AMÉRICA LATINA

Venezuela y corrupción, en la Cumbre de las Américas

Colombia y Estados Unidos, en un frente común frente a Caracas

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela

La VIII Cumbre de las Américas ter­minó este pa­sado fin de se­mana con una im­por­tante no­ve­dad: el po­pu­lismo de iz­quier­das, que en el pa­sado daba color y ca­rácter a estas con­fe­ren­cias, se vio arrin­co­nado en Lima porque des­pués de la an­te­rior, ce­le­brada hace dos años, un nú­mero im­por­tante de países la­ti­noa­me­ri­canos ab­ju­raron de su en­can­ta­miento en elec­ciones pre­si­den­cia­les, no­ta­ble­mente Perú, Ecuador, Brasil, Argentina y Chile, que hoy tienen go­biernos más com­pro­me­tidos con la li­ber­tades eco­nó­micas y so­cia­les.

El dudoso honor de mantener esa bandera bolivariana en Lima correspondió al presidente de Bolivia, Evo Morales, que se vio aislado en su defensa de la ejecutoria social y política del presidente Nicolás Maduro, ausente de la conferencia por el veto de una serie de países hermanos (el llamado Grupo de Lima), atemorizados por las consecuencias del desplome económico de Venezuela, su crisis humanitaria y la emigración masiva hacia las naciones vecinas. Morales defendió desde su aislada trinchera que los países latinoamericanos deberían unirse para hacer frente al capitalismo impuesto por Washington.

Varios de los presidentes denunciaron el hecho de que el gobierno de Caracas ha rechazado las ofertas de ayuda que le hicieron para ayudarle a aliviar algunas de las más graves penurias que sufre la población, especialmente alimentos básicos y medicinas.

Colombia es el país que más refugiados recibe a través de sus fronteras, seguido de Brasil. Los Estados Unidos han ofrecido a Bogotá cerca de $20 millones como refuerzo a la ayuda que este vecino de Venezuela presta a los cientos de miles que han escapado a las privaciones causadas por el caos venezolano. Según el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, el 15% de la población venezolana ya ha emigrado a otros países, especialmente a Colombia.

Santos se mostró en la ‘Cumbre’ como interlocutor principal de los Estados Unidos para la cuestión venezolana. En Lima se reunió con el vicepresidente Mike Pence y anunció a los reunidos que “el presidente Donald Trump nos ha animado a llevar en esta situación toda la presión que podamos para que, trabajando con nuestros aliados, llevemos la democracia a Venezuela”.

También hubo en Lima indicios de que los Estados Unidos, a partir de ahora, tomarán una actitud más activa para presionar a la Venezuela del presidente Maduro con el fin de que se abra a la democracia. Colombia se beneficia particularmente de la ayuda de los Estados Unidos. El Congreso acaba de aprobar una dotación de $391 millones para los diversos programas que mantiene con ese país. De esa suma, el 25% se dedica a la lucha contra el narcotráfico, y otra parte va a programas de cooperación militar.

Queda por ver el impacto de dos recientes nombramientos de Trump (Mike Pompeo para la secretaría de Estado y John Bolton como consejero nacional de Seguridad, dos ‘duros’ en materia internacional) sobre la posición, relativamente confortable desde el punto de vista de la seguridad, disfrutada hasta ahora por el régimen venezolano. Uno de los líderes de la oposición venezolana, Julio Borges, refugiado en Madrid e invitado al encuentro de Lima, dio cifras de la crisis humanitaria que vive Venezuela: de los 26.000 comedores escolares, apenas están abiertos 11.000 y tres millones de ciudadanos se hallan en ‘pobreza crítica’. Borges también aportó cifras de inflación, que ilustran el desastre económico del país: en lo que va de año, 453%, y se calcula que llegará al 8.878% a final de año. El último informe del FMI sobre Venezuela prevé una caída del 15% del PIB, y una inflación probable del 13.000%.

El resultado más significativo de la ‘Cumbre’ ha sido el rechazo de dieciséis países a la celebración de elecciones presidenciales en Venezuela el próximo mayo, decisión tomada unilateralmente por el gobierno de Maduro, al margen de los procedimientos constitucionales y con la oposición maniatada.

La cuestión venezolana fue sólo una de las dos caras de la ‘Cumbre’. La otra fue la lucha contra la corrupción, mal que afecta prácticamente a todos los regímenes (democráticos o no) de la región. Uno de los presentes, el brasileño Michel Temer, llegó a Lima perseguido por una estela de escándalos de corrupción que todavía no le han alcanzado de lleno. No es la primera vez que los mandatarios latinoamericanos se pronuncian contra la corrupción política. Ha habido otras ocasiones, y siempre queda como cuestión a rematar en la próxima Cumbre.

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