El au­mento de la deuda y la subida de los costes pa­ra­lizan a la com­pañía en bolsa

Los inversores examinan a Ebro y su núcleo duro echa el resto

El cre­ci­miento de las ventas habla de la buena salud del grupo, pero hay in­cer­ti­dum­bres

Ebro Foods
Ebro Foods

Ebro Foods está bajo re­vi­sión en el mer­cado de va­lo­res. Los in­ver­sores han de­ci­dido to­marse un largo des­canso en la mul­ti­na­cional ali­men­ta­ria, que pierde al­re­dedor de un 5% en el parqué en 2018 des­pués de un 2017 en el que en tér­minos bur­sá­tiles no pasó prác­ti­ca­mente nada. El mer­cado quiere probar antes hasta dónde llega la for­ta­leza de un grupo que pre­senta for­ta­lezas pero en el que tam­bién afloran in­cer­ti­dum­bres.

Empezando por las cuentas. Las del tercer trimestre del año han ofrecido su mejor cara desde el lado de las ventas consolidadas. Éstas han crecido un 5% hasta los 1.922 millones de euros. Es decir, que ha sido capaces de absorber el impacto negativo de más de 40 millones de euros provocado por la fuerte caída del dólar. Hasta este punto, Ebro se ha ganado la credibilidad del mercado porque el negocio funciona.

Pero hay cruces también, y tienen que ver sobre todo con la estructura de costes, que se ha encarecido significativamente en el negocio arrocero de América del Norte y por las inversiones para desarrollar elplan de crecimiento del grupo. Y también con la competencia que ejercen los productos de microondas ligados a los nuevos hábitos de consumo de los 'millennials', que están obligando a una revisión de los modelos tradicionales.

"Ebro no se ha dormido en los laureles y ha empezado a reaccionar ante el aumento de la competencia en un segmento que no cubre y en el que cada vez hay más competidores. Pero tendrá que demostrar que sus iniciativas son efectivas y que es capaz de proteger sus actuales cuotas de mercado", señala un analista del sector que cree que, como otras industrias, la de la alimentación esta obligada a una reinvención por los nuevos usos y constumbres de la población.

Para hacer frente al reto, la compañía presidida por Antonio Hernández Callejas ha dado luz verde a una gran inversión en la provincia de Sevilla. El primer movimento será una inversión de 70 millones de euros para poner en marcha un gran planta de vasos y platos preparados. La planta estará en marcha en 2020, por lo que el impacto del anuncio en Bolsa ha sido nulo con los inversores más atentos a los niveles de deuda de la compañía.

La compra en primavera del fabricante de pastas Bertagni ha elevado hasta los 720 millones de euros (265 millones más) la deuda de la compañía. El mercado también necesita verificar a qué ritmo es capaz Ebro de reducir su apalancamiento. Unas dudas que no tienen los integrantes del núcleo duro de la compañía, que están apoyando sin reservas al valor en un momento de enorme indefinición en Bolsa.

Durante todo el mes de noviembre recién terminado, los pesos pesados del accionariado han sacado la cartera con la máxima generosidad. Los March, a través de Corporación Financiera Alba, han elevado su participación desde el 13% hasta el 14%, mientras que Damm ha repetido la jugada pero de forma más modesta haciendo lo propio con la suya desde el 11,50% hasta el 11,68%.

Y a título particular, el inversor José Ignacio Comenge ha comprado títulos prácticamente a diario y ha elevado su participación desde el 2,99% hasta el 3,35%. Con su vieja guardia haciendo una exhibición de confianza, Ebro Foods quiere reverdecer viejos laureles en bolsa. De momento, sigue bajo observación de unos inversores que creen que todavía no ha llegado el momento de comprar.

Artículos relacionados