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Alarma del Banco Mundial por la desigualdad y el auge del populismo en la UE

España está un 2% por en­cima de Reino Unido en valor aña­dido por hora tra­ba­jada, pero en Luxemburgo es un 78% más y en Irlanda un 72% más

Integración europea
Integración europea

Es la prueba del 15, pone el dedo en la llaga y pro­voca más de un es­ca­lo­frío con sólo in­tentar adi­vinar qué viene des­pués. Esta es la prueba: du­rante los úl­timos 15 años, el nú­mero de puestos de tra­bajo tec­no­ló­gicos en las ciu­dades dentro de la Unión Europea se ha in­cre­men­tado en un 15%, y el nú­mero de em­pleos ma­nuales de baja cua­li­fi­ca­ción en áreas ru­rales se ha re­du­cido en otro 15%. Es una de las re­cetas más ex­plo­sivas que tal vez ex­plica el auge de los po­pu­lis­mos.

Lo dice Kristalina Georgieva, y sabe de lo que habla. No sólo porque sea la directora general del Banco Mundial, sino porque durante bastantes años fue comisaria y vicepresidenta de la Comisión Europea. En unas declaraciones a Financial Times con motivo de la publicación este jueves de un informe sobre las desigualdades regionales en la UE, Georgieva no puede por menos que llamar la atención sobre esos europeos con menos formación: ‘Si no se les presta atención, hay riesgo de que se sientan excluidos, desilusionados, abandonados; serán terreno fértil para el populismo’.

Arup Banerji, otro alto funcionario del Banco Mundial al frente de la sección de la UE, hace en The Daily Telegraph otro comentario desalentador: ‘La UE está creciendo, pero los europeos no están creciendo unidos’. Es otra forma de referirse al desfase norte-sur, este-oeste, antiguos-nuevos miembros. Un desfase que en términos generales se ha reducido, según el informe, al avanzar la convergencia. Por ejemplo, en los 15 años 2000-2015, Polonia ha remontado desde el 50% de la media de la UE en renta per cápita al 69%.

Pero esa convergencia ‘enmascara crecientes desigualdades’ dentro de cada país. Vuelve a hablar Georgieva: ‘Nuestro diagnóstico dice que la máquina de convergencia de la UE todavía funciona, pero no para todos’. O sea, que se materializa la terrible premonición de Orwell en ‘Rebelión en la granja’ sobre que ‘todos somos iguales pero unos somos mas iguales que otros’.

Algunos datos del informe insisten en la desaparición de trabajos manuales: los países que más se resienten son Bulgaria, Italia, Grecia, Rumania, Eslovenia, Hungría, Letonia y Austria. Y sobre la educación, en algunos países más del 30% de los jóvenes de 15 años no llegan a un nivel mínimo de alfabetización o conocimientos básicos. Se trata de Bulgaria, Rumania, Grecia, Malta y Eslovaquia. Pero es que hay otros, incluida toda una Francia ilustrada, en los que esa falta de formación supera el 20%.

Como los datos del informe se detienen en 2015, España aparece en otra categoría para no enorgullecerse: junto a Italia y Grecia, se alineaba durante la crisis entre los países con bajo crecimiento. Ahora ya lleva casi cuatro años en los puestos de cabeza. En un análisis más general, la teoría y la tendencia de que los países con baja renta crecían con mayor rapidez se está resquebrajando. Ahora hay riesgo de que en ausencia de buena formación en las nuevas tecnologías, esos países más atrasados también queden a la cola en crecimiento.

La brecha en productividad tampoco es alentadora. En el quinquenio 2011-2016, el aumento medio de la productividad en los países ricos del norte de la UE fue del 1,5%, mientras en los países del sur se quedó en un pobre 0,2%.

Un gráfico en el Telegraph sobre el aumento del valor añadido por hora trabajada da perfectamente la medida de la desigualdad: con una media 0 en Reino Unido como punto de referencia, España está justo por encima, un 2% más. Pero en Luxemburgo es un 78% más, en Irlanda un 72% más y hasta en Italia un 12% más. Por debajo: República Checa (-24%), Portugal (-31%), Hungría (-32%) y Polonia (-38%). Todo en datos de 2015.

Corolario: más desigualdad, menos convergencia, como dice Georgieva: si durante los últimos 60 años la UE ha sido un motor de prosperidad para los países miembros y para sus habitantes, en la actualidad ‘la máquina se detendrá a menos que se tomen medidas para garantizar que la gente se beneficie en la misma medida’.

En tales circunstancias, no es de extrañar el dato de una encuesta recogida en el informe: más de la mitad de los europeos no confían ni en sus Gobierno ni en la UE para la solución de sus problemas. Ahí está el renacimiento del populismo.

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