ANÁLISIS

La electricidad desplaza al petróleo a pasos agigantados

La po­lí­tica ener­gé­tica es­pañola ig­nora, de mo­mento, este cambio ra­dical

Eficiencia energetica
Eficiencia energetica

Tony Seba con­testa a Iñaki Gabilondo: “...se está ana­li­zando cómo el pe­tró­leo, la energía nu­clear, el gas na­tu­ral, las ins­ta­la­ciones eléc­tricas y los au­to­mó­viles con­ven­cio­nales quedan ob­so­le­tos…, la energía solar se di­buja como la única fuente capaz de sa­tis­facer la fu­tura de­manda de un mundo su­per­po­bla­do”. Tony Seba afirma que en unos pocos años el precio del ba­rril de pe­tróleo se si­tuará en el en­torno de los 20 dó­lares frente a los casi 60-65 dó­lares de hoy.

Coincidiendo con la publicación de la entrevista entre Gabilondo y Seba los grandes productores de crudo limitaban las extracciones; las reservas mundiales descendían y el precio del barril el 15 de enero de 2018 subía hasta los 70.26 dólates. Un precio que estimulaba de nuevo el tratamiento de las bizarras bituminosas y el "cracking".

EEUU alcanzaba una producción de 10 millones de barriles/día por delante de Arabia Saudita y Rusia. Disminuía la preocupación por la caída de las reservas y el barril se cotizaba a 62.66 dólares. Ni tan siquiera la depreciación del dólar venía en ayuda del precio del crudo.

Según los cálculos de Moody's, las economías emergentes en 2018-19 instalarán más equipos de energías alternativas –solares y eólicas– que los países desarrollados. Por primera vez se invierte la tendencia de las economías ricas: inversión en energías limpias.

El coste de los equipos solares o de los generadores eólicos está bajando sin interrupción, a la vez que el consumo de carbón ha alcanzado su límite superior. Junto a ello la evolución de los componentes y las mejoras técnicas se han convertido en un factor determinante en la composición de la oferta energética.

En el corazón del Silicon Vally, en Menlo Park, el centro tecnológico dirigido por Schlumberger aplica análisis cuantitativos que permiten afirmar que se está llegando a un cambio radical para los productores de energía. El aviso ha llegado a las grandes multinacionales. Cambios radicales en sus planes estratégicos.

El pasado año, Royal Dutch Shell (90.000 empleados y 9.000 millones de dólares de beneficios) ha reducido su plantilla en 12.000 trabajadores. Todos ellos convencidos de que su puesto de trabajo era por vida. Shell, a su vez, está vendiendo sus instalaciones para el tratamiento de pizarras bituminosas en Canadá, entendiendo que la demanda de petróleo se estabilizará entre 2020-2040. La industria sufrirá una mutación del petróleo a la electricidad.

La solar y la eólica son alternativas más baratas y las nuevas baterías van a permitir almacenar una gran parte de la electricidad que no se consuma; además están las mayores exigencias ambientales para afrontar el efecto invernadero. Aunque Donald Trump le dé la espalda a los acuerdos de Paris, Europa y China avanzan con determinación en la reducción de emisiones contaminantes.

Shell ha adoptado el siguiente lema: “nos tenemos que adaptar… hay que transformar el Big Oil en Big Energy, reordenar nuestra enorme red de distribución sustituyendo las moléculas sucias por electrones limpios”.

Las petroleras, Total por ejemplo, ha comprado el 60% de la californiana Sun Power, así como la fabricante francesa de baterías Saft. La estatal noruega está instalando granjas de generadores eólicos en sus aguas costeras. Y, entretanto, aumenta el número de consumidos que instalan placas solares en sus tejados con lo que comprarán menos kilovatios a la red. Entre 2010-2016 el coste de la energía solar y eólica se ha reducido en un 60%.

El número de coches eléctricos está creciendo a un ritmo más rápido que el previsto. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el número de coches eléctricos se ha duplicado entre 2014-2016, desde 323.000 a 753.000 unidades. El precio de la batería de litio, según Bloomberg New Energy and Finance, se ha abaratado en un 73%.

La AIE, no obstante, estima que en 2020 el petróleo representará todavía el 23% de la energía global total (32% en 2016). La era del petróleo no desaparecerá súbitamente, pero la rentabilidad de su explotación, precios a la baja, exige cambios estratégicos radicales entre las petroleras.

Las proyecciones del consumo diario de barriles en 2040, según la AIE, oscilará entre un techo de 118.8 millones y un suelo de 72.9 millones. Extremos condicionados por la aplicación de las políticas medioambientales y los avances tecnológicos que consigan las energías renovables.

Las petroleras, Shell entre ellas, hacen examen de conciencia y confiesan haber fracasado en la sustitución de las fuentes convenciones por las renovables. Nunca pensaron que se trataba de una decisión estratégica. Ahora los cálculos son otros. En efecto, en la segunda mitad de este siglo la energía solar será la más importante de todas.

Un reto formidable mientras en España autoridades y eléctricas debaten la reconstrucción del marco regulatorio y las solares permanecen administrativamente apagadas. Una última apostilla: el renglón exportador español mas dinámico corresponde a los productos energéticos (un incremento interanual en los once primeros meses de 2017 del 49.6% frente un avance global de la exportación del 9.1%). ¿Cuál es el futuro de nuestras refinerías en la segunda mitad de este siglo?.

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