MÉXICO

López Obrador, entre las sorpresas y las promesas ilusionantes

Promete no per­se­guir la co­rrup­ción an­te­rior y sus­pende la li­be­ra­li­za­ción del pe­tróleo

España y México
México.

¿Es Andrés Manuel López Obrador (AMLO) un mo­derno Cincinato, quien lla­mado por el pueblo a salvar la re­pú­blica ro­mana, volvió al arado una vez lo­grada su mi­sión sal­va­dora, y no una sino dos ve­ces?

Este nuevo Cincinato, sin em­bargo, no es­pe­rará a ser lla­mado en se­gunda vuelta por el pue­blo, ya que él mismo ha ofre­cido so­meter su ma­gis­tra­tura a un re­fe­réndum de re­vo­ca­ción, que se ce­le­braría a mitad del tér­mino del man­dato co­men­zado el pa­sado sá­bado, 1 de di­ciem­bre. AMLO jus­ti­ficó esta sin­gular oferta en que “el pueblo pone y el pueblo qui­ta”, como dijo en su toma de po­se­sión.

México se adentra en un periodo presidencial que da signos de ser una tarea improvisada, al tiempo que un ‘chute’ de ilusión popular. El nuevo presidente goza del mayor respaldo electoral obtenido hasta ahora por un presidente mexicano.

Debelador continuo de la corrupción que traspasa tanto el mundo de la política como el de los negocios, AMLO desconcertó a todos al anunciar, en su toma de posesión, que no se proponía perseguir la corrupción cometida hasta ahora: “Propongo al pueblo de México – dijo - que pongamos punto final a esta horrible historia y empecemos de nuevo. En otras palabras, que no haya persecución a los funcionarios del pasado”.

AMLO prometió no subir los impuestos durante su mandato, aunque ajustará los de la gasolina a la tasa de inflación.

El nuevo mandatario parece dispuesto a ‘cabalgar las contradicciones’. A finales de octubre anunció que cancelaría el proyecto de un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México ($13.000 millones), que ya se ha empezado a construir, lo que produjo una caída generalizada de la bolsa, la mayor en cuatro años. Sin embargo, acaba de nombrar subgobernador del Banco de México a uno de los más duros críticos de esa cancelación, Gerardo Esquivel. Éste ha reconocido que su nombramiento tiene, entre otros fines, el de calmar los mercados.

Otro mensaje ambiguo es el de la ausencia Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en el juramento del cargo por AMLO, siguiendo el consejo de altos funcionarios de la administración para que no fuese invitado, lo que no fue óbice para que Maduro participase en el banquete de celebración en el Palacio Nacional. AMLO, sin embargo, muestra una inclinación romántica hacia el bolivarismo. A principios del mes pasado, y en una celebración de su 65 cumpleaños en Yucatán, declaraba ante su público que “yo ya no me pertenezco; ya soy de la nación”, un alegato atribuido a Hugo Chaves, el fundador del bolivarismo.

En su discurso de toma de posesión AMLO anunció que México entraba en la “cuarta transformación”, tras la independencia, las reformas liberales del XIX y la Revolución Mexicana del XX.

El programa del nuevo gobierno empezó a ser practicado un día antes de la toma de posesión. AMLO anunció que se suspendían los más de cien proyectos de subasta de la industria petrolífera hasta que fueran examinados como casos sospechosos de corrupción. Al mismo tiempo anunció planes de inversiones en la compañía nacionalizada Pemex, y prometió empezar a construir una nueva refinería en el estado de Tabasco. Anunció igualmente la construcción de un ferrocarril de océano a océano, para activar la economía de Yucatán. Ocurre, sin embargo, que las poblaciones indígenas se han opuesto hasta ahora a ese proyecto.

De ese modo AMLO daba por terminado el que denominó “periodo neoliberal” llevado a cabo por el anterior presidente, Peña Nieto.

El temple moderado que AMLO quiere dar a sus primeros actos no siempre es acorde con el de algunos de los líderes de su movimiento. Miembros destacados de su partido llaman a la expropiación de las empresas mineras y para lograrlo piden a los trabajadores que se movilicen. Veremos.

Artículos relacionados