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Aconsejan a los separatistas catalanes que acaben ‘con este juego sin sentido’

La mal­ver­sa­ción, la clave que hace casi im­po­sible de­negar la ex­tra­di­ción porque ‘es un de­lito en toda Europa’

Ángela Merkel, canciller alemana
Ángela Merkel, canciller alemana

Un giro cru­cial en la crisis de Cataluña se ha pro­du­cido con la de­ten­ción de Puigdemont en Alemania, como se des­prende de ac­ti­tu­des, co­men­ta­rios y ex­pec­ta­tivas en las di­fe­rentes can­ci­lle­rías y ciu­dades eu­ro­peas. Y como se com­prueba al pulsar la reac­ción de la opi­nión pú­blica.

El hecho fundamental: por fin han conseguido los golpistas la atención internacional que buscaban infatigablemente desde hace años. Pero el fin de la historia para ellos puede decepcionarles definitivamente.

Otro elemento que consagra ese punto de inflexión: la escalada de violencia por parte de los chicos de Arran, los Comités de Defensa de la República y otros radicales no ayuda nada ni a Puigdemont ni a su causa. Al revés: el centro de gravedad de la decisión final de la Justicia alemana para la extradición del ex president se sitúa en estos momentos en si el ‘procés’ es violento o no y si los líderes encarcelados, huidos y procesados tienen algo que ver con eso.

La prensa internacional, y sobre todo la alemana, que está haciendo una cobertura de lo más exhaustiva y nada superficial, destila ese aire de que éste es el final del camino. Que lo que se decida en Alemania marcará el futuro de Cataluña, de España y de Europa. Nada menos. Es el tercer rasgo de la nueva situación. El cuarto: tal como están las cosas y dada la trascendencia del envite, es muy posible que tengan que agotarse los plazos hasta que el asunto llegue al tribunal o Corte Constitucional Federal.

Es lo que dice este martes el diario financiero Handelsblatt, en crónica de Heike Anger y Sandra Leuven. Parece como de niños de primaria, pero es que la desfiguración de los espejos de feria ha prostituido las palabras democracia, Estado de derecho, imperio de la Ley, Constitución y otras parecidas. En Alemania no hay ese efecto óptico que engorda o adelgaza. Por tanto, lo que se decida allí irá a misa. Y por eso da la impresión de que todo apunta a que la senda judicial puede llegar hasta la más alta instancia.

¿Qué pasará? Los medios alemanes proyectan desacuerdo. Unos creen que ‘Alemania no debe extraditar a Puigdemont’, como alega el Süeddeutsche Zeitung en el título de una columna de Wolfgang Janisch. No es un indocumentado: estudió Derecho en EEUU y estuvo asignado a la cobertura precisamente de la Corte Constitucional Federal. En su opinión, ‘el delito de rebelión no existe en la ley alemana’. Es el único, o uno de los pocos que escriben eso: todos los demás medios alemanes están de acuerdo en que la ‘rebelión’ en España similar e incluso un calco del delito de ‘alta traición’ del Código Penal alemán.

Ni el propio Janisch está del todo de acuerdo consigo mismo: en otra información escribe que ‘desde un punto de vista abstracto, el párrafo 81 castiga la ‘alta traición’, es decir, un intento de ‘usar la fuerza o amenaza’ para afectar la existencia de la República Federal. Es la manera de subrayar que el elemento clave es el de ‘violencia’.

Der Spiegel también titula algo positivo para el ex president, aunque no tanto: ‘Un rayo de esperanza para Puigdemont’. ¿Cuál? Que la autoridad judicial del estado de Schleswig-Holstein considere que las condiciones de rebelión, en especial en cuanto a la violencia, ‘no se aplican’ al ex president. Así que quedaría la segunda opción, el mal menor: extraditarlo por malversación en espera de ‘una condena relativamente indulgente’. En cualquier caso, ‘la justicia alemana se ha convertido de repente en un factor decisivo’ en la cuestión catalana y ‘podría influir significativamente en el curso del conflicto’. Y sobre todo, el semanario advierte que ‘la extradición de Puigdemont de ninguna manera es cosa decidida’.

Abunda en ello la agencia alemana DPA: ‘En Alemania existe el delito de alta traición, “muy parecido, ya que las personas demandadas, capitaneadas por Puigdemont, querían de manera violenta modificar el ordenamiento constitucional en España para lograr la separación de Cataluña", según explica a DPA el abogado Carlos Wienberg’.

Dado lo que está en juego, algunos creen que no es probable que los jueces alemanes dejen en el aire la cuestión, sujeta a interpretaciones muy opuestas. Coinciden en que se podría dar algo parecido a una decisión salomónica, la de extraditar por malversación, pero no por rebelión, al dudar sobre el ingrediente de la violencia. La malversación, en el peor de los casos, está penada en España con hasta ocho años de prisión. El riesgo para Europa y para el futuro es que quedaría al pairo el asunto de si cualquier autoridad autonómica o regional europea puede desafiar al Estado y a la Constitución sin rendir cuentas por ello…

Otro columnista, Leonid Bershidsky, va más allá de la extradición y se centra en lo que está en juego de verdad: si esto va a seguir o no. Su consejo: ‘Los separatistas catalanes necesitan acabar con este juego sin sentido’. Bershidsky escribe en Bloomberg, pero su historia personal como periodista y como ruso lo capacitan expresamente para analizar el tema catalán. Dirigió Vedomosti, un importante diario financiero ruso, y luego fundó un portal de noticias, Slon.ru. Hasta que se hartó de Putin con la anexión por las bravas de Crimea y se marchó a Berlín.

Desde allí, en el epicentro de la euroorden que puede cambiarlo o enfollonarlo todo, dice que Alemania, ‘dado su papel especial en la UE, no podía permitir que (Puigdemont) se marchara’. Destaca la acusación de malversación como pieza que hace casi imposible denegar la extradición, porque ‘es un delito en toda Europa’. Y considera que ‘el problema de los separatistas es que siguen sacando a la palestra figuras que tomaron parte activa’ en la descabellada declaración de independencia, ya se llamen Puigdemont, Junqueras, Turull, Sánchez o quien sea.

‘Son políticos radicales a los que Madrid no ve como negociadores potenciales’, añade Bershidsky, quien se extraña de que los secesionistas no vean más allá de sus narices para poner a otra persona sin problemas con la Justicia. Y advierte: ‘No es Madrid la que tiene que salir con propuestas de compromiso para desactivar la crisis’. Más bien, ‘la detención de Puigdemont debería ser un una señal para que los que apoyan las independencia se dejen de juegos sin sentido y consideren con realismo lo que pueden conseguir’.

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