ANÁLISIS

Italia dice basta a la inmigración ilegal

Conflicto di­plo­má­tico entre Roma y La Valetta, con Austria y el Grupo Visegrado a la ex­pec­ta­tiva

Inmigracion-
Inmigracion-

El pa­sado do­mingo se ha pro­du­cido un con­flicto di­plo­má­tico entre Italia y Malta, a raíz de que el go­bierno de Roma re­cha­zase el des­em­barco de 629 mi­grantes ile­gales que pre­ten­dían des­em­barcar en sus costas a bordo de la nave Aquarius. Malta re­chaza la obli­ga­ción de aco­gerlos que le atri­buye Italia.

Los jóvenes gobiernos de Italia y Austria se han añadido recientemente a la lista de miembros de la Unión Europea que exigen una profunda revisión de las medidas tomadas a toda prisa, en 2015, por la Comisión para paliar los efectos de la inmigración masiva de refugiados políticos, provocada por la guerra civil de Siria, y la de años sucesivos, que de modo creciente se nutre con migrantes económicos, muchos de ellos pretendiendo tener derecho al asilo por su alegada condición de perseguidos.

Sin embargo, los gobiernos de Italia y Austria reclaman soluciones que se diferencian sustancialmente entre sí. Mientras el italiano tiene prisa por que se cumpla una parte de aquella política - la de repartir los migrantes entre todos los países de la Unión hasta que sus solicitudes de asilo sean atendidas -, el gobierno de Viena se niega de momento a recibir migrantes, y pretende que esa regla se acompañe de una política más enérgica de expulsiones.

Austria presidirá el Consejo Europeo en el segundo semestre de este año, y podrá influir sobre su agenda con el apoyo del llamado Grupo de Visegrado (Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría), y para algunas cuestiones concretas con el de Grecia, que tiene algunas islas rebosantes de migrantes laborales y pretendientes a la acogida.

Las reformas propuestas por unos y otros exigirán de Bruselas la derogación de la regla conocida como Dublin III, que determina que el país de la Unión que primero reciba la entrada de un migrante debe acogerlo hasta que se le conceda o no status de refugiado, y ser expulsado a su país de origen si no se le concede. Ésta última, sin embargo, será la parte más difícil de cumplir por lo que tiene de coerción sobre millares de personas, aparte de las dificultades técnicas y financieras para hacerlo.

Por la vía de Dublin III se han ido acumulando en ciudades y pueblos de Italia, especialmente del Sur, hasta más de 400.000 personas. La mayoría de ellas pretendían, con toda probabilidad, llegar al oeste y al norte de Europa, donde esperaban encontrar o trabajo o una asistencia más generosa que la que Roma podía prestarles. Pero Francia y Austria cerraron sus fronteras en 2015, asustados por la entrada súbita de millón y medio de refugiados de guerra. Muchos de estos (quizás un millón), lograron llegar a Alemania y Europa del Norte, pero muchos otros quedaron estancados en las Penínsulas mediterráneas e islas adyacentes.

Desde entonces la migración hacia Europa tiene un carácter más “económico y laboral”, y parte principalmente de las costas de Libia, aunque los migrantes proceden principalmente del África subsahariana. La mayoría se echan a la mar en pésimas condiciones de seguridad, pero son rescatados por barcos de organizaciones ‘humanitarias’, cuyas tripulaciones son últimamente perseguidas por las autoridades navales y los jueces italianos El líder del movimiento Cinque Stelle y ministro de Trabajo, Luigi di Maio, califica a esos barcos de “taxis del mar”. El ministro del Interior, Matteo Salvini, en una reciente visita al puerto de Pozzallo, anunció que Sicilia “ha dejado de ser el campo de refugiados de Europa”, y que los inmigrantes “deben empezar a hacer sus maletas”.

La articulación de la política post-Dublin III es tanto más urgente cuando se tiene en cuenta que según estimaciones de la Unión Africana, de diciembre de 2017, entre 400.000 y 700.000 personas esperan en Libia la oportunidad de atravesar el mar.

La política de la Unión Europea para el control de las migraciones africanas hacia Europa está penosamente retrasada respecto del estado actual de la cuestión. Debe actualizarse vigorosamente en los próximos años, pues el de las migraciones por razones económicas es un desafío destinado a agudizarse debido a la alta demografía del norte de África (Egipto, cien millones de habitantes, Etiopía, en próximos años otros cien millones) y del África negra, unido a la inseguridad en la franja del Sáhara y el Subsáhara, etc., más imponderables como la estabilidad futura de países como Marruecos y Argelia, todo lo cual hace pensar que el fenómeno de las migraciones no puede enfocarse solamente bajo la perspectiva de las transformaciones económicas, sino que afecta a la estabilidad de sociedades cultural y económicamente muy diferentes.

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