La ex­pan­sión de la obra pú­blica dentro del mer­cado es­pañol puede ser su al­ter­na­tiva

Las dudas en EE.UU. fuerzan a las constructoras a un plan B para seguir creciendo

Los planes de Donald Trump, tor­pe­deados por el Congreso, no se con­cretan

Infraestructuras
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Las pro­mesas del pre­si­dente es­ta­dou­ni­dense avanzan muy len­ta­mente o caen en saco roto como ya se vio con su in­ten­ción de de­rogar la re­forma sa­ni­taria puesta en marcha por Barack Obama. Es lo que está ocu­rriendo con el plan de in­fra­es­truc­turas en Estados Unidos que, aunque sigue en su hoja de ruta, tiene una falta de con­cre­ción y apli­ca­ción bas­tante grande por el vo­lumen mo­ne­tario y por la in­ca­pa­cidad de poner de acuerdo al Congreso. Algo que re­per­cute a las cons­truc­toras es­pañolas con pre­sencia en la re­gión.

El programa de ampliación de infraestructuras al otro lado del Atlántico es la historia de nunca acabar. Donald Trump pretende dar pasos hacia adelante, pero como se ha observado en múltiples situaciones le cuesta mucho avanzar. La falta de consensos entre demócratas y republicanos, e incluso en miembros de su propio partido, provocan que su capacidad de gobernar con libertad sea bastante limitada.

No es ningún secreto y se pudo visualizar a la perfección con el fallido intento de derogación de la Obamacare o con los obstáculos que ha tenido para sacar adelante la reforma fiscal. Muchas horas, muchos debates y mucho tiempo perdido, al mismo tiempo que su legislatura sigue avanzando.

Ahora le ha tocado el turno al plan de infraestructuras, en el que muchas constructoras, también españolas (ACS, FCC, Ferrovial, OHL), tenían puestas muchas esperanzas por el volumen de ingresos que podían acaparar al calor de todos esos nuevos contratos públicos en la primera potencia económica mundial. Sin embargo, la lentitud se ha erigido como principal protagonista abocándolas a pensar en alternativas.

De hecho, es algo que se pudo observar en el último discurso de Donald Trump ante la cámara de representantes. Y es que volvió a incidir en su intención de sacar adelante el plan para invertir 1,5 billones de dólares en este sector como su principal objetivo político. Con todo, su falta de concreción hace no ser especialmente optimista para los interesados en que estas medidas terminen llegando a buen puerto.

El presidente anunciaba que se desarrollaría “en colaboración con las administraciones estatales y locales y que aprovecharía la inversión privada allá donde fuera apropiado”. Pero nada más allá ni ningún tipo de detalles. Únicamente se encomendó a que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo por el bien del país. Algo que, efectivamente, es altamente complicado.

“Juntos podemos recuperar nuestra herencia como constructores. Construiremos flamantes carreteras, puentes, autopistas, vías férreas y vías fluviales por toda nuestra tierra. Y lo haremos con corazón estadounidense, con manos estadounidenses y con agallas estadounidenses”, señalaba el presidente.

Repercusión para las españolas

ACS es la que más se está viendo perjudicada por esta falta de concreción. La constructora presidida por Florentino Pérez obtiene más de un tercio de su facturación en Estados Unidos. De hecho, el pasado ejercicio ingresó 12.200 millones de dólares en el país. Su división de construcción es la más productiva en la región, por delante de la de servicios y servicios industriales, por lo que este estancamiento está penalizando su recorrido potencial en el futuro.

De OHL conocíamos recientemente que había solicitado necesidades de financiación de 1.000 millones de euros para expandirse en territorio norteamericano, por lo que es otra de las grandes damnificadas de esta situación. En el caso de FCC, su crecimiento en Estados Unidos en los últimos tiempos también se ha hecho notar, aunque su negocio está bastante diversificado.

Las posibilidades en la obra pública

Una de las alternativas que se presenta para las compañías de la construcción surge de la obra pública española, que sigue absolutamente disparada como se ha observado en los últimos datos. La licitación se disparó un 39% el pasado ejercicio, cuando el conjunto de las administraciones públicas promovieron proyectos por valor de 12.847 millones de euros, según informó la patronal de grandes constructoras y concesionarias Seopán.

Una subida que fue fruto del impulso dado a la inversión en obras por las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que pusieron en marcha el 70% de los proyectos del conjunto del territorio nacional.

En esta línea, el Ministerio de Fomento promovió otro 23% de la licitación total. El Departamento que dirige Íñigo de la Serna aceleró la puesta en marcha de nuevas obras en los tres últimos meses del año y logró así saldar el ejercicio con un aumento del 15,3%, hasta 3.028 millones. Así, parece que este año se mantendrá esta tendencia, por lo que puede ser una importante fuente de ingresos para las empresas del sector del ladrillo.

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