Aprovecha la vo­ra­cidad de los fondos y las ur­gen­cias de los com­pra­dores para vender ac­tivos di­fí­ciles

El tirón de los precios y la sequía de vivienda nueva ponen un puente de plata a la banca

En los cuar­teles ge­ne­rales de la banca hay con­signa: apro­ve­char al má­ximo el mo­mento

La vivienda en la eurozona
La vivienda en la eurozona

“En Madrid casi no hay vi­vienda nueva, y en Barcelona la si­tua­ción es un poco menos dra­má­tica dentro de la se­quía ge­ne­ral. Y este es­ce­nario no va cam­biar a corto plazo. La au­sencia de oferta se suma a la ne­ce­sidad de compra de las fa­mi­lias y el in­terés des­bo­cado de los fondos y di­buja un es­ce­nario per­fecto para la banca es­pañola, que está en dis­po­si­ción de su­perar de largo este año los más de 50.000 mi­llones que se quitó de en­cima el año pa­sado en ac­tivos in­mo­bi­lia­rios tó­xi­cos”.

La frase, que llega desde uno de los bancos españoles, demuestra hasta qué punto se han puesto las cosas de cara para los bancos españoles. Las cifras de venta empiezan a ser escandalosas en el centro de la capital donde, por ejemplo, en barrios emergentes como Lavapiés se están pagando entre los 4.500 y los 6.000 euros por metro cuadrado… por viviendas de segunda mano. Un mercado en ebullición donde los vendedores están encontrando una oportunidad histórica.

En los cuarteles generales de la banca hay consigna: aprovechar al máximo el momento. Aunque desde las inmobiliarias españolas se insiste en que la recuperación del mercado de la vivienda no ha hecho más que empezar, en el sector financiero se tiene claro que hay que sacar todo el partido a una coyuntura inmejorable. Y creen que el ritmo de limpieza de balance (45.000 millones en lo que va de año) puede crecer de forma incluso más generosa en lo que queda de 2018.

La banca española tiene ahora unas previsiones muy ambiciosas. Presionada por el Banco Central Europeo (BCE), espera rebajar incluso su riesgo inmobiliario a la mitad este mismo año respecto respecto a los casi 120.000 millones que sumaba al cierre de 2016 entre activos adjudicados y créditos malos. Una expectativa enclavada en un mercado muy caliente ajeno a las incertidumbres en claves interna y externa.

“Podemos marcar mucho las diferencias respecto a los bancos europeos. No hay en la zona euro un mercado más propicio para soltar lastre inmobiliario que el español. Ninguno está más caliente”, señalan en una entidad mediana que reconoce que el interés de los grandes fondos como Cerberus (convertido ya en la primera inmobiliaria española) Lone Star, Blackstone o Oaktree sigue en todo lo alto de cara a la segunda mitad de 2018.

“Resulta llamativo que nadie ha bajado el pistón a pesar de que continúa la incertidumbre política en Cataluña y de que el mapa político en el país está más fragmentado que nunca. Hay confianza en que España seguirá creciendo a velocidad de crucero y los precios están subiendo a toda velocidad. Además, también hay dudas sobre el impacto del ‘Brexit’ o las últimas medias de Donald Trump. Pero nadie quiere bajarse del tren en marcha”, señalan en una gran consultora inmobiliaria.

Son muchas las cartas buenas que tiene la banca en su mano para marcar las diferencias en Europa. Las entidades españolas creen que la reducción de activos tóxicos les permitirá diferenciarse también en Bolsa. Este año, los bancos italianos son los mejores de Europa con mucha diferencia en el mercado de valores, precisamente por el potencial de reestructuración que advierten los inversores. Pero la incertidumbre política en el país transalpino (la prima de riesgo ha doblado a la española) puede provocar un cambio de percepción.

La banca española puede ser la gran beneficiada a corto plazo. No es solo que su agujero de activos tóxicos sea muy inferior al italiano (nada menos que 270.000 millones de euros en préstamos dudosos), sino que el potencial de las entidades españolas para seguir reduciendo es muy superior. Tocada por el mantenimiento de los tipos al 0% en Europa, la banca nacional espera que la bonanza del mercado inmobiliaria sea la panacea para mantener muy vivo el interés de los inversores.

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