ANÁLISIS

Trump y Kim Jon Un, un diálogo de sordos

El nor­te­ame­ri­cano em­plaza al co­reano a ir en serio o se re­ti­rará de la mesa de ne­go­cia­ción

Donald Trump
Donald Trump

El pre­si­dente Trump da cre­di­bi­lidad a la oferta de ne­go­cia­ciones sobre la des­nu­clea­ri­za­ción de la pe­nín­sula de Corea, hecha por el líder de Corea del Norte, Kim Jon Un, el pa­sado día 5, a través de altos re­pre­sen­tantes de Corea del Sur que aca­baban de vi­sitar la del Norte. Éstos tras­la­daron una pro­po­si­ción de Kim a Trump para que los dos lí­deres se reú­nan. Esos re­pre­sen­tantes con­fir­maron el día 8 que el pre­si­dente había acep­tado la in­vi­ta­ción.

Después de unos días de desconfiada reacción de los medios expertos en estrategia nuclear a la oferta del Norte, Trump dijo este domingo, en un mitin con sus partidarios, que esta vez podría haber progreso en el desarme nuclear de la península coreana. Pero también advirtió: “Puedo irme enseguida o permanecer sentado para conseguir el mejor pacto del mundo”.

El principal factor que ha roto el punto muerto es, posiblemente, que la oferta de Corea del Norte incluye suspender tanto las pruebas nucleares como las pruebas de misiles. Esta era una condición puesta siempre por los Estados Unidos para reunirse con los norcoreanos, y que éstos siempre rechazaron.

Su relativamente rápida reacción a la invitación, puede ser motivo de preocupación para la experimentada diplomacia norteamericana, que ya ha sufrido algunos desengaños con Corea del Norte en materia de desnuclearización. Dos rondas negociadoras, en 1994 y 2005, acabaron sin acuerdo, aunque Corea del Norte se apuntó un tanto de prestigio: negociar con la primera potencia del mundo como entes iguales.

Corea del Norte ya ha llevado a cabo seis explosiones nucleares, y numerosos lanzamientos de misiles intercontinentales. Por eso, expertos observadores de la diplomacia nuclear han señalado que las negociaciones en esa materia requieren cuidadosa planificación y muy reservadas expresiones de progreso, para evitar que se creen falsas expectativas.

La cautela es indispensable cuando Washington debe dar seguridades a Seúl de que atiende su deseo de que se abran negociaciones con Pyongyang, aunque las dos capitales aliadas no entiendan del mismo modo la defensa de sus intereses estratégicos.

Al parecer consciente de esas reservas, Trump tuiteó el pasado día 10 que “en estos momentos se está realizando la negociación con Corea del Norte, y si se completa, será algo muy bueno para el mundo”. Victor Cha, un experto en Corea del Norte y posible nuevo embajador de Estados Unidos en Seúl, ha advertido que un fracaso de las negociaciones puede llevar a una guerra en la península de Corea.

El núcleo de cualquier posible diferencia entre las dos partes está en qué se entiende como ‘desnuclearización’ de la Península de Corea. En el pasado, Pyongyang ha insistido en que la desnuclearización se extiende a los sistemas de armas nucleares que los Estados Unidos tienen desplegados en áreas cercanas a la Península, dando a entender que no admite la presencia de submarinos o aviones estratégicos en los mares aledaños, cosa inaceptable para los Estados Unidos, que tiene compromisos de defensa mutua con Corea del Sur y Japón. Estados Unidos, por otra parte, no tiene sistemas nucleares desplegados en el territorio de Corea del Sur.

Kim, sin embargo, ha lanzado su oferta de desnuclearización cuando está seguro de que ya posee un sistema de disuasión nuclear suficientemente creíble, como anunció en su mensaje de Año Nuevo.

En estos momentos, sin embargo, Corea del Norte tiene necesidad de que las sanciones impuestas por las Naciones Unidas por su programa nuclear se aflojen rápidamente, porque están infligiendo un duro castigo a su economía, sobre todo en materia de energía. Trump, sin embargo, ha tuiteado que las sanciones continuarán en tanto no se llegue al acuerdo de desnuclearización, y el vicepresidente Pence ha asegurado que la apertura de Kim no ha supuesto hasta ahora ninguna concesión de Washington.

Si, como parece, el encuentro Trump-Kim se celebra, no debe esperarse en mucho tiempo un efecto práctico sobre las sanciones. Como los casos de las inspecciones de la ONU sobre el supuesto armamento nuclear de Saddam Hussein y el tratado de desnuclearización de Irán demuestran, este tipo de negociaciones son inmensamente complicadas y toman muchos años para su completo acabado.

Así, las inspecciones sobre Iraq no pudieron llegar a conclusión definitiva debido a la expulsión de los inspectores por parte del presidente Iraquí, lo que contribuyó a que el presidente Bush justificara el ataque contra Iraq. Las negociaciones de desarme con Irán duraron varios años.

Artículos relacionados