OPINIÓN

Cataluña, o presidente o elecciones

Puigdemont re­clama desde Berlín la pa­ciencia que no tiene

Carles Puigdelmont
Carles Puigdelmont

El reloj va co­rriendo hacia el día 22 de mayo, fecha tope para que Cataluña tenga un pre­si­dent y go­bierno de la Generalitat, o haya que ir de nuevo a unas elec­ciones que po­drían ce­le­brarse el 17 de ju­lio. Carles Puigdemont pidió pa­cien­cia, desde Berlín, mien­tras la mesa del Parlament de Catalunya pre­para una mo­di­fi­ca­ción del re­gla­mento para poder elegir a un can­di­dato a la pre­si­den­cia, que sería Puigdemont, sin ne­ce­sidad pre­sen­cial. A sa­biendas que tal re­forma será tum­bada por los tri­bu­na­les, abriendo el ca­mino o hacia la que sería la quinta pro­puesta a pre­si­dente, tras Puigdemont, Sánchez, Turull y, de nuevo, Puigdemont.

Mientras continúa el jeroglífico político y jurídico todos los partidos independistas apuntan que habrá presidente y gobierno en las próximas semanas. ¿Quién será el quinto jinete presidenciable? De momento siguen sonando candidatos del partido presidencialista de Puigdemont, Junts per Catalunya, coaligado al PDECat.

Pero también hay nombres de independientes, donde destaca Ernest Maragall, vinculado a ERC. Sería una solución interina cara unas futuras elecciones a medio plazo. A no ser que el reloj electoral les pille por sorpresa y el 22 de mayo queden convocadas automáticamente unas nuevas elecciones que, dicen y repiten, nadie desea pero tampoco hay que excluir.

De ir de nuevo a las urnas en verano, ningún partido está seguro de sacar mejor resultado que en las celebradas el pasado 20 de diciembre, impuestas por el gobierno de Mariano Rajoy en virtud de la aplicación del artículo 155. Nadie excepto, quizás, Carles Puigdemont que vislumbra capitalizar una mejora de su partido tras las vicisitudes jurídicas vividas en Alemania.

De aquí al verano pueden pasar muchas cosas, incluido el condicionante de que el gobierno de Rajoy deba prorrogar los presupuestos, a falta de los votos del PNV que mantiene firme su postura de no aprobarlo mientras dure la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Lo único que parece, más o menos, inalterable a la batalla político jurídica en el marco catalán, es la marcha de la economía. Los indices de crecimientos se mantienen en lo previsto, las exportaciones siguen aumentando, el aeropuerto del Prat continua batiendo records, la importante cita de Alimentaria cerrara con un gran éxito y las previsiones de reservas turísticas para el verano parecen más pendientes del aumento de precios hoteleros y de servicios a que haya, o todavía no, un Govern en el Palau de la Generalitat. Todo ello rematado con unas previsiones de crecimiento del PIB para España del 2,8 % y escaso impacto por la situación en Cataluña, según el Fondo Monetario Internacional.

Estamos en una confrontación de desgaste mutuo que, además, ha adquirido dimensión europea con sus órdenes y contra órdenes jurídicas en las que todo es según el color del cristal con que se mira. Con las eurordenes de extradición al juez Llarena se le han abierto frentes en Bruselas, Berlín y Edimburgo y el independentismo intenta jugar sus bazas, incluso tras la disolución del DiploCat, que era la red que propagaba la buena nueva catalana allende las fronteras. Así las cosas todas las hipótesis continúan abiertas, incluida la de una cita veraniega con las urnas de imprevisibles resultados.

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