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Los ‘mensajes de Puigdemont revelan la ‘creciente desesperación separatista’

Éxito in­ter­na­cional del 'Això s'ha aca­bat': ‘Se aca­bó’, ‘esto se ha aca­ba­do’, ‘esto se ha ter­mi­na­do’, ‘it’s over’, ‘this is over’, 'tout cela est fi­ni', 'c'est fi­ni'…

Puigdemont y Junqueras
Puigdemont y Junqueras

Sandrine Morel lo tiene claro. O sea, que no acaba de acla­rarse. Como todo el mundo. Y lo deja por es­crito, para que a nadie le quepan du­das: ‘¿Ha ti­rado Carlos Puigdemont la toa­lla, ha aban­do­nado sin más su am­bi­ción de ser de nuevo in­ves­tido pre­si­dente de Cataluña por el Parlament, o no será más bien que ha sido víc­tima de un mo­mento pa­sa­jero de de­pre?’. Ese ac­ceso de aba­ti­miento se re­fleja en otras pa­la­bras como ‘fatalista’, ‘dramático’, ‘manifiesto pe­si­mis­mo’…

O sea, que de claro, nada de nada. Como corresponsal de Le Monde en España, Morel deja constancia del punto de inflexión de los mensajes por Signal de Puigdemont a Comín en el proceso independentista catalán. Pero a la hora de interpretar la difusión a los cuatro vientos de los mensajes con la confesión general de derrota, ni ella ni otros periodistas de medios internacionales se atreven a asegurar de qué va todo esto.

Ni siquiera hay unanimidad en la traducción de la frase clave con la capitulación del ex president: 'Això s'ha acabat'. Los medios españoles, digitales y de papel, varían entre la versión literal de ‘esto se ha acabado’ de la mayoría de la prensa catalana a otra más usada en Madrid y otros sitios: ‘Esto se ha terminado’. O a la síntesis coloquial en la portada de El Periódico: ‘Se acabó’. En la prensa inglesa de este jueves los titulares usan dos fórmulas: ‘It’s over’ y ‘This is over’. Y la francesa, otros dos: 'Tout cela est fini' y 'c'est fini'.

Los medios más allá de los Pirineos destacan sin excepción los cuatro elementos más llamativos: el de que esto se ha acabado, el de ‘el plan de Moncloa funciona’, el de ‘los nuestros nos han sacrificado’ y el de ‘el ridículo histórico es histórico’ en caso de que su inmolación no sirva para liberar a los políticos separatistas en prisión.

A la hora de analizar, esa prensa global no acaba de llegar a conclusiones firmes sobre algunas dudas que plantean los mensajes. Primera: si la confesión es real y sin trampa, o producto de un bajón emocional, o una escenificación con otros objetivos. Segunda: si los tuits posteriores de que ‘seguiremos’ y de que no se achanta también significan un subidón tras el momento de debilidad o sólo una manera de no quedar más en ridículo todavía.

Tercera, y más importante: si la alusión a la esperanza en la excarcelación de los separatistas presos encubre algún tipo de pacto con Moncloa o con quien sea o sólo es un deseo personal para no acabar también él en Estremera. Nadie parece tener en cuenta que una cosa es el Gobierno y otra el Supremo. Y cuarta, el quid de todo el espectáculo mundial: si Comín tuvo un descuido que aprovecharon con presteza los reporteros de El Programa de Ana Rosa de Telecinco o si el ex conseller de Sanidad dejó a propósito que grabaran la pantalla de su móvil.

Todo esto planea en las informaciones y crónicas de la gran prensa, desde las agencias y diarios a emisoras de radio y TV y a portales digitales. Por ejemplo, Ivo Oliveira pone énfasis en el aspecto de salir o no salir de prisión: Puigdemont espera que ‘sea verdad’. El digital The Spain Report lo pone más claro: ‘El mensaje sugirió que algún tipo de acuerdo se había pactado o se estaba pactando en relación con la libertad de algunos separatistas encarcelados en Madrid’.

Michale Stothart, corresponsal de Financial Times, prefiere centrar ‘la serie de mensajes sombríos’ de Puigdemont en el fondo del ‘procés’, en particular sobre el futuro del ex president. ¿Podrá volver a España, volver a ser president’ ¿Le han traicionado de verdad los suyos?

Estas líneas de Stothard despejan un poco las dudas: ‘Los mensajes resaltan la creciente desesperación del campo separatista. Figuras de relieve del movimiento han considerado recientemente dejar a un lado a Puigdemont como candidato a favor de otro que pudiera continuar mejor la lucha por la independencia. Pero nadie ha querido hasta ahora admitir públicamente que Puigdemont esté acabado, por miedo a parecer desleal’.

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