El nú­mero de tar­jetas de cré­dito se sitúa ya en los 52,4 mi­llo­nes, lo que equi­vale a 1,12 por ciu­da­dano

La fiebre consumista es ya una epidemia en toda regla

Cada es­pañol realizó com­pras por valor de 2.900 euros con tar­jetas ban­ca­rias

Ahorro o Consumo
Ahorro o Consumo

El con­sumo ha de­jado de ser una fase fe­bril entre la ciu­da­danía es­pañola para con­ver­tirse en una au­tén­tica epi­de­mia. Un ro­sario de datos habla ya de una ver­da­dera re­vo­lu­ción del con­sumo que se ha tras­la­dado al mer­cado ban­cario del di­nero con tintes de bur­buja. Aquí el que no con­sume es porque no quiere: las ci­fras ha­blan de una au­tén­tica exu­be­rancia irra­cio­nal. Hace menos de un mes se pu­bli­caba aquí que, des­pués de casi diez años de ajus­tarse el cin­tu­rón, el cré­dito al con­sumo había cre­cido en el primer tri­mestre de este año a tasas del 19%.

Una cifra alarmante que ofrece una idea más realista del desequilibrio en la oferta de financiación frente a los datos de carácter anual, que hablan de unos avance varios puntos por debajo de lo que es la auténtica realidad.

Hace unos días, el Banco de España publicaba nuevos datos que resultan muy significativos sobre el estado actual del crédito al consumo. En España existe ya la friolera de 52,4 millones de tarjetas de crédito, con un incremento anual del 7,4%. Tocamos a 1,12 tarjetas de crédito por persona. Las tarjetas de crédito se imponen a las de débito, que apenas alcanzan los 26,9 millones. En total, el número de plásticos con capacidad de compra se acerca a los 80 millones de unidades.

Compras por persona

Un dato sobre la dimensión del consumo resulta del agregado de adquisiciones con tarjeta no sólo de crédito, sino de débito, que arroja compras en 2017 por valor de 135.247 millones de euros. Esto supone que cada ciudadano gastó una media de 2.900 euros el año pasado con tarjetas, lo que equivale aproximadamente a dos nóminas medias.

Hace tres años que se produjo el despertar del consumo en España, una fase que coincidió con la pérdida del miedo a quedarse en el paro por parte de la población que se encuentra en la franja de edad entre los 25 y los 45 años. En paralelo, el desempleo se ha ido reduciendo, dando entrada al mercado al colectivo de jóvenes, que había llegado a registrar tasas elevadísimas de paro.

A finales del año pasado, el Banco Central Europeo alertaba del fuerte crecimiento del crédito al consumo en dos países del Sur, como son Italia y España. En nuestro país, el supervisor europeo hacía hincapié en el fuerte avance de los préstamos para la adquisición de vehículos, que había empujado las tasas de crecimiento de la financiación al consumo hasta superar con creces los niveles de dos dígitos. La realidad actual, como se ha mencionado, es que la financiación al consumo crece al 19%.

Este tipo de préstamos siempre ha constituido un indicador adelantado de desequilibrios en la economía que han derivado en importantes crisis. La actual ya se está combinando con movimientos exagerados en el mercado inmobiliario. Esto ha constituido siempre una segunda fase en las últimas crisis. En este caso, el empujón inmobiliario viene de la mano de los alquileres, que arrojan a una parte de la demanda a la compra de piso, lo que empuja al alza a los precios.

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