional, más oportunidades inversoras y un aumento del crecimiento potencial vía productividad para un país que también se acaba de convertir en el primer socio global latinoamericano de la OTAN. Para adherirse, Colombia, que inició la negociación en 2013, ha superado exámenes en profundidad ante 23 comités y ha reformado su acervo normativo para alinear legislación, políticas y prácticas a las normas del organismo. Colombia deberá adecuar reglas y procesos administrativos en varias áreas económicas para hacerlos acordes a los estándares internacionales que rigen en los países de la OCDE.

Estar en el también denominado ‘club de las buenas prácticas’ supone para Colombia poder exhibir un ‘sello’ de calidad que le permitirá una mejor inserción en la economía global a todos los niveles, más oportunidades de atracción de inversión exterior, al generarse más confianza, y avanzar en la modernización del país con mejores prácticas en políticas públicas e instituciones en temas como regulación, normas ambientales, laborales o de comercio. Este ‘marchamo’ que reconoce al país como socio del grupo de países con buenas prácticas económicas, se suma al escaparate que ya entraña para el país ser uno de los fundadores de la Alianza del Pacífico.

Según el presidente Santos, que se marcó como uno de sus objetivos estar en la OCDE, el ingreso “abre inmensas oportunidades para seguir avanzando en educación, salud, empleo formal, transparencia, lucha contra la corrupción y de protección medioambiental. Colombia ha entrado en las grandes ligas. Nos estamos comparando con los mejores para poder ser los mejores. Pertenecer al grupo es como graduarse en la mejor universidad, pero con el compromiso de seguir estudiando y obteniendo las mejores notas el resto de la vida”.

Para Colombia, cuarta economía de Latam, involucrada en sentar las bases de su desarrollo posconflicto e inmersa en la segunda vuelta de las presidenciales, el ingreso es no solo un espaldarazo a las políticas económicas de la última década, que se han saldado con un crecimiento sostenido y una mejora del clima inversor. Implica también un esfuerzo de transparencia a cambio de compartir información de la organización para mejorar sus políticas. Además de poder ser elegible préstamos con tasas preferenciales de la OCDE.

Sin embargo, no han faltado críticas a la entrada, especialmente desde una izquierda que censura las políticas de libre comercio que defiende la OCDE, pero también por parte de expertos independientes. Los más escépticos señalan que Colombia no se parece a la OCDE, a cuyos socios no se acerca en indicadores sociales, y apuntan que mientras que en los países que ya pertenecen al ‘club’ la media de gasto público social es del 21% del PIB, en Colombia apenas llega al 8,7% y los ingresos fiscales representan el 14% del PIB, frente al 34,3%. Algunos temen que medidas como subir el IVA o atrasar la edad de retiro pueden tener alto coste social y económico.

La OCDE, al escenificar en París la admisión de Colombia, alabó al país por haber realizado “grandes reformas para alinear su legislación, políticas y prácticas a los estándares de la OCDE en laboral, sistema judicial, gobernanza de empresas públicas, combate al cohecho y comercio. Tras entrar, los expertos recomiendan a Colombia, que crecerá el 2,7% este año y el 3,3% en 2019 (1,8% en 2017) elevar los ingresos fiscales; financiar más proyectos de infraestructura y ejecutar el plan de concesiones viales, continuar con las asociaciones público-privadas, simplificar los trámites de registro de empresas, mejorar la formación y continuar la formalización de los pequeños negocios.

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