La in­ver­sión china en el país ve­cino re­pre­senta casi el doble de la re­gis­trada aquí

China recurre a Portugal para invertir de tapadillo en España

Xi Jinping pre­siona a Antonio Costa para que la es­tatal china CTG tome el con­trol de EdP

edp renovaies
Edp renovaies, filial española de Edp.

¿Qué es lo que tiene Portugal, y ca­rece España, para ser en Europa uno de los prin­ci­pales ob­je­tivos es­tra­té­gicos de la in­ver­sión china? No será, cier­ta­mente, su po­si­ción es­tra­té­gica, y menos su di­men­sión eco­nó­mica, que en tér­minos de PIB es unas seis veces in­fe­rior al es­pañol (194.000 mi­llones en el 2017, frente a 1.166.000 mi­llo­nes). Lo que marca la di­fe­rencia en Portugal, que este martes y miér­coles ha re­ci­bido al pre­si­dente chino Xi Jinping en vi­sita ofi­cial, es que per­mite a países extra co­mu­ni­ta­rios in­vertir sin res­tric­ciones en sec­tores es­tra­té­gi­cos, como la ener­gía, se­gu­ros, sa­lud, prensa y banca. Lo que no hace Madrid.

Buena prueba de ello es que tras haber abierto de par en par la puerta a la inversión pública y privada china, que en los últimos cinco años entró hasta la cocina en empresas tan emblemáticas y estratégicas como la eléctrica nacional lusa EdP; la gestora de la red de transporte de electricidad y gas REN; la aseguradora líder Fidelidade; el mayor banco privado nacional BCP, etc., Portugal se ofrece como “cobaya” para testar les productos chinos destinados al mercado europeo.

De hecho, tras su visita a España, donde no encontró en Pedro Sánchez un interlocutor del todo fácil (no hubo acuerdo sobre una eventual participación española en el macro proyecto chino llamado la Nueva Ruta de la Seda), y de vuelta de la cumbre del G20, donde pactó con Donald Trump una “tregua” de 90 días en la guerra comercial chino-norteamericana, Xi Jinping ha sido recibido con los brazos abiertos en Portugal, donde firmará con su homologo luso António Costa un buen paquete de acuerdos de cooperación bilateral.

Lo malo, sin embargo, es que aunque el primer ministro portugués haga todo lo posible para que nada ni nadie pueda empañar la visita del primer ministro chino -cinco siglos después de que los descubridores lusos desembarcaran en China- hay temas que escapan al control del gobierno y que podrán afectar negativamente a los intereses chinos. Es el caso, principalmente, de la OPA anunciada el pasado mes de mayo por la estatal China Three Gorges (CTG), que ofrece 11.900 millones de euros para hacerse con el control total de EdP y de la filial española EdPr.

La electricidad, toda para China

De hecho, la OPA no fue todavía registrada oficialmente, y sobre todo, su futuro no pinta nada bien. No es que el gobierno luso tuviera alguna intención de poner trabas a la operación, sino más bien porque según se comenta en el sector, la autoridad regulatoria ERSE, cuyo plazo para tomar su decisión expira dentro de dos semanas, estaría a punto de impedir que otra estatal china, Datang, se haga con la pequeña eléctrica Generg, a la luz de los conocidos criterios comunitarios sobre la reciprocidad y que, de utilizarse, serían igualmente válidos para frenar en seco las ofertas de CTG por EdP y EdP-renovables.

Lo que se plantea aquí es une situación de “unbundling”. Es decir, que una empresa pueda hacerse a la vez con activos de producción y de transporte de energía. Algo que entra en conflicto con las reglas de la UE, que impone, en ese caso, una separación jurídica y patrimonial de dichas actividades. Ocurre que el capital público chino ya controla a través de State Grid, el 25% de la red nacional de transporte de energía REN, con que para hacerse con Generg, Datang tendría que vender casi un 80% de la capacidad generadora de la pequeña eléctrica lusa que opera unos 615 MW.

Venta anulada

Aunque según la prensa lusa el fondo Novenergia, propietario de Generg, decidió ya anular la operación de venta a Datang, sin esperar la decisión de ERSE, de lo que se trata ahora, sobre todo, es que nadie crea que la oferta de CTG por EdP y EdPr tenga espacio para avanzar. Con los mismos criterios aplicados a la operación de Generg, para que CTG pudiera hacerse con el control absoluto de EdP, donde ya es el mayor accionista con un 23,27% del capital, tendría que vender una parte muy substancial de la capacidad de generación de la eléctrica lusa.

En concreto, con más de mitad del capital en manos públicas china, EdP solo podría quedarse con la actividad de distribución (cuya concesión expira en 2020, y sin garantías, además, de que EdP pueda mantenerla), y con la comercialización de energía al cliente final. O sea, con unos niveles de rentabilidad muy alejados de la actividad actual. El gran riesgo para EdP, seria, por lo tanto, el quedar prácticamente descuartizada, casi como una concha vacía, sin la mayor parte de sus centrales en Portugal, todas aquellas que operan en régimen de mercado.

Y todo ello, sin contar con que la OPA sobre EdP lleva aparejada una oferta obligatoria sobre el 17% de la filial de energías renovables EdPr , que tiene su sede social en Madrid, y que no es propiedad de la casa madre portuguesa. Una OPA que para salir adelante tendría que tener el “OK” improbable (o por lo menos muy condicionado) de las autoridades regulatorias españolas y de media docena de otros países, empezando por Estados Unidos, un mercado estratégico para EdPr pero cuya administración Trump es radicalmente hostil a la inversión pública china.

Luna de miel

Sin embargo, el eventual fracaso de la OPA de CTG no afectará a la luna de miel entre China y Portugal. Es que, además de haber dejado los sectores estratégicos a la merced de investidas extranjeras, sin apenas medidas de protección mas allá de las regulatorias, el país vecino hace realidad el dicho de “pobre y agradecido”: fue cuando había tocado fondo, tras el rescate de 78.000 millones prestado por la UE, y bajo el férreo control de la “troika” FMI/BCE/UE, cuando nadie apostaba en el futuro del país, que el capital chino apostó fuerte para hacerse con las mejores perlas lusas.

Tanto es así, que en términos relativos, Portugal seria en Europa occidental el segundo mayor receptor de capital chino, el equivalente al 3,1% del PIB nacional, solo superado por Finlandia (3,2%), y muy por delante del Reino Unido, que sale en tercera posición con solo un 1,8%. Pero en términos absolutos, la inversión china en Portugal no supera todavía los 9.000 millones de euros (estimaciones oficiales), frente a los 42.200 millones invertidos en Reino Unido, 20.600 millones en Alemania, 13.700 millones en Italia, y unos 12.400 millones en Francia.

Pero, al contrario de otros países, lo que hizo Portugal fue dejar que el capital público chino entrara con fuerza en empresas estratégicas: además de EdP y de REN, respectivamente con CTG y State Grid, la inversión china hizo también una fuerte apuesta en la banca, los seguros y la salud, donde el grupo privado chino Fosum lleva invertidos unos 2.500 millones de euros. Compró un 27,6% del principal banco privado BCP (y tiene la luz verde para alcanzar el 30%); 85% de la seguradora líder Fidelidade; 96% del grupo Luz Saude; 5,3% de REN; etc.

Mucha Bolsa

Unas apuestas que representa casi un 10% de la capitalización bursátil, y por lo general con resultados positivos. Fosum , por ejemplo, invirtió 397 millones de euros para hacerse con su participación en el BCP, y cuyo valor de mercado asciende hoy a unos 1.000 millones. Además de la banca, los seguros, la salud y la energía, Fosum apuesta fuerte en el sector inmobiliario, en pleno “boom”, también por la ola inversora del “Golden Visa” lanzada en 2012, que captó desde entonces unos 2.300 millones de inversión china, o sea más de la mitad del total.

Por lo tanto, prácticamente nadie pone pegas en Portugal a la “invasión china”, sea publica o privada, y que si la OPA de CTG sobre EdP y EdP llegara a cuajar haría que el país vecino superara de golpe la frontera de los 20.000 millones de euros. O sea, en términos absolutos, el volumen total de inversión china en Portugal se pondría prácticamente al mismo nivel que en Alemania. En todo caso, Portugal hará todo lo que sea necesario para seguir siendo en Europa una puerta de entrada privilegiada para las empresas chinas.

Pero, en lo que ha insistido Antonio Costa ante Xi Jinping, es que la inversión china deberá dar un salto de calidad: Portugal ya no está tan necesitado de ayuda exterior como lo estuvo tras la crisis, cuando la “troika” dictó que había que privatizar a cualquier precio las perlas empresariales públicas del país, con que ya no queda nada mas por vender, sino que lo que el país espera ahora del capital chino es que invierta en la creación de nuevas empresas, principalmente tecnológicas, y en proyectos como la construcción de coches eléctricos, a lo que también aspira España.

Portugal tampoco está dispuesto a desmarcarse de la estrategia de la UE, en relación con el ambicioso y descomunal despliegue de una Nueva Ruta de la Seda, la gran apuesta de China para conectarse con el resto del Mundo. Por mucho que Antonio Costa quiera caerle bien, repetirá lo mismo que el líder chino ya escuchó en Madrid, de la boca de que Pedro Sánchez. España y Portugal seguirán la orientación que marque la UE, que aun no tiene nada claro las condiciones, las garantías, etc. del proyecto chino, lo cual vendría muy bien, por ejemplo, al puerto marítimo de aguas profundas de Sines, de cara a Europa, a Latinoamérica y a África.como la energía, banca, seguros, salud y prensa.

De hecho, tras su visita a España, donde no encontró en Pedro Sánchez un interlocutor del todo fácil (no hubo acuerdo sobre una eventual participación española al macro proyecto chino llamado la Nueva Ruta de la Seda), y de vuelta de la cumbre del G20, donde pactó con Donald Trump una “tregua” de 90 días (a partir del 1 de enero) en la guerra comercial sino-americana, el líder chino tenia la seguridad de que sería recibido de brazos abiertos en Lisboa, donde firmará este miércoles un buen puñado de acuerdos de cooperación bilateral.

Lo más llamativo, a todas luces, será el nuevo “protocolo de entendimiento” sino-luso, con el cual Portugal asume un riesgo importante: al contrario de España y de la estrategia adoptada hasta ahora por la UE, el país vecino llegó a la conclusión que lo que tenía que hacer, para proteger los intereses nacionales, era asumir claramente una posición de “colaboración” con China, en relación con el despliegue a partir de la Península de la Nueva Ruta de la Seda (BRI, en la terminología inglesa), de cara a Europa Occidental, Latino América y África.

La explicación avanzada por expertos y responsables políticos lusos, es que la decisión tomada por Portugal será la que acabarán por adoptar la mayoría de los países occidentales u por el conjunto de la UE, que ya presentaba algunas fisuras al respecto: además de los países de Leste, Grecia optó igualmente por dar su apoyo activo al macro proyecto chino, facilitándole, por ejemplo, el control del puerto marítimo estratégico del Pireo, que pasó a manos chinas.

De lo que no cabe duda, es que Portugal hace bueno el dicho de “país pobre y agradecido”. O sea, de lo que se trata ahora, es pagar la deuda de gratitud contraída durante la crisis: cuando tuvo que pedir un rescate de 78.000 millones de euros y ponerse así bajo la tutela mandona de la “troika” FMI/UE/BCE, solo el capital chino tuvo el mérito de asumir posiciones de riesgo en Portugal, que a cambio queda ahora sin margen para resistir a las presiones de China.

Sin embargo, aunque el primer ministro portugués António Costa haga todo lo posible para que nada ni nadie pueda empañar la visita del primer ministro chino – marca prácticamente el 5º centenario de la llegada de los descubridores portugueses a China y el 20e aniversario de la devolución a China del territorio de Macao - hay cuestiones en abierto que escapan al control del gobierno, y cuyo cierre podrá afectar negativamente los intereses chinos en el país.

Es el caso, principalmente, de las OPA`s anunciadas el mes de mayo por la estatal China Three Gorges (CTG), que ofrece hasta 11.900 millones de euros para hacerse con el control total de EdP, donde ya es el principal accionista con un 23,7% del capital, e igualmente de la filial de energías renovables EDPr, con sede social en Madrid y 17% del capital disperso en el mercado.

De hecho, la OPA no fue todavía registrada oficialmente, y sobre todo, su futuro no pinta nada bien. Lo porevisto en el sector, es que la autoridad regulatoria ERSE, cuyo plazo para tomar su decisión expira dentro de dos semanas, está a punto de impedir que otra estatal china, Datang, se haga con la pequeña eléctrica Generg, con base en criterios comunitarios que en ese caso serian igualmente válidos para frenar en seco las ofertas de CTG por EdP y EDPr.

Lo que se plantea, es une situación de “unbundling”: que una empresa controlara a la vez activos de producción y de transporte de energía, entraria en conflicto con las reglas de la UE, que exigen una separación jurídica y patrimonial de dichas actividades.

Ocurre que a través la empresa estatal State Grid, el capital público chino ya controla 25% de la rede nacional de transporte de energía REN, con que para hacerse con Generg, la también estatal Datang tendría que vender casi un 80% de la capacidad generadora de la pequeña eléctrica lusa, que opera unos 615 MW, con que la operación careceria, así, de interés.

Según la prensa lusa, el fondo Novenergia, propietario de Generg, ya tomó la decisión de anular dicha operación, sin esperar la decisión de ERSE, con que ahora nadie cree que las ofertas de CTG por EdP y EdPr tendrán piernas para avanzar. Con los mismos criterios aplicados a la operación de Generg, para que CTG pudiera hacerse con el control de EdP, tendría que desprenderse de gran parte la capacidad de generación de la eléctrica lusa.

En concreto, EdP solo podría quedarse con la actividad de distribución, cuya concesión expira en 2020 (sin garantía, además, que EdP pueda mantenerla), y con la comercialización de energía al cliente final, con unos niveles de rentabilidad muy alejados del negocio actual. El gran riesgo para EdP, seria, así, quedar descuartizada, casi como una concha vacía, sin la mayor parte de sus centrales en Portugal – todas aquellas que operan en el mercado libre.

Y todo ello, sin contar la OPA complementar sobre los 17% de EDPr dispersos en el mercado: para que pueda salir adelante, deberá tener el “OK” de las autoridades regulatorias de media docena de países donde opera EDPr, como España, lo que se anuncia casi imposible. Es el caso principalmente de Estados Unidos, un mercado estratégico para la eléctrica luso-española, pero cuya administración Trump es radicalmente hostil a la inversión pública china.

Xi Jinpin es muy consciente del problema planteado, con que se dá por descontado en Lisboa, que la perspectiva del eventual fracaso de la OPA de CTG, no afectará la “luna de miel” sino-lusa. En términos relativos, la inversión directa china representa 3,1% del PIB de Portugal, que con este indicador solo es superado por Finlandia (3,2%), y se pone muy por delante del Reino Unido, que ocupa la tercera posición, con solo un 1,8% del PIB de capital chino.

Pero en términos absolutos, Portugal aun sale como un “pariente pobre” de la inversión china, pública y privada: según diversas fuentes, que utilizan criterios distintos y no son por lo tanto convergentes, cabria situarla entre 9.000 y 12.000 millones de euros, frente a 42.200 millones contabilizados en Reino Unido, 20.600 millones en Alemania, 13.700 millones en Italia, y unos 12.400 millones en Francia.

En lo que si Portugal marcó diferencias con España y los otros países occidentales abiertos al capital chino, fue permitir que empresas estratégicas como EdP, REN, la mayor seguradora del país Fidelidad, el mayor banco privado BCP… pasaran a tener como accionista de control u de referencia a un Estado extrajero, además con un sistema político totalitario, y que utilizó para ello, tanto a empresas públicas (CTG, State Grid), como a grupos “privados” (Fosum).

A expensas de lo que decida la autoridad regulatoria ERSE en relación con las OPA´s de CTG, y que de llegar a buen término, en todas sus facetas, representaría casi 12.000 millones de euros (Portugal superaría así de golpe a un país como Alemania por el nivel de inversión china), el mayor inversor chino es aun Fosum, que invirtió unos 2.500 millones para hacerse con 27,6% del BCP (podrá llegar al 30%), 85% de Fidelidade, 96% de Luz Saude, 5,3% de REN, etc.

Unas apuestas que en términos de capitalización representa casi un 10% del mercado de valores luso, y con resultados positivos. Fosum, por ejemplo, invirtió menos de 400 millones de euros para hacer en BCP con una participación cuyo valor de mercado asciende ahora a unos 1.000 millones de euros.

Además de la banca, los seguros, la salud, la energía… Fosum también hizo una fuerte apuesta en el sector inmobiliario, que lleva creciendo los últimos años a un ritmo acelerado, gran parte gracias a la inversión china: los “Golden visa”, lanzados en 2012, captaran hasta ahora 2.300 millones de inversión china, lo que representa más de la mitad de la inversión atribuida hasta ahora a extranjeros: un mínimo de 500.000 euros, a cambio de cada permiso de residencia.

El capital chino también se hizo con una fuerte posición en la prensa, a través el grupo KNJ, que controla 30% de Global Media, al frente del periódico de referencia Diário de Noticias, de Jornal de Negócios y de la radio TSF. La aerolínea nacional TAP, que pasó bajo control de un grupo brasileño, también tiene un accionista chino, HNA, con un 5,2% del capital.

Por lo tanto, prácticamente nadie pone pegas en Portugal a la “invasión china”, sea publica u privada. Pero, en lo que si Antonio Costa habrá reclamado a Xi Jimpin, es un salto de calidad: tras la ola de privatizaciones exigidas por la “troika”, ya no quedan perlas por vender, sino que lo que el país espera ahora de China, es que invierta en la creación de nuevas empresas.

La expectativa del gobierno luso, centrase principalmente en inversiones tecnológicas, como los proyectos de construcción de coches eléctricos y de mini-satélites que China planea desarrollar en la Península Ibérica, con que habrá que ver quienes, de España u de Portugal, se harán con los contratos chinos.

Lo mismo pasará con la construcción de las nuevas infraestructuras previstas en la Península, en al ámbito del despliegue de la Nueva Ruta de la Seda, que de algún u de otro modo también contará seguramente con la participación de España. De lo que se habla principalmente, es de la modernización de los puertos y de sus conexiones ferroviarias y viarias con Europa.

Portugal defiende con uñas y dientes la candidatura del puerto de aguas profundas de Sines, sin descartar algún tipo de acuerdo como el que puso el puerto griego del Pireo en manos chinas. Teniendo en cuenta, además, que el puerto luso es ya la principal puerta de entrada del gas licuado norteamericano, prepara un concurso público internacional para la construcción de un nuevo terminal destinado a los mayores buques transportadores de contentares.

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