OPINIÓN

España, una península maltrecha en un escenario internacional turbio

euro en España
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Empresarios ca­ta­lanes re­cla­mando el diá­logo y, entre tanto, en el ancho mundo, la Iglesia Ortodoxa de Kiev rompe con la de Moscú. “Ésta, la nues­tra, es una Iglesia sin Putin”, pro­clama el pre­si­dente ucra­niano Poroshenko. En una isla eu­ropea no acaban de en­con­trar su des­tino: ¿aceptación por el Parlamento Británico del trato de Theresa May con la UE, Brexit a secas o un se­gundo re­fe­rén­dum?.

Al otro lado del Atlántico el mercado de bonos y obligaciones está cerrado para los títulos de alto riesgo. Ninguna compañía ha emitido durante el último mes títulos en ese gigantesco “leveraged loan market” (préstamos apalancados) de 1,2 billones (trillions anglosajones). “Una situación que no se veía desde el colapso de Lehman Brothers” señala el Financial Times.

En el mercado de bonos resulta ahora más barato financiarse a cinco años que a dos años. La curva de rendimiento de los títulos de renta fija se ha invertido. ¿Contracción a la vista?. Apostar, sin embargo, por una recesión antes de las próximas elecciones presidenciales sería, como comentan los analistas, todavía prematuro.

En efecto, la tasa de paro en el EEUU es la más baja de los últimos 50 años en tanto que crece, aunque sea lentamente el índice de participación y los salarios. Además la Reserva Federal después de las acusaciones de Trump contra su presidente Jay Powell y esas oscuras nubes en el horizonte es posible que mantenga una política monetaria generosa que evite el alza de los tipos de interés.

Por otro lado, los equilibrios macroeconómicos de los EEUU no son precisamente brillantes. En los primeros nueves meses de 2018 el déficit comercial ha sido de 652.000 millones de dólares, un 10% superior al de igual período en 2017; la tasa de cobertura exportaciones-importaciones bajó hasta un 63% en el tercer trimestre, la más baja en los últimos cinco años.

Las exportaciones de los EEUU a China avanzaron en esos primeros meses de 2018 en un 3.1% mientras sus compras lo hacían en un 8.2%. Aumenta el déficit comercial con los asiáticos y también con la UE aunque los desequilibrios no son los mismos: un déficit de 157.000 millones de dólares con la UE y de 300.000 millones con China.

El otro gran desequilibrio macroeconómico es el del sector público. En noviembre se han alcanzado un déficit record de 205.000 millones de dólares. El recorte de los impuestos no ha sido recompensado con una mayor contención del gasto.

Además el estímulo de una política fiscal expansiva, 1.5 billones (trillions de dólares), ha sido una transfusión en vena para los beneficios empresariales pero de cortos resultados para la evolución de la economía. Las grandes corporaciones han utilizado como preferencia la dádiva fiscal en recomprar sus propias opciones en lugar de acometer nuevas inversiones.

Una prodigalidad fiscal que ha beneficiado más a los ricos, ese 1% que posee el 40% de la riqueza del país, un trozo de pastel más grande que el del 90% de los ciudadanos de la UE. Esta desproporción de desigualdad no es, no obstante, garantía de un rechazo de los votantes hacia su presidente.

Precisamente su gran habilidad ha desviado cualquier malestar por la desigualdad hacia las élites cosmopolita de las grandes ciudades que han preferido la globalización a la solidaridad con los más desafortunados.

Tampoco es descartable que ante cualquier síntoma preocupante de estancamiento económico el autoproclamado “Presidente del Arancel” acuda a las medidas proteccionistas. Una mala noticia no sólo para China sino para la UE y especialmente para Alemania. Una subida de aranceles para los coches europeos afectará al crecimiento de Alemania en estos momentos en que es necesario que tire del vagón de los 27-28 Estados de la UE.

Incertidumbres en el ancho mundo mientras independentista y constitucionalistas no sintonizan sus preferencias con la realidad y las derechas nuevas, novísimas y añejas abogan por una recentralización del sistema político y económico, ajenos a lo que está en juego ahí fuera.

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