El papel de la CNMV en de­ter­mi­nadas em­presas se en­cuentra bajo es­cru­tinio pú­blico

Duro Felguera y Abengoa, o cómo los minoritarios pagan los excesos familiares

Los Benjumea y los Arrojo son ejem­plos de cómo se an­te­pone siempre el in­terés ma­yo­ri­tario

CNMV
CNMV bajo sospecha.

Empresas fa­mi­liares que acaban prác­ti­ca­mente en la quiebra y re­sultan re­es­truc­tu­ra­das, pre­via­mente pa­sadas por la Bolsa. ¿Les suena? Parece que la his­toria se re­pite para al­gunas com­pañías. Fue el caso de Abengoa y ahora le toca a Duro Felguera. Las dos, con­tro­ladas por grandes fa­mi­lias, rea­li­zaron ma­nio­bras muy si­mi­lares de­jando de lado a los ac­cio­nistas más mi­no­ri­ta­rios, mien­tras que el re­gu­lador se ha man­te­nido al margen de estos mo­vi­mien­tos. El pa­ra­le­lismo sor­prende.

Las situaciones tienden a reiterarse de manera sorprendente en el ámbito empresarial español. Es el caso de Duro Felguera o el de Abengoa, cuyos relatos traen de cabeza a miles de pequeños ahorradores e inversores que han visto desprotegido su capital con el curso de los acontecimientos y con las pocas garantías que han recibido por parte de las instituciones reguladoras. Y es que, en los dos casos, han salido absolutamente perjudicados al ver menguado la proporción de sus acciones para sortear la posibilidad de quiebra por parte de las compañías.

El último caso, el de Duro Felguera, no ha estado exento de polémica. La inyección de capital por 125 millones de euros, que dará a los inversores que acudan a la Oferta Pública de Suscripción (OPS) entre el 89% y el 91% del capital de la firma, hace recordar al momento en el que Abengoa cambió de manos para evitar su hundimiento total.

Las entidades financieras dieron su aprobación al plan de salvamento, quedándose con el 6% de la nueva compañía. Sin embargo, no tiene intención de entrar en su accionariado. De hecho, entrarían mediante dos tipos de vehículos convertibles que podrán activar dentro de dos ejercicios, después de que se tome la decisión de ampliar capital para afrontar los siguientes pasos a seguir.

Entre las metas de Duro Felguera se encuentra la de sortear momentos como los que se observaron con Isolux, compañía que terminó echando el cierre o, efectivamente, Abengoa. De esta manera, en el caso de la compañía asturiana, los accionistas actuales se quedarán con entre el 3 y el 5% de la sociedad. Y es que la dilución será prácticamente del 95%, de tal forma que las familias Arrojo y Arias, los que poseen mayor porcentaje del capital del grupo, verán reducida al mínimo su participación.

De igual modo, la firma andaluza realizó una maniobra prácticamente calcada perjudicando a sus inversores. Su acuerdo de reestructuración provocó que los accionistas de la empresa pasaran de controlar el 100% al 5%, mientras que los bonistas y 'hedge funds' tomaron el 50% de la compañía, frente al 40% para la banca acreedora. El 5% restante queda en manos de avalistas. Los acreedores, de hecho, sufrieron una quita del 97%, mientras que el 3% restante quedaba articulado a través de deuda con vencimiento a diez años.

Benjumea, Arrojo y Arias, caminos paralelos

Por tanto, las familias controladoras de estas compañías han llevado sendas casi idénticas para conseguir su salvación: olvidarse del accionariado de pequeños ahorradores y centrarse en las grandes cifras. Además, con la observación de la CNMV, que en ninguno de los dos casos se ha centrado en las reclamaciones de los inversores minoristas.

El miedo se traslada ahora a ver qué respuesta siguen dando estos entramados familiares. Como ejemplo reciente, el caso de Felipe Benjumea, que recibió una indemnización millonaria de 11,48 millones de euros al cesar sus actividades, mientas que Sánchez Ortega siguió sus pasos al llevarse 4,48 millones de euros en su salida, al mismo tiempo que el barco se estaba hundiendo.

En sendos casos, cuyas conclusiones son muy similares, el equipo gestor cuando se vio abrumado por los números del grupo tomó la decisión de emprender una huida hacia adelante que trataba de evitar que les estallase una posible liquidación de la empresa. Por eso, toman medidas de pactar indemnizaciones cuantiosas o salidas estrepitosas sin satisfacer las necesidades de los accionistas.

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