OPINIÓN

Cataluña: la cabeza (artística) de Alfredo García

La Guerra Civil en Cataluña.
La Guerra Civil en Cataluña.

Al fin, los dos par­tidos con más re­pre­sen­ta­ción par­la­men­taria se van a poner de acuerdo para ac­tuar, una vez que le han visto las orejas al lobo del in­de­pen­den­tismo y los dos col­mi­llos al tigre de las en­cuestas que ame­naza con de­vo­rar­los. No es para me­nos, porque hasta ahora el par­tido so­cia­lista siempre había sido re­nuente a los grandes asuntos de es­tado, mien­tras que el par­tido gu­ber­na­mental pedía esa ayuda, pero sin dar nin­guna ex­pli­ca­ción.

Ahora, en el desafío separatista de la autonomía del noreste de España las cosas parece que se han puesto favorables, dado que el nuevo presidente de la Generalidad es un supremacista, un odiador sin remilgos y un racista convicto y confeso, gracias a los tuits, artículos escritos y declaraciones a los medios, aunque todavía no haya comparecido por ello ante un tribunal.

Con esas pruebas, gobierno y oposición deben convencer a Europa de quienes son los independentistas y en qué consiste el llamado proceso. Las autoridades alemanas competentes no deben tardar en entregar a Puigdemont a los jueces españoles encargados de juzgar el golpe a la Constitución de octubre pasado.

Es una ocasión también para que la sociedad española, y en particular los ciudadanos leales de Cataluña, que son la mayoría, recuperen la autoestima que hace mucho tiempo se ha perdido (si exceptuamos la celebración de los éxitos deportivos internacionales). El gobierno y la oposición responsable tienen que liderar una reacción en su justa medida cuando llegue el momento oportuno.

Se ha perdido con asuntos de gran calado y con otros aparentemente más nimios, como lo sucedido en el reciente concurso musical de Eurovisión.

¿Cómo es posible que los representantes hayan sido una pareja de maleducados y malcriados, que han insultado a todos los españoles con un libro titulado España de mierda? ¿Qué han sentido los responsables de TVE al ver lo que pasaba? Podía haberles inspirado el título de aquella película de Sam Peckinpah Quiero la cabeza de Alfredo García (en esta ocasión la cabeza artística, claro), film que más de una una vez han ofrecido a los telespectadores.

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