OPINIÓN

El espejo retroactivo de la historia

A pro­pó­sito del libro 'Isabel la Católica' y el ra­cismo an­ti­se­mita

La apa­ri­ción de una bio­grafía muy exi­tosa de Isabel la Católica coin­cide con la ené­sima crisis por co­rrup­ción del in­com­bus­tible primer mi­nistro de Israel, Benjamín Netanyahu, (12 años en el cargo, re­par­tidos en dos pe­rio­dos). Pero aparte de la ac­tua­li­dad, ¿qué más une a estas dos no­ti­cias? Pues que su pa­dre, Benzion Netanyahu, fue his­to­riador y se ocupó de la ex­pul­sión de los ju­díos en 1492, afir­mando que el de­creto de los Reyes Católicos se debió al ex­tremo ra­cismo im­pe­rante en España.

La malhadada orden tiene otras causas, pero no la disparatada explicación que da Benzion, quien fue un militante del extremismo ideológico del sionismo, lo que le llevó a incurrir en tan errónea conclusión por efecto de analizar aquellos hechos “a través del espejo retroactivo del Holocausto”, como señaló The New York Times en su nota necrológica de 2012. Comentaba el periódico que había desarrollado una historia de los judíos tachando caprichosamente de holocaustos todos los reveses que éstos han sufrido a lo largo de los siglos.

Precisamente el libro Isabel la Católica, la primera gran reina de Europa contribuye claramente a desmentir esa torcida visión del historiador israelí. Sin referirse de manera expresa a Netanyahu ni a su teoría, el autor del libro, Giles Tremlett, relata la intensa vida política de Isabel, sin ocultar en ningún momento el daño que causaron la reina de Castilla y su marido el rey Fernando de Aragón, tanto a judíos como a moriscos.

Tremlett cita un montón de documentos en los que se demuestra el aprecio que Isabel tuvo por los judíos durante toda su vida, hasta 1492, y cómo los consideraba indispensables en las tareas de gobierno. Los monarcas católicos tenían un selecto grupo de colaboradores hebreos que se ocupaban de importantes tareas en los dos reinos, entre ellos Samuel Abulafia, Abraham Seneor, Yucé e Isaac Abravanel... Incluso la reina confió al médico Lorenzo Badoç los problemas que tenía para concebir un hijo varón.

En 1490 se dirigió por escrito a los habitantes de Bilbao para proteger a un grupo de judíos a los que las autoridades de esa ciudad les habían negado el permiso para pernoctar en la ciudad.

Si la protección llegó hasta la víspera de 1492 no podía sentir un desprecio y odio a sus súbditos que practicaban la religión de Moisés. Si se convertían al cristianismo podían seguir viviendo en España, lo que no casa con el pretendido racismo aducido por el historiador israelí.

Las razones que tuvieron los monarcas pretendían resolver los problemas que veían entonces y no se puede juzgarlos con la sensibilidad moderna o el revanchismo del que ha hecho gala Benzion Netanyahu. El nacionalismo siempre ha sido un mal consejero para tirios y troyanos.

Ojalá que el ministerio del Tiempo, imaginado por una serie de televisión, fuera una realidad con la que se pudiera extirpar o, al menos, paliar las dolorosas consecuencias de aquel decreto.

En cualquier caso, el Estado español y la monarquía democrática que lo encarna han protagonizado un acercamiento a los descendientes de aquellos judíos españoles que se vieron forzados a abandonar Sefarad, como darles la posibilidad de adquirir la nacionalidad española, circunstancia que podría aprovechar el actual primer ministro de Israel, dado que recientemente, y gracias a la tecnología del ADN, Netanyahu ha descubierto que por sus venas corre sangre sefardí.

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