La com­pañía dis­tri­bui­dora ne­ce­sita unos 600 mi­llones para so­bre­vivir

Fridman prosigue con su cruzada interna en DIA para evitar la ampliación

El mag­nate ruso se centra tam­bién en un plan de ajuste só­lido

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El au­mento de la ten­sión entre LetterOne y el con­sejo de DIA se dis­para. Mikhail Fridman, in­versor ruso y má­ximo ac­cio­nista de la dis­tri­bui­dora, ma­niobra para in­tentar cam­biar la com­po­si­ción del prin­cipal ór­gano di­rector del grupo. A través de una carta ha­bría so­li­ci­tado la di­mi­sión de tres in­te­grantes del con­sejo a los que res­pon­sa­bi­liza de la tor­tuosa si­tua­ción que atra­viesa la com­pañía en tér­minos fi­nan­cie­ros. Su ob­je­tivo es hacer un la­vado de imagen y una pos­te­rior re­es­truc­tu­ra­ción.

Fridman tiene la intención de evitar la anunciada ampliación de capital a toda costa, aún a sabiendas de que necesita unos 600 millones de euros para que su estructura goce de sostenibilidad, pero las fórmulas no le dan para evitarlo. Por lo pronto, su principal estrategia pasa por hacer un lavado de cara dentro del consejo de administración de la compañía y para ello quiere tumbar al actual presidente en funciones de la firma, Richard Golding; a Antonio Urcelay, consejero externo, y a Mariano Martín Mampaso, vicepresidente tercero.

Los tres desembarcaron en la sociedad en el año 2011. Por eso, el multimillonario ruso considera que tienen una enorme responsabilidad de que DIA se encuentre en la situación actual. Es decir, la caída sin control en bolsa, más de un 90% en términos interanuales, con unos resultados financieros cada vez más decadentes.

Todas estas peticiones forman parte de la estrategia de Fridman de sentar las líneas maestras del nuevo proyecto, que pasaría por unos directivos que no tengan ningún tipo de relación con el declive que ha sufrido la compañía en los últimos años. Además, llega después de que Karl-Heinz Holland y Sérgio António Ferreria Dias, colocados en el consejo por el magnate ruso, salieran de este órgano “centrar sus esfuerzos en trabajar desde Letterone -que controla el 29,9 % del capital de DIA- en el proceso de diseño y desarrollo de un eventual plan de sostenibilidad”.

Fuentes del mercado explican que Fridman abría comenzado una especie de “guerra fría” para presionar en aras de que se formalice un plan de sostenibilidad “que garantice la estabilidad de la compañía en el largo plazo”, más allá de que en los próximos meses se pongan “algunos parches”. De ahí a que el fuerte activismo sea uno de los principales mecanismos que va a articular a partir de ahora.

Con todo y con ello, el consejo parece que no tiene intención de acceder a estas peticiones, al menos de momento, y considera que LetterOne pretende poner algún tipo de zancadilla en la negociación con la banca para evitar la ampliación de capital. De hecho, estas mismas fuentes consideran que Fridman solo pretende hacer ruido con el objetivo de presentarse en última instancia como último garante y adquirirla “a precio de saldo”.

Y es que, hasta ahora la CNMV ha dado la callada por respuesta sobre el lanzamiento de una OPA por la totalidad del capital de DIA. Principalmente, porque la propuesta se centraba en que el momento complejo de la empresa le suponía inyectar liquidez para evitar que se llegase a la banca rota.

Abocada a la ampliación

Siguiendo con todo este hilo, Latterone, efectivamente, tiene la intención de torpedear a toda costa la ampliación de capital a la que se ve abocado el grupo y que ha iniciado Morgan Stanley. Principalmente, porque el fondo debería aportar cerca de 180 millones de euros para mantener la posición que posee actualmente. Por el contrario, el holding tiene enormes reticencias por el hecho de que no se haya considerado su posición al ser principal accionista.

Tanto es así que recientemente exponía que la propuesta de la entidad norteamericana no cumple con las exigencias mínimas del fondo que preside Fridman.

Aún así, y teniendo en cuenta que Latterone quiere ahorrar el mayor número de costes posible, los expertos no ven otra opción. Desde S&P recientemente aseguraban que necesita una estructura de capital sostenible con un acuerdo de refinanciación de “sus vencimientos en 2019 y concluir con éxito” o bien la citada “ampliación de capital por 600 millones de euros”.

Una casa de análisis ha podido confirmar a este medio que la segunda opción es la que tiene más posibilidades y la que garantiza “una mayor estabilidad de cara al largo plazo”, aunque agrega que la negociación será dura, puesto que “el principal accionista va a intentar poner el mayor número de obstáculos posibles.

Pero todo apunta a que la única salida que tiene DIA es la de ampliar capital, ya que su negocio no está funcionando y tiene que realizar un número de cambios bastante grandes. De hecho, sigue distanciándose a la baja con respecto a la competencia.

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