OPINIÓN

Brasil, a ritmo de Bolsonaro

Casi todo el poder em­pre­sa­rial bra­si­leiro apoya su pro­grama li­be­ra­li­zador

Jair Bolsonaro.
Jair Bolsonaro.

El 1 de enero toma po­se­sión de la pre­si­dencia de Brasil Jair Bolsonaro, el ex mi­litar y largo tiempo par­la­men­tario que viene a eje­cutar un pro­grama de desa­rrollo eco­nó­mico por medio de me­didas li­be­ra­li­za­do­ras, y con pro­mesas de re­ge­ne­ra­ción de los con­troles ju­di­ciales sobre la co­rrup­ción po­lí­tica.

Para ello cuenta con el apoyo de varios sectores muy influyentes de la vida política brasileña: la gran empresa industrial, la empresa agrícola exportadora, los sectores de alta tecnología y las fuerzas armadas, pero sobre todo una amplia clase media frustrada por años de parálisis bajo gobiernos de izquierdas, trabados por casos de corrupción que conmocionaron al país. Los sectores populares que le prestaron su apoyo, sin los cuales no hubiese podido ganar la carrera presidencial, lo hicieron dando crédito a su severo mensaje de lucha contra el crimen.

Como símbolo de lo que pueda venir se puede tomar el anuncio hecho por Eletrobras el pasado día 21, de que invertirá 30.200 millones de reales en el periodo 2019-2023, de los que 12.000 millones se aplicarán a terminar la planta nuclear Angra 3. Brasil posee otras dos plantas nucleares de generación de energía. El plan anterior de expansión, lanzado en 2014, quedó bloqueado por la sucesión de escándalos de corrupción en torno a Eletronuclear. La decisión estimulará sin duda el viejo proyecto de dotar a Brasil del ciclo nuclear completo. En agosto pasado debía entrar en funcionamiento la séptima centrifugadora de enriquecimiento de uranio. De hecho, el presidente cesante, Michel Temer, ya había dado impulso a lo nuclear al pasar las responsabilidades de esa política, detentadas de antiguo por el ministro de Energía y el propio gabinete presidencial, al alto mando de las fuerzas armadas.

Bolsonaro se opuso en su día a que Brasil suscribiera el Tratado de No Proliferación Nuclear, al que Brasilia acabó adhiriéndose en 1998. Este será probablemente un tema de preocupación para Argentina, ya que mantiene su industria nuclear – que adquirió un gran desarrollo en los años sesenta y setenta del pasado siglo - en estado prácticamente latente.

Hay grandes expectativas de los sectores industriales de que la nueva presidencia abra “un nuevo ciclo de crecimiento”, en palabras del presidente de la Confederación Nacional de Industria (CNI), Robson Braga Andrade. “El gobierno electo – añadió - necesita usar del capital político de las urnas para hacer que el país avance”, y advirtió “que cuanto más se retrasen las reformas, mayores serán los costos para las empresas”. La CNI ha propuesto medidas en las áreas fiscal (incluyendo la reforma tributaria), de seguridad jurídica, seguridad pública, educación y competitividad. Para despejar obstáculos al crecimiento, a Bolsonaro le será necesario reformar a fondo toda la legislación estatal que, pretendiendo regular el comercio entre estados, contribuye a fraccionar el mercado.

Bolsonaro es partidario de una fuerte expansión de la producción agraria, y ha prometido reducir las tierras que han sido puestas bajo protección medioambiental, y dotará al ministerio de Agricultura de la facultad de aprobar el uso de pesticidas, retirándosela a los de Salud y Medioambiente. El gobierno cesante tenía proyectado sacar a la venta diez millones de hectáreas para nuevos cultivos.

La asunción del poder por Bolsonaro creará inquietud entre los vecinos y socios de Mercosur. Una de sus primeras tareas será renegociar con ellos el tratado que les uner, en el sentido de que cada uno pueda firmar acuerdos de libre comercio con países fuera del área. Aunque en principio todos están de acuerdo, es previsible que en 2019 el presidente Macri, de Argentina, que debe presentarse a la reelección, se halle bajo extrema presión del peronismo para que Buenos Aires no dé su consentimiento. Tal posibilidad podría dar un golpe mortal al tratado de Mercosur, si Bolsonaro reaccionase en clave nacionalista.

Y si Argentina no reaccionara en clave nacionalista, al contrario, podría ver en las reformas de Bolsonaro (si producen el efecto que éste y su gobierno esperan) la oportunidad de expandir sus ventas en Brasil, el principal mercado para sus exportaciones. Puede incluso que esas reformas creen las condiciones para que Argentina recupere posiciones que ya tenía a principios de siglo, cuando sus ventas a Brasil representaban el 25% del total, para caer desde entonces: seis años al 21%, y actualmente al 15%, con un monto de $11.000 millones.

La combinación de un Brasil librecambista bajo Bolsonaro y una Argentina mercantilista bajo un peronista sería un auténtico desastre para la seguridad y el bienestar del país del Plata. Otro ‘efecto Bolsonaro’, incluso más dramático, sería la percepción que un gobierno brasileño que va a aparecer con fuerte apoyo militar, llegue a tener sobre el nivel de amenaza que pueda representar un chavismo fracasado, que se sostiene gracias a una dictadura policial y militar, y que arroja inseguridad sobre todas las fronteras del país.

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