Portugal ya no tiene prác­ti­ca­mente bancos pri­vados en manos na­cio­nales

La banca española invade Portugal para deleite local

Solo el es­tatal CGD y dos coope­ra­tivas se han li­brado de la con­so­li­da­ción

España y Portugal
España y Portugal

El pre­si­dente de la aso­cia­ción de la banca pri­vada lusa, Faria de Oliveira, que en su tiempo fue mi­nistro so­cial de­mó­crata y di­rigió el banco pú­blico Caixa Geral de Depósitos (CGD) en España y en Portugal, lanzó hace días un lla­ma­miento a Bruselas, para que acu­diera en ayuda de la banca lusa, ante el riesgo de que la con­so­li­da­ción del sector afecte los “intereses na­cio­na­les". Es lo que se llama un grito fuera de con­texto, puesto que prác­ti­ca­mente toda la banca pri­vada por­tu­guesa ya está en manos es­paño­las, chinas y nor­te­ame­ri­ca­nas, sin que nadie se haya ras­gado las ves­ti­duras an­tes.

Y eso no atañe solo a la estructura accioniarial, que en el caso principalmente del antiguo Banco Totta y Açores (BTA) y del Banco Portugues de Investimento (BPI), ya tienen dueño español, Santander y CaixaBank respectivamente, sino al hecho de que ambas entidades españolas decidieron dar el paso definitivo de la “españolización” total, quitándoles todo lo que podía aun conservar de su “ADN” original portugués.

De cara a la clientela lusa y a los mercados internacionales, donde opera con la marca global Santander, la entidad presidida por Ana Botín ha eliminado de la filial lusa la referencia “Totta”, con más de un siglo y medio de antigüedad, y que durante mucho tiempo ya solo ocupaba un segundo plano, ante algunas eventuales reacciones alérgicas lusas al capital español, pero de las que no queda ya ni rastro, gracias a los buenos resultados de la gestión española.

La referencia al antiguo Totta solo quedará en los estatutos, como un símbolo histórico, para consumo interno e institucional. Por lo demás, Santander Portugal seguirá teniendo como CEO a un portugués, ahora Pedro Castro e Almeida, que ya estaba en el BTA cuando Emilio Botín se hizo el imperio de António Champallimaud – y del que tuvo que ceder algunos trozos al banco público CGD, para acallar la entonces histeria anti española y la hostilidad del gobierno luso.

Pero de aquel antiguo clamor nacional anti-español ya no queda prácticamente nada. Lo que se valora ahora es que con Santander al frente, año tras año, el nuevo Totta siempre sacó la mejor nota en el sector. Hasta tal punto que pese a la crisis, que puso el país y a los pies de la “troika” FMI/BCE/UE, a cambio de un rescate de 78.000 millones, Santander Totta fue el único banco luso con resultados positivos, y sobre todo, el que no tuvo que solicitar ayudas públicas.

Sin ayudas

Sin embargo, aunque tuvo que pasar la tormenta solo con sus recursos propios, y sin acudir a la casa matriz española (hizo dos aumentos de capital por 600 millones pero vía la recompra de acciones preferentes), lo que si recibió fue dos “regalitos” de peso: se hizo con el Banif a precio de saldo, después de que el Estado hiciera una limpieza de hasta 1.600 millones, y acaba de terminar la integración de la red lusa del Popular, por la que Santander pagó 1 euro.

De hecho, con casi 55.000 millones de activos, Santander Portugal es ahora líder de la banca privada lusa, superando, así, el negocio doméstico del Banco Comercial Portugues (BCP), que tiene casi la mitad del capital en manos del chino Fosum (27%) y del angoleño Sonangol (17%). Pero la prioridad ahora pasa por rebajar el ratio de costes, del 47,5% al 43%, hasta el 2020, fusionando oficinas (tiene 667) y adelgazando la plantilla actual de 6.910 empleados.

Remuneración al accionista

De lo que no cabe duda, es que con Pedro Castro e Almeida al mando, Santander Portugal seguirá la misma generosa política de remuneración del accionista practicado hasta ahora. Así, con base a los resultados del 2017, ya distribuyó 392 millones de euros de dividendos a cuenta del ejercicio 2018, con que desde el 2012, y pese a la crisis, la suma total de su aportación a los resultados del grupo, bajo la presidencia de Vieira Monteiro, ha alcanzado los 1.000 millones de euros.

BPI, para CaixaBank

Es muy probable que el Banco Portugues de Investimento (BPI), siga el mismo camino, a medio plazo, con la remuneración accionarial, por parte de su propietario español CaixaBank. Es cierto que no tiene la dimensión de Santander Portugal y que pasó muy malos momentos durante la crisis, cuando tuvo que solicitar la ayuda del Estado. Pero para que CaixaBank tomara el control de la entidad, tras una dura pugna con la angoleña Isabel dos Santos, que perdió el control del angoleño BFA, fue su principal fuente de beneficios,

Aunque con modelos distintos, en lo que coinciden ambos bancos es en el proceso de “españolización”. Pero, mientras Santander lo hace suprimiendo en sus oficinas en Portugal la hasta ahora referencia obligada al Totta, pero manteniendo responsables lusos al frente de la dirección ejecutiva del banco, lo que ha hecho CaixaBank, fue poner un CEO español, Pablo Florero, y hacerse con el control total de la entidad para eventualmente poder sacarla del mercado de valores luso.

Esta última operación fue anunciada cuando CaixaBank se hizo con la participación del accionista alemán Allianz, que había sido uno de los accionistas históricos del banco luso, donde aun tenía un 8% del capital. En ese momento, ya con 95% de la totalidad de las acciones, CaixaBank lanzó una OPA por el 5% restante, al mismo precio pagado a Allianz, de 1,45 euros/acción, pero que tras una “auditoria independiente”, forzada por la CNMV lusa, debió pagar un poco mas, hasta 1,47 euros.

La salida de BPI del mercado, donde llevaba cotizando desde 1987, ha hecho que el BCP sea única entidad financiera cotizada. Los minoritarios del BPI, como el ex presidente Fernando Ulrich y el fundador Artur Santos Silva. no tienen ahora otra alternativa que desprenderse de sus 75,58 millones de acciones hasta el 27 diciembre, al precio fijado por la autoridad bursátil lusa, con un coste total para CaixaBank de 108 millones de euros.

La prioridad, ahora, para el CEO Pablo Florero, consiste en que BPI pueda alcanzar una tasa de retorno del 11% en un plazo máximo de tres años, hasta el 2021. Pero al contrario del Santander Portugal, CaixaBank no tiene previsto ninguna cura de adelgazamiento en el territorio en el que actúa, considerando que lo que había que hacer ya se hizo, con lo que BPI no cerrará ninguna de sus 496 oficinas, al contrario del grupo CaixaBank, que cerrará unas 800 dutrante los próximos tres años.

Consolidación de la propiedad

En todo o caso, pese la consolidación del proceso de “españolización”, que en otros tiempos hubiera puesto la opinión pública y toda la clase política y empresarial en pie de guerra, y que pasa también por Bankinter (recuperó la red local de Barclays), y por Abanca (se hizo con las oficinas que tenia DeutsBank), no podrá ir mucho más lejos: CGD es del Estado, y en la banca privada nacional solo quedan las cooperativas Caixa Agrícola y Montepio.

Queda solo la posibilidad de que Novo Banco (NB), creado con los presuntos activos sanos del antiguo Banco Espirito Santo (BES), que fue víctima de la quiebra del grupo del mismo nombre, el GES vuelva a ponerse en venta. La entidad sigue siendo un reguero de pérdidas para la banca privada, que el ámbito del proceso de resolución, tuvo que poner 4.900 millones (3.900 millones fueran “prestados” por el Estado) y que podrá tener que poner otros 3.900 millones.

De hecho, todo son especulaciones sobre lo que hará el fondo norteamericano Lone Star que pagó 1.000 millones por el 75% del capital, sin otras obligaciones, prácticamente, que gestionar el banco durante un mínimo de 3 años, y sin recibir eventuales beneficios. Los demás encargos, empezando por la cobertura de hasta 3.900 millones más de eventuales pérdidas, serán para la banca privada, que se quedó con el 25% del capital, pero sin voz ni voto en la gestión.

La máxima prioridad de NB, con unas 400 oficinas, sigue siendo el mantenerse a flote. Y para ello, está desprendiéndose de activos tóxicos que recibió como “buenos” cuando sucedió al BES. En las últimas semanas ha vendido a fondos internacionales créditos morosos por casi 2.500 millones de euros, con enormes costes, en términos de cobertura de minusvalías, y aun le quedan por lo menos otros 6.700 millones, el equivalente a un ratio de morosidad del 22%.

Agujero sin fondo

Nadie puede prever, por lo tanto, hasta donde alcanzará el “agujero” dejado por el BES al NB, que sigue acumulando pérdidas (las previsiones para 2018 ascienden a 750 millones) y que al beneficiarse de la cobertura del Estado harán casi imposible alcanzar el gran objetivo oficial de 0% de déficit público. Con que un ex responsable del BES quiere llevar al Banco de Portugal y KPNG a los Tribunales, por decisiones que provocaron al Estado hasta 4.300 millones de pérdidas.

Es por ello, que al margen de los empresarios, que son los que más tienen que perder cuando hay que negociar operaciones que podrán ser decididas lejos del país, la opinión pública mira con indiferencia el control extranjero de la gran banca privada. Teniendo además en cuenta, la imagen negativa también de CGD, que vive mucho a costa del Estado, y que tiene además la mala reputación de ser permeable a todo tipo de influencias político-partidarias.

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