ANÁLISIS

Venezuela: crisis humanitaria, crisis de seguridad

El ré­gimen se dis­pone a arro­llar a la opo­si­ción en unas elec­ciones ‘generalísimas’ en mayo

Maduro y Capriles
Maduro.

Hay un tipo de crisis que el ré­gimen de Venezuela aún no ha des­en­ca­de­nado, ni en el plano in­te­rior ni en su es­pacio geo­po­lí­tico: una crisis de se­gu­ridad in­ter­na­cio­nal. Mientras no es­talle una crisis de esta na­tu­ra­leza, no habrá es­pe­ranza de que Venezuela se libre del ré­gimen que oprime y re­duce a la po­breza y al des­am­paro a la mayor parte de su po­bla­ción.

Desde la desaparición de Hugo Chávez, lo que acontecía en Venezuela se veía desde el exterior como sucesivas crisis sistémicas, cada una con su nombre distintivo: crisis de sucesión entre Chaves y Maduro, crisis al interior del régimen por el reparto del poder, crisis del sistema económico por la inflación y el despilfarro de los recursos, crisis de pagos por el hundimiento del precio del petróleo y la destrucción del aparato productivo del país, crisis constitucional por la creación de una ilegal asamblea constituyente, etc. Y hasta hay crisis de la propia oposición como fuerza efectiva, la cual no ha podido resistir las maniobras del gobierno y hoy se halla impotente, más de dos años después de haber ganado masivamente las elecciones a la Asamblea Nacional, de diciembre de 2015.

Lo resume contundentemente el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien dejando de lado las convenciones diplomáticas describía hace poco al régimen como una mezcla de estado fallido, paria, forajido, criminal y corrupto, frente a cuyas consecuencias la comunidad internacional debería llevar a cabo una intervención… humanitaria.

La razón para esa intervención es la crisis de los refugiados venezolanos. Varias instituciones y organizaciones creadas para confrontar ese tipo de desastres le han dado carta de naturaleza. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja denuncia que en 2017 salieron del país 796.000 personas por los puntos oficiales de salida. Hay infinidad de otros puntos de salida hacia Colombia y Brasil principalmente. La crisis “requiere acción inmediata”, afirma el organismo.

En el mismo sentido, aunque en un tono menos contundente que Almagro, se ha manifestado el presidente del parlamento europeo, Antonio Tajani, quien ha propuesto que la cámara envíe observadores a dos puestos fronterizos de Venezuela “para evaluar la situación humanitaria en el país”. Tajani pide a las delegaciones europarlamentarias ante Mercosur, Comunidad Andina y Brasil que se unan a esta demanda. El gobierno no admite la entrada de misiones de la Eurocámara en Venezuela.

Los mismos Estados Unidos se muestran prudentes en materia de sanciones. De momento, como anunció recientemente el secretario del Tesoro Steven Mnuchin ante el G-20, “estamos considerando la situación del país y evaluaremos si aplicar más sanciones”.

El régimen chavista no cede, y se precipita a celebrar, de una tacada, elecciones presidenciales, parlamentarias, provinciales, municipales, etc. el próximo mayo, en un intento definitivo de aniquilar políticamente a la oposición en cualquier rincón del país.

¿Será la crisis de los refugiados lo que convierta la actual situación en una crisis de seguridad? No hay razón para no pensarlo. Recuérdese la crisis cubana y los millones de refugiados que siguieron a la toma del poder por los castristas en 1959. Tres años después se produjo la crisis de los misiles, que puso en riesgo la seguridad mundial. La crisis se superó al precio de garantizar la supervivencia del régimen castrista, y para mayor ‘inri’ en un medio geopolítico dominado hasta entonces por los Estados Unidos.

Esa astucia estratégica la tienen bien aprendida los cincuenta mil cubanos que sirven al régimen de Maduro, y que constituyen la columna vertebral, operativa e ideológica, de su aparato de seguridad, como ha denunciado el antiguo guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, en un reciente artículo de El País.

Lo que se infiere de este análisis es que el régimen chavista, al igual que el castrista, pretende sobrevivir mediante la amenaza de desestabilización de los vecinos (¿no desestabilizó el castrismo toda Latinoamérica?). Aunque para empezar sólo sea mediante la expulsión de la población desafecta. Pero la panoplia revolucionaria del castrismo ofrece muchas otras armas no tan incruentas.

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