Fundamental: crear car­teras que puedan ma­nejar va­rios tipos de riesgo, no solo uno

Cinco claves para invertir bien en Bolsa

Los ex­pertos de Morningstar enu­meran las ac­tua­ciones más exi­tosas en el mer­cado

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Oficinas de Morningstar en Madrid.

Hasta los más ope­ra­dores más ve­te­ranos toman de­ci­siones erró­neas a la hora de tomar po­si­ciones en Bolsa. El riesgo cero no existe. El propio Warren Buffet, el gran gurú de los mer­ca­dos, ha mor­dido el polvo al­guna vez. Uno de sus más re­cientes equi­vo­ca­ciones fue la compra del 4% en la com­pañía bri­tá­nica Tesco que aca­baría ce­rrando en 2013. Pero la cues­tión no es perder al­guna vez sino contar con las he­rra­mientas ne­ce­sa­rias para acabar te­niendo un ba­lance fa­vo­ra­ble.

En este sentido, los expertos de Morningstar consideran que hay cinco claves fundamentales para invertir correctamente en Bolsa.

El primero es reducir al máximo posible los costes. Este no es solo un factor que conduce al éxito, sino que además es uno de los más fáciles de controlar, según la firma. La inversión en Bolsa conlleva numerosos costes (ahora perfectamente identificados por la normativa Mifid II) ya sean de transacción, cobertura, mantenimiento o costes de oportunidad.

A corto plazo, pueden parecer poca cosa, pero a largo plazo suelen afectar significativamente la rentabilidad. Mirar los costes como un obstáculo, como un “impuesto” sobre el rendimiento futuro es el primer paso para poder minimizarlos adecuadamente y mejorar tanto la forma como la mentalidad de invertir.

El segundo factor a tener en cuenta es entender lo que no es importante. Hay que separar el grano de la paja. En el corto plazo existe una gran cantidad de información macroeconómica e incluso política que puede afectar a las inversiones y que conviene conocer. Sin embargo, intentar hacer predicciones de todos los acontecimientos será una pérdida de tiempo e incluso peligroso porque los pronósticos raramente se hacen con éxito.

Invertir, señalan en Morningstar, consiste en lidiar con la incertidumbre. Por lo tanto, es importante saber dónde están los elementos que podemos controlar con mayor o menor certeza y tratar de protegernos de lo que no controlamos. Este tipo de enfoque ayuda a mantener la cabeza fría cuando los mercados están atrapados en fases de pánico o euforia.

El tercer elemento es lo que en la firma llaman la gestión de los espíritus animales. Estar demasiado encima de las inversiones tendrá como resultado un comportamiento gregario e irracional. Benjamin Graham es famoso por recordar que el peor enemigo de cualquier inversor no es otro que nosotros mismos.

La toma de decisiones consiste tanto en comprender el valor intrínseco de un activo como en controlar los sesgos psicológicos que nos llevarán a perder potencialmente la oportunidad de comprarlo en el momento adecuado, o a abstenernos de actuar.

En el contexto actual, esto es aún más cierto. Operamos en un entorno en el que los mercados han progresado sobre un fondo de lenta mejoría económica y en el que los niveles de valoración de la mayoría de las clases de activos son particularmente ajustados. Así es difícil no caer en la tentación de invertir con la multitud y seguir la tendencia.

Sin embargo, es precisamente en estas fases cuando es necesario distanciarse y permanecer disciplinado, respetando al mismo tiempo las limitaciones establecidas para la construcción de su distribución de activos a largo plazo.

La cuarta clave está en invertir con un margen de seguridad. Para los analistas de Morningstar correr detrás de las rentabilidades es la mejor manera de perder dinero. Por otra parte, ir a contracorriente es una buena manera de exponerse, a veces un poco antes, a las clases de activos que ofrecerán los mejores rendimientos (siempre que se preste atención al precio pagado y a los fundamentales).

Poder invertir con un margen de seguridad, es decir, cuando el precio es significativamente inferior al valor intrínseco de un valor, es la mejor manera de obtener una rentabilidad razonable con un riesgo controlado. Reduce las posibilidades de cometer errores y protege contra los errores de valoración de los activos, que son inevitables.

Un último factor para invertir lo mejor posible pasa por ser conscientes de los riesgos imprevistos. Muchos inversores con talento han acabado arruinados por un exceso de confianza al exponerse a un riesgo inesperado o mal anticipado. El riesgo está en todas partes, pero nuestros hábitos nos llevan a entender solo los riesgos claramente identificados.

Cometer el menor número de errores posible significa crear carteras que puedan manejar varios tipos de riesgo, no solo uno. Es importante, señalan en Morningstar tener un enfoque holístico del riesgo. Esto ilustra la importancia de la diversificación y de comparar siempre el potencial al alza y a la baja de una oportunidad de inversión.

Diversificar el riesgo también significa evitar la exposición a los mismos factores macroeconómicos o fundamentales que pueden afectar a diferentes clases de activos.

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