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Un desconocido Puigdemont viaja ahora a Ginebra dentro de la ‘Operación Playmobil’

Si Cataluña lo­grar ob­tener sus re­cursos ‘en el cuadro de otro Estado, ¿por qué hacer uno nue­vo?’

Carles Puigdelmont
Carles Puigdelmont

Hay dos va­riantes de las des­ca­li­fi­ca­ciones que le están ca­yendo en las úl­timas horas al líder la­bo­rista bri­tá­nico Jeremy Corbyn. Al me­nos, entre los in­sultos pu­bli­ca­bles, porque hay otros en la calle y en el pub no aptos para la letra im­presa ni di­gi­tal. Esos dos in­sultos des­pec­tivos y los más lla­ma­tivos son ‘puppet’ y ‘stooge’. Da igual, son si­nó­nimos y equi­valen a ma­rio­neta, tí­tere, mo­ni­gote, pe­lele. Es de­cir, tonto útil de Putin, se en­tiende.

A Corbyn le están dando hasta en el carnet de identidad por poner en tela de juicio la responsabilidad del Kremlin en la trama del envenenamiento con agente nervioso novichok del doble espía Serguéi Skripal y su hija Yulia. Y de todo lo que hay por detrás y por debajo de la injerencia rusa en Reino Unido en una nueva Guerra Fría que ya se ha institucionalizado con la arrogancia de Moscú, la expulsión de 23 diplomáticos rusos por Londres en represalia y la amenaza del Kremlin de que habrá una respuesta contundente.

Carles Puigdemont, el ex president de la Generalitat de Cataluña fugado a Bruselas, aparece este jueves en la prensa suiza como protagonista de algo menos serio. Viajará el próximo domingo a Ginebra para intervenir en la clausura de un festival de cine sobre derechos humanos. Y como su situación provocaba algunas inquietudes logísticas dada su condición de fugitivo de la Justicia española, los trámites para garantizar su presencia llevan el nombre de ‘Operación Playmobil’.

De tal manera que Puigdemont no es un ‘stooge’ ni un puppet’. Pero sí un playmobil, aunque tampoco un Súper Mario en su refugio de Waterloo. Las autoridades suizas han emitido una nota en la que dicen lo obvio y algo más. Lo obvio, tal como lo cuenta la agencia ATS (Agence Télégrafique Suisse): que Puigdemont es un ciudadano y político ‘español’. Y se recalcando lo de español. Igualmente obvio: que tiene libertad de movimientos dentro del Espacio Schengen.

También obvia, aunque también sirve de aviso a navegantes por si alguien quiere usar el festival de cine en algo más mitinero, es la aclaración de que ‘las autoridades se reservan el derecho de tomar medidas en caso de alteración del orden público’. Y para que no quede ninguna duda de dónde está el Gobierno suizo, la nota del Ministerio de Exteriores subraya que está en contacto con las autoridades españoles, que ‘el asunto de Cataluña es una cuestión de política interna española’ y que debe abordarse ‘dentro del orden constitucional español’.

Estas últimas manifestaciones, como quien no quiere la cosa, recortan el margen de maniobra de Puigdemont y la ‘Operación Playmobil’. Por supuesto que el ex president dirá lo que quiera en el coloquio, en el que intervendrá la también ex presidenta de Suiza Micheline Calmy-Rey. Pero la advertencia ha enfriado un poco el ambiente de impunidad en el que se movían y se manifestaban los secesionistas desde que el mismo ministerio suizo dijera que no habría extradición de perseguidos por cuestiones políticas.

Lo entendieron, o quisieron entenderlo, como un aval a sus acciones. Y sin embargo, el viaje de Puigdemont podría servir para que aprendiera un poco del imperio de la Ley, del Estado de Derecho y de qué va eso de las Constituciones, que tanto él como los suyos se pasan por el forro. Por ejemplo, el artículo 1 de la Constitución de Noruega, que está considerado como el país más democrático del mundo, establece lo siguiente: ‘El Reino de Noruega es un Estado libre. independiente, indivisible y alienable’.

Sin tener que mirar tan arriba en Europa, el Tribunal Supremo de Alemania dictaminó en enero de 2017 sobre una posible secesión de Baviera: ‘En la República Federal de Alemania, que es una nación-Estado basada en el poder constituyente del pueblo alemán, los estados no son dueños de la Constitución; por tanto no hay sitio bajo la Constitución para que los estados individuales intenten la secesión’.

Tras ver la película ‘Catalunya: España al borde de una crisis de nervios’, que se proyectará en el festival de Ginebra, Puigdemont tal vez podría consultar la Constitución Francesa, ya que es uno de los idiomas que domina y también otra de las lenguas oficiales de Suiza. Dice así: ‘Francia es una República indivisible, laica, democrática y social’.

O quizás se le ocurra mirar la Constitución italiana, el tercer idioma oficial suizo: ‘La República, una e indivisible, reconoce y promueve la autonomía local’. Y aunque no conozca el romanche, el último idioma de la Confederación Helvética, la Constitución establece que el país consta de 26 cantones y que cualquier cambio en esa configuración exige una reforma constitucional. Una reforma que requiere doble mayoría: de cantones y de ciudadanos.

Puses bien, puede que Puigdemont sí que haya estudiado algo en su retiro de Waterloo. Se ha detectado en unas declaraciones a la cadena suiza RTS, a no ser que todo sea un truco de relaciones públicas par no asustar. Ha dicho: ‘Si España estuviera organizada como Suiza, no habría ningún problema’. También ha confesado, increíblemente, que ‘no desea en absoluto la independencia’, según recoge ATS. Justifica el matiz: si Cataluña lograr obtener sus recursos ‘en el cuadro de otro Estado, ¿por qué hacer uno nuevo?’.

¿Se ha ablandado, ha recuperado el juicio, ha visto la luz, se ha dado cuenta de que fuera de la Ley no hay democracia, esa palabra que manosean groseramente los separatistas? Habrá que ver.

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