La fu­sión de Unicaja y Liberbank no de­bería con­di­cionar su deseo de in­de­pen­dencia

Ibercaja se ve entre la espada y la pared ante su salida a Bolsa

La am­plia­ción de la pri­va­ti­za­ción de Bankia in­vita a pocas aven­turas bur­sá­tiles

Ibercaja
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El plan es­tra­té­gico hasta 2020, pre­sen­tado a pri­meros de este año en Zaragoza, es la hoja de ruta a la que se acogen los res­pon­sa­bles de Ibercaja para poder aco­meter su sa­lida a Bolsa en tiempo y forma. Eso sí, hay una serie de con­di­cio­nantes que po­drían com­pro­meter esos planes y, mucho más, los más avan­zados para con­ver­tirse en un banco co­ti­zado. La fu­sión entre Unicaja y Libernank no de­bería ser de­ter­mi­nante, pero la am­plia­ción de la sa­lida del Estado de Bankia sí in­vita a so­pesar cual­quier de­ci­sión.

El presidente de Ibercaja, José Luis Aguirre, ya se mostraba de lo más cauteloso durante la presentación del plan estratégico hasta 2020. La hoja de ruta fijada por el grupo con sede en Zaragoza debería conducir a la obligatoria salida a Bolsa de un banco que se muestra defensor de su origen como caja de ahorros.

Aguirre, en ese acto celebrado el pasado mes de marzo, reconocía que a finales de su nuevo plan estratégico estaba el compromiso de que la Fundación Ibercaja, presidida por su antecesor Amado Franco, debería reducir su participación desde el 87,8% actual hasta menos del 50% mediante una colocación de casi el 40% en el mercado bursátil.

Eso sí, fue la propia Ibercaja la que invitó a pensar a un adelanto de planes con la presentación de sus resultados del tercer trimestre, en los que ya indicaba que se había contratado a Rothschild como asesor financiero para preparar ese proceso para convertirse en un banco cotizado.

Algunos recientes acontecimientos parecen condicionar todos los planes de Ibercaja para dar el salto a Bolsa. La fusión de Unicaja y Liberbank parecía abocar, en un principio, a que el grupo bancario aragonés tuviera que entrar en un nuevo baile de fusiones o integraciones, después de haber asumido a Caja 3 (la entidad creada entre tres cajas de ahorros y capitaneada por la también aragonesa CAI).

Según algunas fuentes próximas, la operación entre Unicaja y Liberbank no debe condicionar su planes estratégicos y tampoco deberían comprometer la independencia defendida por sus máximos responsables. "No contemplamos ser comprados ni tampoco acometer compras", recuerdan dicha fuentes respecto a lo que sostenía en marzo José Luis Aguirre.

En ese mismo acto, el presidente de Ibercaja ya advertía del "grado de concentración muy alto" que se había alcanzado en el sector bancario español tras todas las integraciones acometidas durante los años más duros de la crisis. Incluso, Aguirre iba más allá y encendía las luces de alerta sobre "el riesgo de llevarnos a un oligopolio" una nueva ronda de integraciones.

Mal escenario

El nuevo condicionante ante un adelanto de la salida a Bolsa de Ibercaja, como se ha barajado en distintos medios, parece perder fuerza ante la decisión adoptada en el último Consejo de Ministros celebrado, entre tumultos, en Barcelona. El Ejecutivo de Pedro Sánchez, y tras las declaraciones de algunas ministras como Nadia Calviño (Economía), ha ampliado en dos años el plazo de la salida del Estado del capital de Bankia, la entidad nacionalizada en la que más del 60% está en manos públicas.

El Gobierno se compromete ahora a que la privatización total de Bankia se produzca a finales de 2021, en lugar del plazo hasta ahora previsto de 2019. Ibercaja tiene fijada justo en medio, finales de 2020, su plazo para convertirse en un banco cotizado.

La enorme volatilidad de los mercados y las diversas incertidumbres en el futuro a medio plazo invita a la prudencia. Esa es la visión de las fuentes antes citadas, que consideran que el calendario ni aprieta ni ahoga para que Ibercaja dé el salto bursátil de manera precipitada.

El precedente de Cepsa, que aplazó la colocación parcial de su capital en el mercado, se esgrime como un claro ejemplo de que es necesario esperar a que las condiciones bursátiles acompañen lo suficiente para tomar una decisión que podría comprometer los planes estratégicos fijados hasta 2020.

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