DESDE EL PARQUET

Sniace, el dedo en la llaga

El sector pa­pe­lero es­pañol ha vi­vido un año es­pe­cial­mente irre­gular para sus com­po­nen­tes. Mientras Europac va a des­pedir el año con una ren­ta­bi­lidad de más del 50% tras re­cibir una opa y Ence va a sal­varlo prác­ti­ca­mente plano, pero con la sa­tis­fac­ción de haber dado el salto al Ibex 35, Sniace en cambio va ca­mino de des­pe­dirlo muy cerca de sus mí­ni­mos.

Todo ello después de sufrir un duro castigo del 50%. Su peor año desde su regreso a Bolsa en 2016 tras salir del concurso de acreedores presentado en 2013.

Una negativa evolución justificada por la incapacidad del grupo de reconducir su actividad económica. Al cierre del tercer trimestre, el grupo industrial contabilizó unas pérdidas de 2,5 millones de euros, multiplicando por cuatro los cerca de 650.000 euros de pérdidas registradas en igual período de 2017. Contabilizó además un Ebitda negativo de 4,6 millones de euros.

Los esfuerzos para la puesta en marcha hace un año de su nueva línea de fibra viscosa sin que haya alcanzado todavía el 100% de su capacidad ni sus objetivos de calidad previstos tienen buena parte de culpa de estos malos resultados.

Sin embargo, la compañía insiste en que las inversiones planteadas en su plan estratégico hasta 2020 son viables y con una alta expectativa de mejora gracias al gran potencial de mercado para sus principales áreas de actividad, tanto de celulosa como de fibra viscosa, en los que está presente la compañía. Al respecto, el grupo tiene especial esperanza en las nuevas aplicaciones de fibra viscosa en toallitas dispensables, un mercado en plena expansión.

Un contexto que, de confirmarse, podría permitir a Sniace alcanzar las cifras previstas en su plan estratégico. Los riesgos sobre su viabilidad, sin embargo, siguen latentes. Los expertos más críticos ponen el dedo en la llaga y destacan que las expectativas del grupo industrial se basan en una progresiva recuperación de los mercados cuando cada vez se habla más de un probable parón económico o incluso de recesión.

Así las cosas, no es de extrañar que las acciones del grupo hayan pasado de cotizar sobre los 0,5 euros tras su vuelta al mercado en 2016 a poco más de 0,08 euros por acción en los que se intercambia en la actualidad. Aunque el riesgo es alto por las enormes incertidumbres que rodean a la compañía, estos precios, sugieren algunos, pueden suponer una interesante oportunidad de entrada para los inversores más especulativos en espera de una mejora en sus cuentas y un rebote como mínimo hacia los 10 céntimos por acción en el corto y medio plazo.

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