Monitor del Seguro

La ren­ta­bi­lidad media de las car­teras se ha re­du­cido un 74% en 4 años

Los tipos de interés aprietan… y ahogan

Un 20,3% de las ase­gu­ra­doras de No Vida tiene re­sul­tados téc­nicos ne­ga­tivos

Tipos de interés
Tipos de interés

La ren­ta­bi­lidad media de la car­tera de las ase­gu­ra­doras es­pañolas ha des­cen­dido desde el 5,65% del pe­riodo 2012-2013 al 1,47% en 2016-2017. El des­censo ha sido nada menos que de casi el 74%. Es un pro­blema ge­neral para todo el sec­tor, y no solo de los pe­queños. El margen fi­nan­ciero de los ramos de No Vida es el que más su­fre.

Se ha reducido un 28,9% entre 2009 y 2017, según los datos del informe ‘Impacto de los bajos tipos de interés en las aseguradoras del mercado español’ elaborado por ICEA en colaboración con Amundi. A finales del año pasado, un 11,8% de las compañías presentaba un resultado negativo frente al 7% de 8 años antes.

La situación se ha complicado sobre todo porque hay muchas entidades que hasta ahora salvaban las cuentas gracias a estos ingresos financieros. En concreto, a cierre de 2017, un 20,3% de las aseguradoras de No Vida presentaban pérdidas en el negocio puro asegurador, con resultados técnicos negativos. Este porcentaje se eleva al 40,5% en el caso del ramo de Autos.

La culpa de esta evolución la tiene el contexto de bajos tipos de interés. El asunto se enrevesa aún más porque se da otra circunstancia que juega en contra del sector. Miguel Ángel Rodríguez, colaborador de ICEA, explica que los tipos a la baja se dan normalmente en épocas de recesión, en las cuales la siniestralidad cae, lo que permite compensar en cierta forma los menores ingresos financieros. Ahora la situación no es esa. Hay tipos bajos y recuperación económica, momento en el que repunta la siniestralidad. El resultado, tanto técnico como financiero, peligra. Ante este panorama las entidades tienen una salida, ajustar las primas, es decir, subirlas. Pero aquí surge otro problema derivado de la enorme competencia que existe en el sector: si se suben primas se corre el riesgo de perder cuota de mercado.

Así están las cosas en No Vida, en Vida el resultado financiero se ha reducido menos, un 23,2% entre 2009 y 2017. El 19,4% de las compañías registra un resultado inferior al 3%, mientras que en 2009 eran solo el 8,1% de las aseguradoras. Miguel Ángel Rodríguez destaca que las entidades de Vida cuentan con un elevado casamiento entre activos y pasivos que inmuniza la cartera frente a movimientos de tipos. El impacto no viene, por tanto, por los compromisos ya adquiridos, si no por el nuevo negocio, ya que las compañías están teniendo muchas dificultades para ofrecer productos atractivos.

Y este efecto sí que ya es público y notorio. Esta pérdida de atractivo de los productos ha provocado que en el primer trimestre los seguros de Vida Ahorro recaudaran un 17,23% menos por la venta de pólizas que en el mismo periodo de 2017. La situación es complicada, pero no va a durar eternamente. Fernando Mata, CFO de Mapfre, aseguró en la presentación de los resultados trimestrales que “a partir de 2019 veremos una mejora de los productos tradicionales conservadores, que son a los que están acostumbrados nuestros clientes”.

Este desafiante panorama al que se enfrenta el sector asegurador surge por la situación de los tipos de interés, pero también por la propia estructura de la cartera. El volumen de inversiones de las aseguradoras españolas ascendía a finales de 2017 a 292.064 millones. El sesgo es eminentemente conservador. La renta fija representa el 73,8%, y dentro de ella, el 71,8% (el 53% de la cartera total) es deuda pública. Tras estos activos, los que más peso tienen son los depósitos y el efectivo, que representan el 8,8%.

Con esta estructura es complicado sortear el impacto de los tipos de interés. Toca cambiar. Pero aquí surge otro problema: Solvencia II incentiva la inversión en renta fija, especialmente en deuda pública, al considerar prácticamente nula su carga de capital. Jean Sorasio, director de Negocio Asegurador de Amundi, comenta que “el problema no son tanto los tipos de interés o la regulación más estricta, sino que tenemos las dos a la vez en Europa”. “Las compañías, por tanto, tienen que decidir si incrementan la rentabilidad de la cartera a costa de un mayor consumo de capital (siempre que puedan soportarlo) o si por el contrario sacrifican rentabilidad para minimizar el consumo de capital”, según explica ICEA en su informe.

¿Qué hacer? La clave podría encontrarse en el uso de los denominados activos alternativos, de los que tanto se habla en el sector actualmente. ICEA y Amundi han analizado cómo podrían las entidades reajustar su cartera de inversión para adaptarla al actual entorno de bajos tipos de interés y el coste que les supondría en términos de consumo de capital.

En un horizonte temporal a 1 año utilizando activos tradicionales (efectivo, depósitos, deuda pública, deuda corporativa, renta variable, IIC e inmuebles), el estudio muestra que si el sector sigue una política de inversión moderada, encaminada a mantener estable la rentabilidad de la cartera en el 3,9% (rentabilidad media del sector en 2015, según los últimos datos de la OCDE), el consumo de capital se incrementaría un 17,6% frente a la estrategia conservadora, que persigue mantener estable la estructura de la cartera. Si la política de inversión fuera arriesgada y lo que se buscara fuera incrementar en medio punto porcentual la rentabilidad, el aumento en el consumo de capital sería del 24,9%.

Ahora bien, si además de activos tradicionales se usan alternativos (como infraestructuras, capital riesgo, renta variable con protección o activos ligados a la inflación con duración cubierta) la cosa cambia. En este caso, además de reducirse la volatilidad y mejorar la rentabilidad, se logra rebajar el consumo de capital. En una estrategia moderada que incluya estos activos el ahorro en el consumo de capital es de un 12,7% frente a la misma estrategia con solo activos tradicionales. El ahorro alcanza el 10,9% en una estrategia arriesgada.

Este es el panorama: los tipos de interés próximos a cero presionan los márgenes, lo que obliga a buscar más rentabilidad asumiendo algo más de riesgo. Pero Solvencia II incentiva lo opuesto, la inversión en renta fija, de forma que adecuar la cartera al contexto con activos tradicionales tiene un elevado consumo de capital, un coste que se podría reducir con inversiones alternativas. Ahora la pregunta es, ¿están las aseguradoras y sus equipos de gestión preparadas para bucear en este sofisticado mundo alternativo? La rentabilidad media de las carteras se ha reducido un 74% en 4 años

Los tipos de interés aprietan… y ahogan

Un 20,3% de las aseguradoras de No Vida tiene resultados técnicos negativos

La rentabilidad media de la cartera de las aseguradoras españolas ha descendido desde el 5,65% del periodo 2012-2013 al 1,47% en 2016-2017. El descenso ha sido nada menos que de casi el 74%. Es un problema para el sector, y no de los pequeños. El margen financiero de los ramos de No Vida es el que más sufre. Se ha reducido un 28,9% entre 2009 y 2017, según los datos del informe ‘Impacto de los bajos tipos de interés en las aseguradoras del mercado español’ elaborado por ICEA en colaboración con Amundi. A finales del año pasado, un 11,8% de las compañías presentaba un resultado negativo frente al 7% de 8 años antes.

La situación se ha complicado sobre todo porque hay muchas entidades que hasta ahora salvaban las cuentas gracias a estos ingresos financieros. En concreto, a cierre de 2017, un 20,3% de las aseguradoras de No Vida presentaban pérdidas en el negocio puro asegurador, con resultados técnicos negativos. Este porcentaje se eleva al 40,5% en el caso del ramo de Autos.

La culpa de esta evolución la tiene el contexto de bajos tipos de interés. El asunto se enrevesa aún más porque se da otra circunstancia que juega en contra del sector. Miguel Ángel Rodríguez, colaborador de ICEA, explica que los tipos a la baja se dan normalmente en épocas de recesión, en las cuales la siniestralidad cae, lo que permite compensar en cierta forma los menores ingresos financieros. Ahora la situación no es esa. Hay tipos bajos y recuperación económica, momento en el que repunta la siniestralidad. El resultado, tanto técnico como financiero, peligra. Ante este panorama las entidades tienen una salida, ajustar las primas, es decir, subirlas. Pero aquí surge otro problema derivado de la enorme competencia que existe en el sector: si se suben primas se corre el riesgo de perder cuota de mercado.

Así están las cosas en No Vida, en Vida el resultado financiero se ha reducido menos, un 23,2% entre 2009 y 2017. El 19,4% de las compañías registra un resultado inferior al 3%, mientras que en 2009 eran solo el 8,1% de las aseguradoras. Miguel Ángel Rodríguez destaca que las entidades de Vida cuentan con un elevado casamiento entre activos y pasivos que inmuniza la cartera frente a movimientos de tipos. El impacto no viene, por tanto, por los compromisos ya adquiridos, si no por el nuevo negocio, ya que las compañías están teniendo muchas dificultades para ofrecer productos atractivos.

Y este efecto sí que ya es público y notorio. Esta pérdida de atractivo de los productos ha provocado que en el primer trimestre los seguros de Vida Ahorro recaudaran un 17,23% menos por la venta de pólizas que en el mismo periodo de 2017. La situación es complicada, pero no va a durar eternamente. Fernando Mata, CFO de Mapfre, aseguró en la presentación de los resultados trimestrales que “a partir de 2019 veremos una mejora de los productos tradicionales conservadores, que son a los que están acostumbrados nuestros clientes”.

Este desafiante panorama al que se enfrenta el sector asegurador surge por la situación de los tipos de interés, pero también por la propia estructura de la cartera. El volumen de inversiones de las aseguradoras españolas ascendía a finales de 2017 a 292.064 millones. El sesgo es eminentemente conservador. La renta fija representa el 73,8%, y dentro de ella, el 71,8% (el 53% de la cartera total) es deuda pública. Tras estos activos, los que más peso tienen son los depósitos y el efectivo, que representan el 8,8%.

Con esta estructura es complicado sortear el impacto de los tipos de interés. Toca cambiar. Pero aquí surge otro problema: Solvencia II incentiva la inversión en renta fija, especialmente en deuda pública, al considerar prácticamente nula su carga de capital. Jean Sorasio, director de Negocio Asegurador de Amundi, comenta que “el problema no son tanto los tipos de interés o la regulación más estricta, sino que tenemos las dos a la vez en Europa”. “Las compañías, por tanto, tienen que decidir si incrementan la rentabilidad de la cartera a costa de un mayor consumo de capital (siempre que puedan soportarlo) o si por el contrario sacrifican rentabilidad para minimizar el consumo de capital”, según explica ICEA en su informe.

¿Qué hacer? La clave podría encontrarse en el uso de los denominados activos alternativos, de los que tanto se habla en el sector actualmente. ICEA y Amundi han analizado cómo podrían las entidades reajustar su cartera de inversión para adaptarla al actual entorno de bajos tipos de interés y el coste que les supondría en términos de consumo de capital.

En un horizonte temporal a 1 año utilizando activos tradicionales (efectivo, depósitos, deuda pública, deuda corporativa, renta variable, IIC e inmuebles), el estudio muestra que si el sector sigue una política de inversión moderada, encaminada a mantener estable la rentabilidad de la cartera en el 3,9% (rentabilidad media del sector en 2015, según los últimos datos de la OCDE), el consumo de capital se incrementaría un 17,6% frente a la estrategia conservadora, que persigue mantener estable la estructura de la cartera. Si la política de inversión fuera arriesgada y lo que se buscara fuera incrementar en medio punto porcentual la rentabilidad, el aumento en el consumo de capital sería del 24,9%.

Ahora bien, si además de activos tradicionales se usan alternativos (como infraestructuras, capital riesgo, renta variable con protección o activos ligados a la inflación con duración cubierta) la cosa cambia. En este caso, además de reducirse la volatilidad y mejorar la rentabilidad, se logra rebajar el consumo de capital. En una estrategia moderada que incluya estos activos el ahorro en el consumo de capital es de un 12,7% frente a la misma estrategia con solo activos tradicionales. El ahorro alcanza el 10,9% en una estrategia arriesgada.

Este es el panorama: los tipos de interés próximos a cero presionan los márgenes, lo que obliga a buscar más rentabilidad asumiendo algo más de riesgo. Pero Solvencia II incentiva lo opuesto, la inversión en renta fija, de forma que adecuar la cartera al contexto con activos tradicionales tiene un elevado consumo de capital, un coste que se podría reducir con inversiones alternativas. Ahora la pregunta es, ¿están las aseguradoras y sus equipos de gestión preparadas para bucear en este sofisticado mundo alternativo?

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