Los em­pre­sa­rios fir­mantes del pacto pa­ra­so­cial han sa­lido du­rante el úl­timo lustro

Oliu ya no precisa de FAMOL para controlar el Sabadell con los nuevos inversores

El grupo ha co­brado una di­men­sión muy su­pe­rior a cuando se llegó a dicho acuerdo

Josep Oliu.
Josep Oliu.

El pacto pa­ra­so­cial fir­mado en 2006 entre el pre­si­dente del Sabadell, José Oliu, y va­rios em­pre­sa­rios ca­ta­lanes y con­se­jeros del banco ya había de­jado de tener sen­tido desde me­diados de 2012, cuando su par­ti­ci­pa­ción en el ca­pital del grupo había mer­mado hasta poco más del 2,5%. Desde en­ton­ces, la ma­yoría de los fir­mantes de ese pacto so­cial han ce­sado de ma­nera pau­la­tina de sus cargos como con­se­jeros y el Sabadell ha re­clu­tado in­ver­sores in­ter­na­cio­nales ante la nueva di­men­sión al­can­zada. De FAMOL ya tan sólo queda la ini­cial del ape­llido de su pre­si­dente.

Si según la tradición cristiana Jesús de Nazaret nació en la noche de un 24 de diciembre de hace más de dos milenios, esa misma fecha es en la que se ha confirmado este año como el de la disolución de FAMOL, el pacto de accionistas que se convirtió en su momento (2006) como el núcleo duro que evitara posibles operaciones sobre el Sabadell ante la retirada obligatoria de La Caixa como principal accionista.

El Sabadell se convirtió en banco cotizado un 19 de abril de 2001, con un blindaje inicial del 15% en manos de La Caixa y 8,5% bajo el control del Banco Comercial Portugués (BCP). Mientras que la entidad entonces presidida por Isidro Fainé tenía la obligación de vender dicha participación, las relaciones con el grupo luso perdieron intensidad con el paso del tiempo, hasta casi extinguir el cruce accinarial.

Eso sí, José Oliu no estaba dispuesto a que su banco quedara a merced de los mercados y a mediados de 2006 llegaba a un pacto parasocial con un grupo de empresarios de Cataluña para la adquisición de las acciones que tuviera que poner en el mercado La Caixa y, de esta manera, evitar que la entidad fuera presa de alguna operación de compra.

El dueño de la compañía Titán, Joaquín Folch-Rusiñol, aportaba la primera letra para el vehículo en el que se iban a concentrar las acciones para la constitución del núcleo duro del Sabadell. Isak Andic, de Mango, sumaba la segunda inicial, mientras que el empresario textil Miguel Bosser permitía formar el centro de una denominación que acabaría con el nombre de FAMOL.

La última letra del acrónimo respondía al entonces presidente de Planeta, José Manuel Lara Bosch. La penúltima es la única que aún permanece en el Banco Sabadell y que aportaba su presidente Oliu. Desde agosto de 2012, aquel núcleo duro de accionistas, en el que también participaron Héctor Colonques (Porcelanosa) y al se arrimó el ladrillero Enrique Bañuelos, perdió relevancia al disminuir su participación a poco más del 2,5% del capital.

Salidas escalonadas

Tan sólo unos meses antes de dicha disminución, el ingeniero textil Miguel Bosser cesaba como consejero del Sabadell. Ya casi a finales de 2013, y tras varias ventas de acciones, Isak Andic también salía del consejo de administración del banco. En enero de 2015 se produce el fallecimiento de Lara Bosch y, aunque su hijo ha permanecido en el consejo de administración hasta finales de mayo de 2018, la relación con los propietarios de Planeta no ha sido tan cercana con la cúpula del Sabadell.

Folch-Rusiñol, de Titán, salía del consejo de administración del banco a mediados de 2017, cuando ya habían emergido nuevos accionistas como el colombiano Jaime Gilinsky (que rebajó su participación hace un par de años a poco más del 2%) o el mexicano David Martínez, que mediante Fintech Europe (3,1%) es uno de los mayores accionistas tan sólo por detrás de BlackRock (hace tan sólo unos días ha alcanzado el 5,322%, tras una nueva adquisición).

El empresario mexicano ocupa un puesto en el consejo de administración de un banco que ha cambiado en dimensión y estrategia en los últimos años, sobre todo tras su entrada en el Reino Unido con la compra de TSB y sus primeros pasos en México. Incluso, con el traslado de su sede social a Alicante por la deriva independentista.

Aquel banco casi comarcal y cercano a la industria textil de su zona se ha convertido en un banco de gran implantación nacional y con una expansión internacional que poco tiene que ver con la creación de FAMOL hace más de una década. A su extinción oficial, bien podría ponerle título el maestro Gabriel García Márquez.

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