No ha sido capaz de acer­carse a su his­tó­rico com­pe­tidor en 16 años de pre­si­dente

Francisco González abandona BBVA dejando un banco que vale la mitad que el Santander

El valor bur­sátil es in­fe­rior in­cluso al que tenía la en­tidad cuando asumió la pre­si­dencia en 2002

Francisco Gonzalez, presidente de honor del BBVA
Adios FG adiós.

Francisco González se des­pide como pre­si­dente de BBVA tras 16 años de poder casi ab­so­luto en el banco. Cuando ac­cedió al cargo, en 2002, por obra y gracia de José María Aznar y Rodrigo Rato, el banco valía en Bolsa casi una vez y media más de lo que vale ahora. Su ta­maño, por ac­tivos to­tales y por cré­dito a clien­tes, era casi igual al del Santander, pero ahora es menos de la mitad que su his­tó­rico y eterno ri­val. Además, sus aven­turas in­ter­na­cio­nales no han lo­grado bajar de forma sig­ni­fi­ca­tiva el peso de España en su ne­go­cio.

Tras la fusión de BBV con Argentaria, una operación propiciada por el primer Gobierno de José María Aznar, Francisco González (procedente de Argentaria) compartió presidencia con Emilio Ybarra (procedente de BBV) desde octubre de 1999 hasta finales de diciembre de 2001.

González, amigo reconocido de José María Aznar y con una carrera profesional en la que había pasado de vender ordenadores primero, gestionar después una correduría de Bolsa a presidir la banca pública española privatizada (Argentaria), se quedó como presidente único de BBVA en un momento en el que el actual Banco Santander se llamaba Banco Santander Central Hispano.

Ambos tenían valoraciones similares en Bolsa y su tamaño de negocio también era muy similar. Pero todo ha cambiado mucho. Las cifras son las únicas que no engañan. Al terminar su primer año como presidente único de BBVA, y según recoge la memoria oficial de aquel ejercicio auditada por Deloitte, el banco sumaba unos activos totales de 279.542 millones de euros.

Su rival, el Santander, con el que se disputaba ser el primero del ranking por tamaño, presentaba en la misma fecha, y en unas cuentas auditadas por la misma firma (Deloitte), unos activos totales de 324.208 millones de euros. Había diferencia, pero no era insalvable, toda vez que los créditos a clientes, la parte mollar del activo, estaba mucho más cercana.

Internacionalización

Efectivamente, al terminar aquel 2002, la cifra de créditos a los clientes del Santander ascendía a 162.972 millones de euros, mientras que los de BBVA alcanzaban los 146.413 millones, después de haber perdido 10.000 millones en el año. Aquí la diferencia sí que era más que salvable, pues únicamente era de poco más de 16.000 millones. Pero ambas entidades decidieron crecer de forma divergente. Ambas apostaron por la internacionalización como método para coger tamaño, pero cada uno lo hizo a su manera y a Francisco González no le ha salido nada bien.

Del crédito total a clientes de 2002, BBVA concentraba el 53,4% en su negocio de banca minorista en España y Portugal, donde ya había comenzado a crecer. El 25,3% lo tenía en Banca mayorista y de inversión, mientras que su filial estrella (la mexicana Bancomer) acumulaba el 10,4% y el restante 10,3% se repartía entre diversos países de Iberoamérica excluyendo México.

El Santander, por su parte, mantenía el 57,5% de su crédito total en España, el 14,3% en el resto de la Unión Europea y otro 14,3% en Iberoamérica. El resto lo tenía repartido entre EEUU (4,5%) y otras partes del mundo.

Las diferencias aquí tampoco eran muy notables, con una concentración de más de la mitad del negocio crediticio en España y un peso algo mayor de Iberoamérica (incluyendo a México) en BBVA, con una mayor presencia de Santander en Europa, debido a su fuerte presencia en Portugal y a participaciones en Reino Unido y Francia. El punto de partida para Francisco González no era muy diferente al que tenía por aquel entonces un Emilio Botín que, eso sí, llevaba ejerciendo la presidencia del Santander desde 1986. Le sacaba, pues, 16 años de ventaja como presidente y otros 22 años más como directivo de banca.

A partir de ahí, la estrategia de crecimiento siempre ha sido muy diferente. Santander apostó siempre por crecer en Europa y a Francisco González le atrajo más la aventura china (de la que tuvo que salir con pérdidas), la de EEUU, donde nunca ha llegado a tener un peso significativo, y en los últimos años la de Turquía, que tiene desconcertados a muchos analistas. Fruto de todo ello es la enorme divergencia que presenta en la actualidad el negocio crediticio de ambas entidades.

Con las cifras oficiales de ambos bancos a 30 de septiembre último, BBVA seguía concentrando el 45.3% de su crédito a la clientela en España, el 14% seguía en México (igual que en 2002), el 9,4% lo repartía por el resto de Iberoamérica (un punto menos que en 2002), un 11% está en Turquía, un 15,8% en EEUU y un 4,2% en el resto del mundo.

En el Santander, por su parte, España ha perdido muchísimo peso relativo, ya que ahora sólo representa el 17% de su cartera crediticia, mientras que el Reino Unido sube al 14%, el resto de Europa suma un 8%, Brasil es su actual estrella latinoamericana con el 26%, el resto de Iberoamérica suma otro 16% y el 13% restante lo concentra en su actividad de Santander Consumer Finance.

La dependencia de España es, por tanto, en BBVA más de dos veces la del Santander, mientras que el peso de Europa es mucho más importante en el banco presidido por Ana Botín que en el que deja Francisco González. En sus 16 años de presidencia del banco, González no ha logrado dejar de depender de España y México, salvo en el caso de EEUU, donde el Santander tampoco ha puesto toda la carne en el asador, máxime cuando la diferente normativa contable penaliza a los inversores de fuera.

Los accionistas, perjudicados

Esta diferente trayectoria ha tenido consecuencias para las cifras de ambos bancos y para los bolsillos de sus accionistas. BBVA valía en Bolsa 44.740 millones de euros cuando Francisco González se hizo con la presidencia única del banco al comenzar 2002. Ahora, con la cotización media de las últimas semanas, apenas supera los 31.000 euros de capitalización bursátil. Ese es un mal legado para quienes de verdad son los dueños del banco, es decir, los accionistas. El Santander iniciaba aquel 2002 con un valor en Bolsa de 44.900 millones, una cifra casi exactamente igual a la de BBVA. Sin embargo, 16 años después alcanza una capitalización cercana a los 64.000 millones de euros.

Y si la medición se hace por los activos totales, resulta que las cifras prácticamente idénticas de 2002 han dejado paso a una diferencia abismal. BBVA tiene un activo total (con cifras oficiales de 30 de septiembre último) de 668.985 millones de euros, mientras que la de Santander alcanza los 1,44 billones de euros. De aquella paridad de 2002, la diferencia de gestión de ambos grupos bancarios ha llevado a que los activos totales del Santander sean ahora mayores que los de la suma de BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell juntos. Tampoco en esto parece que González haya acertado.

Han sido 16 años de presidencia, alargada tres veces con cambios de estatutos incluidos, que han dejado a BBVA como un banco que vale menos de la mitad de Santander si se mide por activos totales, también menos de la mitad si la medición se hace por capitalización bursátil, y con un valor en Bolsa menor que el que el propio Francisco González se encontró. La presidenta del Santander deseó hace pocos días “buena suerte” a González y no pocos accionistas pensarán, con una expresión castiza, que paz lleve como descanso deja.

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