ANÁLISIS

Comercio exterior: crecen las exportaciones pero menos

Las me­didas pro­tec­cio­nistas de Trump to­davía no han hecho mella

Olivos
Las aceitunas, en el punto de mira.

Después de un des­ca­rado co­queteo con el pro­tec­cio­nismo, la ad­mi­nis­tra­ción de Donald Trump se ha des­col­gado con una agre­siva subida aran­ce­laria para el acero, el alu­minio y el anuncio de más in­ter­ven­cio­nes. Los ex­por­ta­dores es­pañoles de acei­tuna negra ya su­fren desde el pa­sado enero un arancel adi­cional del 17,3%, con la ex­cusa de prac­ticar una co­rrec­ción an­ti-­dum­ping ba­sada en los be­ne­fi­cios co­mu­ni­ta­rios que re­ciben los pro­duc­tores eu­ro­peos.

Pero, contrariamente a España, ni Portugal ni Grecia, que también son beneficiarios de la PAC, han recibido el mismo correctivo. Los productores californianos temen al contingente español de 70 millones de dólares anuales.

Hasta los años 60, los EEUU eran nuestro principal cliente y nuestro primer proveedor. Actualmente, las exportaciones españolas a EEUU equivalen al 50% de las que se dirigen a Portugal. La exportación española a EEUU asciende al 4% del total de nuestras ventas frente al 67% que se envía a la UE.

Sin embargo, el ruido ya instalado en el sistema de intercambios no sólo amenaza a los chinos directamente sino al resto de la comunidad internacional, que será objetivo preferente de las mercancías asiáticas castigadas por las subidas de los aranceles; cargas sueltas que llegan cuando el precio del barril del petróleo está por encima de los 70 dólares.

En los dos primeros meses de este año, las ventas al exterior crecieron a una tasa interanual del 4,4%. Un nuevo récord exportador pero un incremento modesto. Las importaciones crecieron un 4,6% y el saldo comercial fue un 6,3% más elevado que el del pasado enero-febrero de 2017. La tasa de cobertura exportación-importación se ha situado en el 88,2%, todavía muy superior a la de los años 2009-2012 pero inferior a la del último lustro.

Se mantiene estable el superávit con la UE aunque se recorta el que registra con la zona euro. El déficit con los países no comunitarios ha seguido creciendo en los dos primeros meses de este año hasta los 8.976 millones de euros (8.605 millones en 2017). China ha aumentado sus ventas a España en un 8%, el doble que las importaciones totales y se sitúa como nuestro tercer suministrador por detrás de Alemania y Francia, pero con unas ventas a España un 50% superiores a las que realiza el Reino Unido o los EEUU.

Las importaciones españolas procedentes de Asia (excluido el Oriente Medio) son ya una quinta parte del total, con un avance interanual que supera el doble de las importaciones totales (Corea e India ganan cuota de mercado) y son tres veces más elevadas que las ventas españolas a esa región. Las exportaciones crecen pero por vez primera en los últimos años su ritmo de avance es inferior al de la zona euro, 6,2% o al de la eurozona 5,7%.

La Encuesta de Coyuntura de la Exportación del primer trimestre del 2018 recoge un descenso del índice que mide la actividad exportadora de casi un punto con el registrado en el último trimestre. El descenso se debe fundamentalmente a una caída de tres puntos en la cartera de pedidos. La preocupación más llamativa se centra en el impacto que los precios de las materias primas pueden tener en la competitividad de los productos españoles exportados.

Las exportaciones, en todo caso, siguen registrando records de ventas y como quiera que el turismo mantiene su dinamismo la balanza de bienes y servicios mantiene el superávit. Este superávit permite conservar un excedente de ahorro con el resto del mundo de unos 23.000 millones de euros anuales (el 2% del PIB).

La importancia de este indicador confirma nuestra recuperación financiera (particulares y empresas) a pesar de que el déficit de las cuentas públicas no acaba de corregirse y obliga a acudir a los mercados de deuda para financiar la diferencia entre ingresos y gastos.

Trump con sus vaivenes proteccionistas y el crecimiento del precio del petróleo y de otras materias primas se plantea en medio de esas distracciones, catalanas y madrileñas, que desvían la atención de los auténticos problemas que afectan y amenazan a los ciudadanos.

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