Monitor del Seguro

Las primas in­di­vi­dua­li­zadas según el uso de­ja­rían fuera del se­guro a las per­sonas sin re­cursos

Mutualismo vs. personalización

La trans­for­ma­ción di­gital po­dría des­truir el prin­cipio de so­li­da­ridad del sector

Unespa
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El pro­ceso de di­gi­ta­li­za­ción en el que está in­merso el mundo tendrá mu­chas con­se­cuen­cias en el sector ase­gu­ra­dor. Pero decir esto no es decir mu­cho. ¿Cuáles serán esas con­se­cuen­cias de la lle­gada de las nuevas ten­den­cias a las que se en­frenta la in­dus­tria? Pues se sabe que exis­tir, exis­ten, pero nadie las ha visto. A día de hoy no hay nada de­ma­siado claro, pese a lo mucho que se ana­liza en fo­ros, de­ba­tes, jor­nadas y de­más.

Un ejemplo. La presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, contaba recientemente que desde la asociación se hizo circular un cuestionario a diversas asociaciones del seguro con algunas preguntas sobre el impacto de estas nuevas realidades. Una de ellas, la llegada de la conducción autónoma de la que tanto se habla cuando se aborda el futuro del ramo de Autos. Se preguntaron asuntos como su impacto en la prima o en el coste de las reparaciones por siniestro. Pues bien, en general, entre el 40% y el 60% de los encuestados (medido en primas) marcó en prácticamente todas las preguntas ‘no sabe, no contesta’.

“Este porcentaje nos viene a decir que hay un importante nivel de desconocimiento sobre las consecuencias reales y tangibles del proceso de digitalización. Es un proceso que se conoce, pero que se desconoce en su letra pequeña”. No pasa nada, lo importante es saber gestionar el cambio cuando se presenta.

Pero hay que estar ojo avizor. Entre otras cosas para monitorizar que el seguro no se desnaturaliza, un riesgo que a día de hoy existe. El seguro es mutualizar una incertidumbre, una prima. Es decir, con lo que cada uno de los asegurados paga por su póliza se cubren los siniestros que sufren unos pocos. Por ejemplo: una persona contrata un seguro de Autos, pero no todos los días afortunadamente ocurre un accidente o se estropea el coche, y mientras no se hace uso de ese seguro el dinero que se paga por él, la prima, se destina a cubrir los siniestros que sí han sufrido otras personas. Es, como lo define Unespa, “una especie de mecanismo de solidaridad grupal con el que asumimos que, con nuestra prima, se cubrirán las necesidades de otros”.

Pues bien, ese principio básico del seguro puede saltar por los aires con el desarrollo tecnológico y la llegada, por ejemplo, del Internet de las Cosas (IoT). Estos sistemas permiten recopilar una gran cantidad de datos de los clientes, y esos datos facilitan, entre otras cosas, la personalización, no solo de los servicios y coberturas que se ofrecen a los asegurados, sino también del precio. Pasaríamos, por tanto, a tener primas individualizadas para cada persona según el uso que se haga del seguro destruyendo ese concepto de mutualismo.

“Hay que tener cuidado con este asunto. Es evidente que la digitalización es, casi más que cualquier cosa, el acceso inmediato y eficiente a fuentes de datos, fuentes de información sobre las personas y las cosas aseguradas, a niveles inimaginables en el momento presente’. Esta práctica, sin embargo, puede llevar a una situación en la cual el conocimiento preciso y totalmente individualizado de las circunstancias lleve a la ilusión de un seguro asimismo preciso y totalmente individualizado. Este servicio puede existir y ser muy eficiente; pero debemos entender que no sería un seguro”, afirma Pilar González de Frutos.

Y advierte que en “un entorno de personalización extrema, la mutualización desaparece, el precio del riesgo y la prima se igualan, y hablamos de una industria que presta servicios de protección, no de una industria para la mitigación del riesgo, que son cosas diferentes”. Desde la asociación profesional del seguro se alerta de que si se llega a esta realidad, el seguro sólo tendría de seguro el nombre: “Sólo se asegurarían aquellos que estuviesen expuestos al riesgo, y durante el tiempo y las circunstancias de su exposición. Y aquél que no tuviese dinero para pagar el precio de su riesgo no podría encontrar un colectivo de asegurados con los que compartirlo”.

El asunto es serio. Si se lleva el razonamiento hasta sus últimas consecuencias, el Estado sería el que tendría que asumir el aseguramiento de las personas (y sus cosas) que careciesen de recursos para protegerse por sí solas. Como se aprecia, el impacto de toda esta transformación tecnológica en el seguro puede llegar a ser de gran calado. De momento, lo único cierto es que efectivamente el sector camina hacia esa peligrosa personalización de la póliza, peor aún, de la tarificación.

Pero entre medias hay estadios. José Antonio Iglesia, subdirector general Comercial de VidaCaixa, afirmaba en unas jornadas que posiblemente se llegará a la tarificación personal, pero en estos momentos la compañía para lo que usa el mayor conocimiento del cliente que proporcionan las nuevas tecnologías es para facilitar la suscripción, es decir, para hacer las cosas más fáciles al cliente a la hora de contratar la póliza: “Apostamos por productos para personas concretas de aceptación inmediata. Tenemos la información para presuponer que no tenemos riesgo. Vamos a un mundo omnicanal; el discurso de ser digital lo entendemos como omnicanal para generar valor al cliente”.

Asegura que gracias al acceso a los datos que facilitan algunas aplicaciones se están empezando a aceptar perfiles de clientes como diabéticos y a asegurar la invalidez, ya que esas app aportan información de cómo se cuidan o sus hábitos de vida, “y una persona que se cuida es una persona perfectamente asegurable. La información hace que el mercado sea más grande”. Sin duda, una de las consecuencias más positivas de ese camino iniciado por el seguro español al ritmo que marca el desarrollo tecnológico y cuyo final, a día de hoy, todavía no se vislumbra.

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