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Récord: el Fiscal de NY supera a Cifuentes y dimite a las 3 horas del escándalo

‘La in­fame ‘cultura de co­rrup­ción’ del lla­mado Empire State está mucho más en­ferma de lo que pen­sá­ba­mos’

El PP y  Cifuentes-
Cristina Cifuentes.

Unas tres horas tardó en di­mitir este lunes el Fiscal General del es­tado de Nueva York, Eric T. Schneiderman. Más o menos lo mismo que le costó a Cristina Cifuentes dar la cara el pa­sado 25 de abril para decir que se iba tras di­vul­garse el des­di­chado vídeo de 2011 sobre las cremas en Eroski. Claro que la ex pre­si­denta de Madrid ya lle­vaba 35 días za­ran­deada por el es­cán­dalo del máster y se afe­rraba al si­llón. En el caso de Schneiderman, el es­cán­dalo ha sido un es­ta­llido más bru­tal.

Es un asunto de sexo, de violencia, de abuso en todos los sentidos, desde verbal hasta físico y de dignidad personal. Un asunto en el que, por esas cosas de Nueva York, de EEUU y de la Casa Blanca, Trump se lo está pasando en grande. El mismo personaje que tiene ante sí un futuro nada despejada por el Rusiagate y también por cuestiones de sexo está a estas horas mondándose: ha caído otro oponente. La historia es excitante, dicho en todos los sentido del término.

Desde hace días corría por las redacciones de los medios informativos neoyorquinos el rumor de que había una serie de mujeres dispuestas a hablar de sus relaciones pasadas con Schneiderman, animadas por el éxito pletórico del movimiento #MeToo contra el acoso sexual a las mujeres. Tanto éxito ha tenido la campaña, con la salida a la luz de numerosos casos y con la caída vertiginosa de nombres poderosos, que uno de los Premios Pulitzer de periodismo se ha concedido hace dos semanas conjuntamente al diario The New York Times y a la revista The New Yorker por la cobertura del #MeToo, castellanizado a #yotambien en el mundo hispano.

Eran rumores. Hasta que ayer lunes a las 6:47 de la tarde, hora de la costa este de EEUU, precisamente The New Yorker colgó en su web un largo artículo titulado ‘Cuatro mujeres acusan al Fiscal General de Nueva York de abuso físico’. Dos de las mujeres aparecen con su nombre: Michelle Manning Barish y Tanya Selvaratnam. Las otras dos quieren seguir en el anonimato. Pero sus relatos coinciden en datos escabrosos, escalofriantes y como escribió Trump inmediatamente con regodeo en uno de sus tuits, ‘asombrosos’. Tanto que se ha dicho de su trato con las mujeres y ahora le toca a un oponente.

Porque Scheneiderman no es un cualquiera. No sólo es Fiscal General de Nueva York, sino que se ha distinguido antes y durante el movimiento #Me Too como un beligerante con el abuso sexual. Cuando era senador estatal en 2010, y ya que los políticos, fiscales y jueces españoles debaten ahora sobre violencia, intimidación, agresión y abuso, Schneiderman cortó por lo sano y presentó un proyecto de ley para convertir en delito grave ‘el estrangulamiento hasta provocar la inconsciencia’ en alguien. Algo que se da mucho en las relaciones más o menos sado, como se ve en tantas series y pelis.

Más: Schneiderman ha apoyado a #MeToo en cada ocasión que ha podido, la última de ellas al conocerse los Pulitzer. Durante un tiempo, su departamento editó folletos con consejos a las hipotéticas victimas de abusos. Hace tres años, cuando empezaron a cundir los datos sobre las fechorías del productor de cine Harvey Weinstein, ejerció su autoridad sobre un fiscal de barrio para investigar. Weinstein, ya se sabe, se ha hundido con todo el equipo hace unos meses. Como oponente a Trump, Schneiderman ha luchado todo lo que ha podido contra la prohibición de viajar a EUU a los ciudadanos de siete países islámicos. Y trataba por todos los medios de lograr que puedan ser procesados por las leyes del estado personas que hayan sido indultadas por Trump a nivel federal. Y la caraba: en 2013 colgó un tuit en el que advertía al que todavía no se sabía que iba a llegar a la Casa Blanca (excepto la familia Simpson, que lo anticipó el año 2000): ‘Nadie está por encima de la ley’. Trump replicó entonces en otro tuit: ‘Veremos’. Y esta madrugada no se podido contener en su venganza: ‘¿Decías?’.

¿Qué denuncias hacen las cuatro mujeres que mantuvieron relaciones con Schneiderman? Michell Manning Barish dice lo siguiente en el reportaje: ‘De repente, me abofeteó con fuerza con la mano abierta’ y empezó a estrangularla (…) ‘Esto fue un juego sexual que se fue de las manos, yo no consentí a la agresión física’ (…) ‘Fue horrible, me zumbaba la oreja, perdí el equilibrio y caí de espaldas en la cama. Me quise poner en pie pero había poco espacio entre él y la cama, y él me empujó de nuevo y entonces usó el peso de su cuerpo para inmovilizarme y comenzó a estrangularme; fue muy duro, realmente fatal’.

Tanya Selvaratnam, de origen cingalés, añade que el fiscal habitualmente bebía en exceso durante las relaciones y que la llamaba ‘esclava morena’ y que era ‘de su propiedad’. Y más: ‘A veces me decía que le llamara amo, y me abofeteaba hasta que lo hacía’. La tercera mujer alega que la sometía sin consentirlo ella a violencia física. Y la cuarta también cuenta episodios de bofetadas cuando le rechazaba.

Menos de una hora tardó Schneiderman en colgar un tuit en el que negaba las acusaciones de las cuatro mujeres y se mantenía firme: ‘En la privacidad de unas relaciones íntimas he representado papeles y otras actividades sexuales consentidas. No he agredido a nadie. Nunca he realizado un acto sexual no consentido, que es una línea que no cruzaría’.

Pero el escándalo hizo estragos en ese tiempo récord de tres horas. Amigos suyos y otros cargos políticos le dijeron que no había más salida que dimitir. Como suele ocurrir en estos casos, aunque no en todos los países, no se dimite por admitir culpa, sino por una cuestión ética y pragmática: no se perjudica al partido ni a la institución, y así se puede dedicar todo el tiempo a defenderse.

Es lo que hizo Schneiderman al anunciar en un mensaje poco antes de las diez de la noche, cuatro de la madrugada de este martes en la península, que dimitía con efecto no inmediato, aunque sí al término de la jornada por razones prácticas: ‘Aunque estos alegatos no están relacionados con mi conducta profesional ni con el funcionamiento del Departamento, impedirán que pueda dirigir con eficacia el trabajo de la oficina en esta hora crítica. Por tanto, dimito al cierre de la jornada laboral del 8 de mayo de 2018’.

Pero este cuento no se ha acabado. Como dice en un editorial el diario New York Post: ‘Hay algo en la política de Nueva York que parece atraer a los sociópatas. La infame ‘cultura de corrupción’ del llamado Empire State está mucho más enferma de lo que pensábamos’. Y ya hay quien piensa que a la larga la dimisión de Schneiderman perjudica a Trump: invita a comparar el tiempo que tarda cada uno en dar la cara hacer frente a sus responsabilidades…

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