Crecen los te­mores por una po­sible re­ce­sión en la pri­mera eco­nomía del mundo

Los bonos encienden la alarma en los mercados mundiales

El nor­te­ame­ri­cano a 10 años su­pera la línea roja del 3% y pro­yecta una subida más fuerte de los in­tereses

bolsa
Sube el rendimiento del bono.

Un nuevo in­gre­diente ha ve­nido a em­peorar las ex­pec­ta­tivas de los mer­cados fi­nan­cieros en Estados Unidos y, por sim­pa­tía, del resto del mundo. El tipo de in­terés del bono a diez años ha al­can­zado el nivel del 3%, con­si­de­rado como un in­di­cador in­fla­cio­nista y hace temer por un en­du­re­ci­miento en la senda al­cista de los tipos de in­te­rés. Una cir­cuns­tancia que po­dría al­terar la hoja de ruta del FED y, ob­via­mente, la del Banco Central Europeo (BCE).

El tipo de rendimiento del denominado treasury bond, la deuda estadounidense a diez años, superaba la cota del 3%, un nivel desconocido desde hace cuatro años. Se trata de una línea roja que constituye una alarma inflacionista y, en consecuencia, indicador adelantado de un posible endurecimiento de la política monetaria. En lo que va de abril, los tipos de la deuda estadounidense han subido un cuarto de punto.

El precio del dinero se encuentra al alza en Estados Unidos desde hace tres ejercicios. Después de siete años al 0% para combatir la crisis, la Reserva Federal comenzó a subir los tipos de interés, de una forma gradual. Un cuarto de punto en 2015, otro cuarto en 2016, tres alzas de un cuarto en 2017 y una última en marzo, para recibir al nuevo presidente de la Fed, Jerome Powell.

Los analistas estiman que el banco central estadounidense aplicará un ritmo de subida de tipos de 0,25 puntos en cada trimestre, lo que significa que en lo que resta de año podría elevar un total de 0,75 puntos, desde el actual nivel del 1,5%. La ruptura de la resistencia del 3% en el rendimiento de la deuda a diez años hace temer por una eventual cuarta subida en este año.

Ajuste económico

La preocupación de los cambistas norteamericanos se centra en que la situación pueda conducir a una pérdida del dinero disponible en manos de los ciudadanos y las empresas. Los mercados anticipan situaciones y el futuro habla de que unos tipos de interés más elevados van a reducir la capacidad de gasto de los agentes económicos, al verse obligados éstos a destinar mayores fondos para el pago de sus deudas hipotecarias en el momento de su renovación o los créditos empresariales, por no hablar de futuras emisiones de bonos corporativos.

De la situación de Estados Unidos no resulta ajena Europa, porque el Banco Central Europeo iniciará en el segundo semestre de este año la vuelta a la senda alcista en el precio del dinero, así como comenzará a retirar los fondos que ha prestado a los mercados por la vía de la adquisición de títulos de deuda de los estados, así como de las compañías privadas.

Pero aún hay más. En Estados Unidos se ha destapado la caja de los truenos ante la posibilidad de que la forma de la curva de los tipos se invierta. Eso significa el tipo de los bonos a medio plazo superaría a los del largo plazo, lo que se traduce que el rendimiento del dos años quedaría por encima del 10 años. Esta circunstancia ha precedido a todas las recesiones en EEUU desde los años 70, lo que lleva haciendo temblar las piernas de los operadores de Wall Street desde hace semanas. Una circunstancia que se sumaría a la posibilidad del encarecimiento de la financiación de las empresas. Cualquiera de estas dos contingencias perjudica el clima empresarial en Europa y en España.

Estos temores se han saldado esta semana con varias jornadas de inestabilidad en los mercados de valores mundiales.

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