OPINIÓN

Aquella pedrada del aldeano vasco

Rajoy se llevó una, de­fi­ni­tiva, pero a Sánchez le pueden caer va­rias se­guidas

Los partidarios de la primera moción triunfante de la democracia afirman que no ha habido nada de nada porque su puesta en marcha ha sido muy rápida y sólo se pretendía echar a Rajoy. Los contrarios a ella opinan al revés. Lo importante es que el nuevo gobierno socialista de Sánchez tenga un éxito completo por lo que nos jugamos todos los ciudadanos, pero sostener en serio que no se ha concedido nada es una ingenuidad absoluta.

Los 21 partidos restantes que han dado el sí a Sánchez ya irán pidiendo cosas a medida que transcurra la legislatura. (Un portavoz de Podemos ya ha sugerido que ellos podrían quedarse con el control de RTVE y de la Agencia EFE. Ahí es nada).

En el caso vasco, los dos asuntos que se vienen a la mente son el acercamiento de los presos y la inclusión de Navarra en la confederación de las provincias vascongadas, punto en el que el PNV viene trabajando desde el primer día de democracia (y ya ha conseguido que haya una presidenta de la provincia foral que está dando pasos muy relevantes en ese sentido).

Naturalmente que el gobierno socialista no va a ceder en los dos puntos al cien por ciento porque son muy delicados, sin embargo habrá que estar atentos a las medidas más o menos encubiertas que se tomen en ese sentido.

Las relaciones entre nacionalistas vascos y socialistas han sido muy estrechas y de mutua comprensión -hasta ahora-. Aunque bien es cierto que Indalecio Prieto puso el grito en el cielo cuando en los primeros meses de la guerra civil el gobierno republicano inició los trámites para aprobar un estatuto de autonomía. El astuto socialista presumía de conocer muy bien a sus paisanos de adopción (había nacido en Oviedo, pero se recrió en Bilbao).

La jugada del PNV -llena de sabiduría aldeana- ha sido maestra. Primero ayudando a Rajoy en la aprobación de los presupuestos (de los que se lleva un buen pico, como no podía ser de otra manera), al tiempo que el PP exaltaba al lehendakari por su responsabilidad y sentido de estado.

En pocos días, la vuelta a la tortilla. No importa que en cualquier país democrático la ley más importante cada año sea la de los presupuestos, lo que equivale a dar la confianza al gobierno de turno para los siguientes doce meses, puesto que hay que gestionar ingresos y gastos. Así que el PNV puso los cinco escaños a disposición de la moción de censura, de manera que se sigue llevando el dinero de los presupuestos, se quita de encima a los ’españolistas’ del PP y Ciudadanos y cumple sus compromisos con los independentistas catalanes, compañeros de siempre en la lucha contra el Estado español “opresor”.

Ahora cada partido de la inusual coalición parlamentaria tratará de cimentar una base electoral para las próximas elecciones, que por esta razón no serán muy pronto. A menos que las disensiones entre los veintitantos grupos sean de tal calibre que no haya más remedio que acudir a las urnas.

En todo este panorama un asunto no menor es el de si continuará en vigor el entendimiento entre los tres partidos constitucionalistas (PSOE, PP Y C,s) para evitar un nuevo golpe a la Constitución en Cataluña o que el PNV prosiga su propio camino a la chita callando hacia la separación, camino en el que es tan relevante la incorporación de Navarra. ¿Sería mucho aventurar que si hay que acudir a la Constitución otra vez para atajar cualquier golpe contra ella votara la actual oposición junto al Gobierno contra los demás grupos parlamentarios?

Está circulando el vídeo, como recordatorio, en el que el portavoz socialista parlamentario Ábalos prometió hace unas semanas que nunca se alinearían con los independentistas ni con los enemigos de la Constitución para entablar una moción de censura. Ay, esta flagrante contradicción forma parte del trabajo de un político… pero no debería ser así en los temas de Estado.

En resumen, y parodiando la tonadilla popular bilbaína, “el aldeano tiró, tiró la piedra tiró, tiró la piedra y no la encontró”, la famosa piedra no se volvió a ver, pero la pedrada se la ha llevado Rajoy. ¡Que no le ocurra algo parecido a Sánchez!

Artículos relacionados